PERIODISMO PATRIMONIAL E HISTÓRICO

La raíz primera de nuestra cubanidad

La existencia de poblaciones descendientes de los primeros habitantes de Cuba ha sido objeto de viejas polémicas, pero el reconocimiento de la “presencia” indígena en cubanos contemporáneos, es una verdad que solo quedó demostrada hace alrededor de 40 años.

Fue el científico Manuel Rivero de la Calle (1926-2001) quien hizo una profunda caracterización antropológica, análisis serológicos y estudios de genealogías en familias habitantes en la apartada localidad de Yateras (montañas baracoenses de Guantánamo), donde aún viven núcleos de descendientes de los pobladores originales de la Isla.

El 9 de enero de 2003 el Cacique Panchito ofició el ritual de inhumación de los restos de indocubanos taínos devueltos a Cuba, que reposaron durante casi un Siglo en las vidrieras y almacenes del Natio­nal Museum of the American Indian (NMAI, Museo del Indio Americano), del Smithsonian Institution, ubicado en Nueva York, Estados Unidos. Foto publicada en el periódico Venceremos, de Guantánamo.

Desde mediados del siglo XX el doctor Rivero De la Calle se había empeñado en realizar esta investigación, posiblemente animado por las referencias hechas en aquellos años por el geógrafo e historiador Antonio Núñez Jiménez, o estimulado por dar luz a negativa que de alguna manera mantuvo Fernando Ortiz ante la posible supervivencia indígena

Fue así como llegó a constatar que esos individuos localizados en las montañas del Oriente de la Isla —que “dicen ser indios” y que “son  conocidos como tal”—, se acercaban, desde el punto de vista antropológico, a las características fenotípicas de algunos grupos indígenas del norte de Venezuela, llegados a Cuba por el arco de las Antillas, según hipótesis sobre el poblamiento original de la isla.

La exploración serológica realizada en esa población por el Instituto de Hematología, del Ministerio de Salud Pública, como parte del estudio, y que según las propias palabras del doctor Rivero de la Calle “diría la última palabra”, corroboró que, no obstante el alto grado de mestizaje, los genes que expresan las características fenotípicas indoamericanas alcanzaban en los investigados aproximadamente un 50 por ciento, nivel no detectable en el resto de los habitantes del país.

Panchito y su esposa.

Con estos trabajos, desarrollados desde los inicios de las décadas comprendidas entre los años 60 y 70 de la pasada centuria, dejó de tener credibilidad científica la afirmación que daba por sentada la desaparición total y absoluta del indígena cubano en tiempos relativamente tempranos de la conquista española. Sin embargo, para el propio Rivero de la Calle, quedaba excluida –en el caso de estos descendientes – la presencia de herencia cultural alguna.

Muchos años han transcurrido desde que aquel estudio, novedoso para su época, arrojara los resultados mencionados. Pero todavía, “ni la educación escolarizada ni los medios de comunicación han logrado reincorporar al universo contemporáneo la verdad de su presencia en núcleos significativos hasta el siglo XIX (y aun existente en pequeños grupos en Jiguaní, Yateras o El Caney)”, señala Felipe de Jesús Pérez, en su libro Los indoamericanos en Cuba. Estudios abiertos al presente.

El fenotipo heredado: Mercedes Quesada, natural de Jiguaní. Foto: Juventud Rebelde.

“Nos hemos olvidado de la herencia aborigen”, dice Racso Fernández Ortega, investigador del Instituto Cubano de Antropología (ICAN). “Solo la vemos en la pieza primitiva o en aquella palabra del tronco lingüístico aruaco que todavía mantenemos en el léxico. Sin embargo, desconocemos la presencia de los primeros habitantes de nuestra isla en la cultura cubana y hasta en las guerras de independencia.

El exterminio aborigen —añade Karen Mahé Lugo, del Gabinete de Arqueología, forma parte de la historia unidireccional que se escribió. “Aunque hay datos empíricos para debatir sobre el asunto, cuando se habla del tema el público cree que hemos cambiado la teoría”.

Se sabe que una parte importante de los aborígenes sobrevivieron de manera dispersa, en lugares apartados, y así permanecieron durante siglos. Los que no fueron exterminados ni quedaron como esclavos, se convirtieron en nuestros primeros campesinos, y la herencia de su pensamiento ha quedado, sobre todo en la región oriental del país.

Hijos de indígenas y españoles fueron los mestizos originarios, aunque muy pronto comenzó el mestizaje indo-africano. Entre estos últimos hubo intercambio de costumbres y credos. Por ejemplo, en el ritual congo de hoy día se fuma tabaco y se expele su humo, como una forma de comunicación con las deidades espirituales, pero este es un rito que tomó el africano del indígena, opinan algunos estudiosos.

Muchas veces se cree que la cultura cubana solo tiene como raíces las herencias españolas y africanas. Sin embargo, la descendencia de la población aborigen está todavía presente en nuestra población en mayor o menor cuantía, según el porciento de ‘sangre indígena’ que corra por las venas, concuerdan otros.

—Existen indios en Cuba?

No. Son habitantes que tienen como antecedente étnico y antropológico a los aborígenes cubanos. Nuestra población es muy homogénea, en medio de ese admirable mestizaje que la caracteriza. Todos somos cubanos, con total conciencia de nacionalidad. Los actuales descendientes no tienen una conciencia étnica independiente; solo saben de su origen, de la misma manera que hay personas que conservan tradiciones y creencias africanas ellos mantienen algunas creencias espirituales de las culturas indígenas, asegura Angel Graña, vicepresidente de la Fundación Antonio Núñez Jiménez.

Nilda Ruiz, delegada del consejo popular, reconoce el apoyo de Panchito y su comunidad en el cumplimiento de las tareas. Foto: Gisselle Morales/Granma.

Cuba: tierra labrada

Los resultados de las investigaciones de antropología física del doctor Rivero de la Calle fueron el punto de partida de otros muchos estudios posteriores realizados en las comunidades campesinas de Yateras, de los cuales no han quedado excluidos los relacionados con el lenguaje.

Sergio Valdés Bernal, científico dedicado a las investigaciones en el campo linguístico, señala que en el léxico de los habitantes de esta zona no se registran indoamericanismos que no sean parte del fondo léxico del español hablado en otros lugares de Cuba.

“Dentro del vocabulario incluimos voces que no se utilizan en su sentido primitivo, como es el caso del término cacique, de origen aruaco, que entre nuestros aborígenes se aplicaba a los jefes de aldeas y con el que en hispanoamérica se denomina a las personas que en determinado pueblo o comarca ejercen excesiva influencia en asuntos políticos o administrativos”.

Desde el punto de vista lingüístico —subraya el investigador—, estos campesinos no presentan ninguna particularidad debido a un posible sustrato de lengua aborigen o cualquier diferenciación especial en el contexto idiomático regional o nacional.

“No obstante, en nuestro léxico está presente la herencia indígena como resultado del mestizaje biológico-cultural experimentado en la formación de la nacionalidad cubana: palabras que hacen alusión a la flora, la fauna, objetos de la cultura material y nombres de lugares. Por ejemplo, el propio vocablo Cuba significa tierra labrada, cultivada”.

Entonces, ¿somos herederos bio-culturales de los primeros habitantes de Cuba? El autor de Los indoamericanos en Cuba, lo sintetiza así:

Lo indígena, más allá de las debilidades de la propuesta escolar y universitaria, de la asistemática labor promocional […], ha pervivido como sujetos de la Cuba contemporánea, en el físico de unos y en la genética, la gestualidad y la idiosincracia de todos, el idioma, la toponimia y alimentación, la cosmogonía religiosa, las sensibilidades colectivas. La presencia aborigen aun anida en reducto fértil de la memoria y la praxis colectiva, como huella tangible, misterio, tradición e historia,  orgullo y reafirmación, dando hondura a lo criollo, al mosaico transculturado de la cubanidad”.

La Ranchería, en Yateras, asentamiento poblacional perteneciente al Consejo Popular de La Caridad de los Indios, en el municipio guantanamero de Manuel Tames, en el que Rivero de la calle hizo sus investigaciones, aun se conserva, aunque tiende a disminuir el número de habitantes, que emigran hacia zonas menos apartadas. Francisco Ramírez Rojas, Panchito, sigue siendo su líder comunitario.

Los estudios serológicos practicados por Rivero de la Calle fueron en su momento, la prueba “que faltaba” para completar lo que la antropología física indicaba como verdad en el grupo de descendientes de indígenas investigados en las montañas de Guantánamo. Una investigación hecha, relativamente hace poco tiempo, por el Centro de Genética Médica sobre la composición genética de la población cubana permitió obtener los siguientes datos: un 70 % de la información genética proviene de ancestros europeos, alrededor de un 20 %  de esclavos africanos que fueron traídos a Cuba, y un 8 %  de nuestros aborígenes.

Nuevas indagaciones desde esta ciencia dirigidas a comunidades de descendientes de los primeros habitantes de la Isla, contribuirían a tener mayor certeza sobre el grado de pervivencia aborigen en el país, en el plano biológico. Completarían el mosaico sobre nuestros orígenes la convergencia de resultados científicos de estudios etnológicos, arqueológicos y lingüísticos hechos en  Cuba y en América Latina y el Caribe, donde está la raíz primera de nuestra cultura.

(Imagen de portadilla: obra del pintor cubano Wilfredo Lam).

Flor de Paz
Flor de Paz
Periodista. Directora Cubaperiodistas

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