MARTÍ

Martí en Fidel

Recientemente, la imagen de nuestro Héroe Nacional ha sido agraviada. Enemigos de Cuba, aunque por azar hayan nacido en esta tierra, mancharon algunas de las muchas imágenes a través de las cuales se le venera. La ofensa nos toca a todos, porque Martí es parte de ese algo intangible que llamamos el alma de la nación cubana.

No es la primera vez que ocurre. Los cubanos no podemos olvidar aquel 11 de marzo de 1949, cuando se produjo la profana­ción de la estatua de José Mar­tí en el Parque Central, repudiable acción cometida por marines yanquis, pertene­cientes a una escuadra fondeada en la bahía de La Habana: borrachos y prepotentes, aquellos infantes de marina subieron a la estatua de nuestro Héroe Nacional y se orinaron en ella.

La población habanera respondió con coraje y, prácticamente, obligó a los policías a conducir detenidos a aquellos marinos. Aunque la gran prensa burguesa intentó silenciar la ofensa; otros medios más pro­gresistas dieron a conocer la insultante fo­tografía. El movimiento obrero, los estudiantes y el pueblo, en general, exigieron el castigo a los culpables. Se efectuaron mítines y ma­nifestaciones contra la ofensiva acción. En primera línea entre los que protestaban se hallaba Fidel.

Aunque el gobierno de Prío no realizó exi­gencia oficial alguna, el embajador de Esta­dos Unidos, Robert Butler, en respuesta a la presión popular, declaró que los culpables serían juzgados en un consejo de guerra y condenados a severas penas. Sin embargo, sus palabras eran una mentira más: días después se supo que el castigo contra el principal acusado fue de quince días confi­nado en su buque, sin poder bajar a tierra. Ese era el respeto que mostraban los yan­quis por lo más sagrado para los cubanos.

Ese mismo funcionario yanqui organizó un supuesto acto de desagravio, en el cual se depositaron flores junto a la estatua; la actividad estuvo presidida por una bandera norteamericana. Ello provocó nuevas protestas del estudiantado y de la población en general; una vez más, el joven universitario Fidel Castro estuvo entre quienes defendieron la imagen de Cuba representada en uno de sus símbolos más queridos.

Fidel Castro siempre veneró a Martí y tuvo su ideario por guía. Mucho tiene que ver Fidel en el amor que nuestro pueblo profesa al héroe de Dos Ríos, porque rescató su memoria perdida y tergiversada en las veleidades de la República neocolonial.

En sus Reflexiones del 28 de enero del 2008, en un breve artículo titulado “Homenaje a Martí”, Fidel recordó que cinco años antes, es decir en el 2003, se había celebrado la

Conferencia Internacional por el Equilibrio del Mundo, con la presencia delegados e invitados de 43 países, en representación de todos los continentes, con motivo del 150 aniversario del nacimiento del Apóstol. Rememoró también sus propias palabras pronunciadas en la noche del día siguiente y expresó que estaban “en sintonía con mis convicciones más profundas” y que ese era su “modesto tributo al Maestro”;[1] por eso, pidió que fuera publicadas como homenaje al Maestro, junto a su reflexión de ese día.

En aquel memorable discurso, Fidel expresó: “Para nosotros los cubanos, Martí es la idea del bien […]”; recordó el reinicio, el 26 de julio de 1953, de la lucha por la independencia, justo en el año del centenario y precisó que “[…] de Martí, […] habíamos recibido, por encima de todo, los principios éticos sin los cuales no puede siquiera concebirse una Revolución. De él recibimos igualmente su inspirador patriotismo y un concepto tan alto del honor y de la dignidad humana como nadie en el mundo podría habernos enseñado”.[2]

Fidel calificó a Martí de “hombre verdaderamente extraordinario y excepcional”, “profeta y forjador de la independencia de la tierra que lo vio nacer” y destacó que “[…] fue capaz más tarde de conquistar el corazón, el respeto, la adhesión y el acatamiento de viejos y experimentados jefes militares que se llenaron de gloria en aquella guerra” —la de los Diez Años—. Refirió que, a pesar de sus anhelos de paz, nuestro Héroe Nacional “[…] no vaciló en organizar e iniciar la guerra justa y necesaria contra el coloniaje, la esclavitud y la injusticia” y que fue “[…] su vida la primera en ofrendarse como símbolo imborrable de altruismo y desprendimiento personal”.[3]

El líder de la Revolución manifestó que “[…] como ave fénix, emanaron sus inmortales ideas para que casi medio siglo después de su muerte un pueblo entero se enfrascara en colosal lucha, que significó el enfrentamiento al adversario más poderoso que un país grande o pequeño hubiese conocido jamás”. De igual modo, reflexionó Fidel acerca del “ejemplo excepcional de creador y humanista digno de recordarse a lo largo de los siglos”, que legó Martí a “[…] los mismos que hoy luchan y los que mañana lucharán por los mismos sueños y esperanzas de salvar al mundo”.[4]

Recordaba Fidel las palabras escritas por Martí en la carta inconclusa del 18 de mayo a Manuel Mercado, que constituyen esencia de su legado a la humanidad: “[…] impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”. Asimismo, citó Fidel una idea tomada del “Manifiesto de Montecristi”: “La guerra de independencia de Cuba […] es suceso de gran alcance humano, y servicio oportuno que el heroísmo juicioso de las Antillas presta a la firmeza y trato justo de las naciones americanas, y al equilibrio aún vacilante del mundo”. Premonitoria podemos considerar esta idea martiana en estos tiempos en que el equilibrio del mundo continúa “aún vacilante” o, como dijo Fidel, “al parecer, utópico”.[5]

En las circunstancias de aquel momento —2003— en que la prepotencia de Estados Unidos lanzaba amenazas de guerra, Fidel expresó: “¿Por qué no se levanta un monumento vivo a la hermosa y profunda verdad contenida en el apotegma martiano ‘Ser culto es el único modo de ser libre’”? Y recordó: “Si en algo hemos sabido honrar al héroe, cuyo fecundo natalicio conmemoramos hoy, es haber demostrado que un país pequeño y pobre […] puede hacer mucho con muy poco. El mayor monumento de los cubanos a su memoria es haber sabido construir y defender esta trinchera, para que nadie pudiera caer con una fuerza más sobre los pueblos de América y del mundo. De él aprendimos el infinito valor y la fuerza de las ideas”.[6]

Fidel reiteró que creía “firmemente que la gran batalla se librará en el campo de las ideas, y no en el de las armas”. Por eso, concluyó su discurso con una reiterada exhortación: “¡sembrar ideas!, ¡sembrar ideas! ¡y sembrar ideas!; ¡sembrar conciencia!, ¡sembrar conciencia! ¡y sembrar conciencia!”[7]

Hoy, las circunstancias han variado, aunque no tanto: el enemigo imperialista se muestra más agresivo y brutal; pero el enfrentamiento ha de librarse en el campo de las ideas. También lo dijo Martí en bella metáfora: “Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra./ No hay proa que taje una nube de ideas. Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final, a un escuadrón de acorazados”.[8]

Los cubanos de estos tiempos lo tenemos bien claro y sabemos que Martí sigue siendo la brújula que indica nuestro rumbo. Por eso, nuestro presidente Miguel Díaz-Canel, en reunión con los profesores de Historia del Varona, llamó a tener presentes “el pensamiento de Martí y su obra”,[9] porque en ellos se encuentran muchas de las esencias de nuestra historia.

Este 28 de enero se cumplen 167 años del natalicio de José Martí. La fecha es celebrada en todo nuestro archipiélago y mucho más allá, porque el Apóstol es un hombre universal, cuyo pensamiento ilumina las ideas de todos aquellos que sueñan un mundo mejor. Como también afirmó Fidel en otra memorable reflexión dedicada a Antonio Maceo: “El rostro ceñudo de Martí y la mirada fulminante de Maceo —así como el ejemplo y el espíritu indoblegable de Fidel, se puede agregar— señalan a cada cubano el duro camino del deber y no de qué lado se vive mejor”.[10]

[1] Fidel Castro: “Homenaje a Martí”, en Reflexiones, t. 1, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2009, p. 484.

[2] ___________: “Discurso pronunciado en la clausura de la Conferencia Internacional por el Equilibrio del Mundo, en homenaje al 150 aniversario del natalicio de nuestro Héroe Nacional José Martí”, 29 de enero de 2003,en Reflexiones, ob. cit., t. 1, p. 486.

[3] Ibidem, pp. 486-487.

[4] Ibidem, pp. 487-488.

[5] Ibidem, pp. 488-489.

[6] Ibidem, pp. 497-498.

[7] Ibidem, p. 501.

[8] José Martí: “Nuestra América”, en Obras completas, t. 6, Centro de estudios Martianos, Colección digital, 2007, p. 15.

[9] Miguel Díaz-Canel: Encuentro con profesores de Historia de la Universidad de Ciencias Pedagogicas Enrique José Vartona, en http://www.cubadebate.cu/noticias/2019/11/30/

[10] Fidel Castro: “El Titán de Bronce, Antonio Maceo”, en Reflexiones, t. 1, ob. cit., p. 397.

María Luisa García Moreno
María Luisa García Moreno
Profesora de Español e Historia, Licenciada en Lengua y Literatura hispánicas. Periodista, editora y escritora.

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