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“Una Revolución vale lo que es capaz de defenderse”

Una Revolución vale lo que es capaz de defenderse, sentenció el historiador, jurista e investigador Ernesto Limia Díaz en la edición de este jueves 21 de enero de La Tertulia, cuyo tema central fue “Revolución Cubana y la lucha ideológica en tiempos de Internet”.

Este espacio virtual de la Unión de Periodistas de Cuba, conducido por el analista político Iroel Sánchez, en esta ocasión también tuvo como invitado a Pedro Jorge Velázquez, estudiante de Periodismo de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas.

El estudiante de Periodismo Pedro Jorge Velázquez participa como invitado a La Tertulia, desde la Casa de la Prensa de Sancti Spíritus.

Para el también vicepresidente primero de la Asociación de Escritores de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, la pugna por la hegemonía en el campo simbólico está en el centro de la lucha ideológica contemporánea, una batalla en la que las potencias dominantes intentan imponer patrones culturales neoliberales y narrativas que se acomoden a la concreción de sus objetivos –el cambio de régimen en el caso cubano –.

Limia Díaz señaló que lo vivido en el país en los últimos meses en torno al sector de la Cultura y los debates suscitados en las redes sociales a raíz de ello forman parte de un fenómeno que no es nuevo. El investigador enfatizó en que desde hace siglos existe una batalla por la verdad que, a su vez, está conectada con la batalla por la memoria.

Asimismo, apuntó que la proyección anexionista de Estados Unidos hacia la Isla no surgió con el triunfo de la Revolución Cubana, lo hizo incluso antes de que el vecino de Norte se convirtiera en una nación independiente.

Eso fue algo que se pone de manifiesto durante la toma de La Habana por los ingleses – destacó-, con la participación de George Washington como parte de las tropas de refuerzo de Gran Bretaña, provenientes de Norteamérica; o con un Benjamín Franklin que durante la presencia inglesa en la capital antillana intentó negociar con la corte la mantención de la ocupación para que Cuba se convirtiera en una plataforma de comercio de Estados Unidos hacia Suramérica.

El historiador, escritor, jurista e investigador Ernesto Limia Díaz.

Limia Díaz subrayó que este fenómeno congenia con un orden neoliberal que apuesta a la desmemoria, a la posverdad y a la ruptura de la ética en el ejercicio del arte y de la política con el ánimo de convertir al ser humano en un ente idiotizado que vive a merced del mercado y de las soluciones que este imponga.

“En ese contexto ha estado Cuba en los últimos sesenta años, enfrentada a los planes anexionistas, y las pretensiones norteamericanas de socavar la Revolución: primero porque era una afrenta; y segundo, porque se convirtió en un símbolo. Máxime después del derrumbe de la URSS y del campo socialista”.

El autor del dossier Patria y cultura en tiempos de Revolución, trabajo publicado inicialmente en La Jiribilla, y que repasa estos más de dos siglos de enfrentamiento de símbolos, acentuó que en Cuba se debe acabar de entender algo que tienen bien claro los círculos de poder en las potencias imperiales: “Ganar la guerra ideológica tiene como uno de sus principales fundamentos ganar la guerra de la información”.

El historiador dijo que existe una articulación de medios de comunicación privados que intenta apropiarse del tema Cuba y de manipular la verdad de la Isla. Limia Díaz resaltó que esto se puso de manifiesto en los últimos meses al intentar manipular a la opinión pública, abogando por una narrativa que sobredimensiona hechos a conveniencia e intenta mostrar un país fracturado y en caos.

“Tenemos que ser más inteligentes en comunicar nuestra verdad. Tenemos que buscar las maneras más innovadoras para comunicarla. Hay que renovar los sueños libertarios. Una Revolución tiene que ser el desafío de sueños renovados. Tenemos que hacer esa Revolución entre todas las generaciones construyéndonos día a día y criticándonos lo mal hecho. Hay una tendencia institucional a tachar las críticas a las imperfecciones. La unidad no puede ser sobre la base del silencio cómplice, la unidad tiene que ser sobre la base de la construcción de un sueño con el corazón encima de una mesa.

“Una Revolución no es un lecho de rosas. Una Revolución es un camino duro. A nosotros nos ha tocado bailar en las condiciones más adversas. También los revolucionarios tenemos que tener claro que el fin no justifica los medios. Hay que tener limpieza moral a la hora de combatir. Esta es una Revolución que se construyó sobre la base de la valentía personal, y si los revolucionarios nos acobardamos la Revolución no vale un kilo”.

Para Limia Díaz uno de los grandes desafíos en presente de esta batalla por la verdad y la democracia en la Isla está en la articulación de diversos actores, sobre todos de las ciencias sociales: “Debemos, como analistas al fin, plantear más interrogantes que soluciones, en un socialismo que es participación o no es socialismo”.

En tanto, Pedro Jorge Velázquez consideró medular en este enfrentamiento ideológico dominar lo que catalogó “la batalla de las palabras”. El joven estudiante en formación señaló que hay que luchar por evitar a quienes quieren imponer la fuerza semántica de algunos términos con la intención de imponer matrices de opinión tergiversadas sobre el tema Cuba.

Donde ellos dicen cárcel y prisión nosotros tenemos que decir libertad; donde ellos dicen dictadura nosotros tenemos que decir Revolución, porque esas palabras son las nuestras y tenemos que defenderlas. La Revolución tiene que dejar de ser ese momento enquistado. Lo aburrido que está hablando. Tiene que comenzar a ser lo cool”.

Velázquez apuntó que a pesar de la campaña mediática a la que se enfrenta, la prensa del sistema de medios públicos de la Isla continúa siendo la red social más importante de Cuba. Una red que consideró debe tener un mayor nivel de articulación.

Igualmente, expresó su preocupación ante la confección del Plan E de estudios universitarios, debido a la ausencia o la disminución de horas clases de asignaturas como Economía Política o Filosofía  que considera esenciales en la formación política de los jóvenes matriculados en las casas de altos estudios del país.

También expuso que la presencia de periodistas y de intelectuales en las redes sociales no debe ser aséptica y recalcó que sus extensiones en el universo digital tienen que servir para analizar y explicar la realidad. Velázquez dijo que la campaña mediática contra Cuba aboga por infundir miedo a quienes toman partido por el proceso político y social de la Isla: “Ellos saben que si los jóvenes toman la Revolución de las manos y muestran lo que es la Revolución, va a durar miles de generaciones”.

 

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