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Norland, Carmen Luisa…: continuidad del amor impreso

Más que en la nota publicada en Granma y otros sitios por el Instituto de Información y Comunicación Social para avisar al pueblo que desde este lunes 2 de marzo las ediciones impresas de ese órgano y de Juventud Rebelde “circularán una vez a la semana (los martes), en formato de ocho páginas” y que el Trabajadores de papel seguirá como semanario, ahora con salida el martes, mientras los periódicos provinciales dejarán de imprimirse, este asomo de Cubaperiodistas al asunto se asienta en un par de crónicas.

En realidad, el autor del hecho es uno muy particular: el bloqueo estadounidense, que ha escrito garabatos nuevos sobre nuestro mapa, pero la protagonista es habitual en la prensa cubana: la resistencia de este pueblo; así que, entre muchos otros, los periodistas Norland Rosendo González, director de ACN, y Carmen Luisa Hernández Loredo, uno de los pilares de Adelante, escribieron impresiones —de espíritu, no papel— que en seguida despertaron en redes comentarios de colegas y lectores.

Si el mismísimo Nicolás Guillén, Poeta Nacional y periodista mayor, llegó a confesar que había nacido en una imprenta, Norland vino al mundo por sala de parto parecida: “un periódico impreso” y dio sus primeros pasos —periodísticamente hablando— “… en una redacción que regresaba del ‘más allá’ al diarismo”.

Vendrían para él un fecundo período de aprendizaje en Trabajadores y, tras su graduación en 2002, dos exitosos matrimonios profesionales con “saco” azul: Vanguardia, de Villa Clara, y Juventud Rebelde. Ahora, con casi un año al frente de ACN, recuerda el estrés de los cierres, como cuadro y como reportero: una vez, en rol de enviado especial a unos Juegos Olímpicos, tuvo que “jugarse” el sueño casi una noche en un parque para que su nota entrara a tiempo al periódico de los jóvenes.

Ahora, líder de otro proyecto, lamenta que haya que “… decirle adiós a la mayoría de los hijos entintados del periodismo nuestro”, pero vislumbra “… tiempos de refundación, de tránsito de una práctica rutinaria a otra, de cambios en la cultura profesional: de la hegemonía del papel a las perennes disputas por la atención en el tempestuoso océano de las plataformas digitales”.

Periodista y editor de prensa, sabe dónde queda el reto: “… toca a cada organización mediática leer el contexto y encontrar caminos sin perder el horizonte (…) La mejor manera de superar el duelo por el silencio de las imprentas es crear nuevos hijos, conquistar otras audiencias y hacerlo vistiendo cada proyecto con elegancia lingüística y el mismo compromiso y rigor que exigen las planas de los periódicos”.

En Facebook, le llovieron opiniones. Iramis Alonso Porro, líder de Juventud Técnica, recordó que su generación vivió el mismo proceso en los ’90: “Muchos colegas tuvieron que abandonar las redacciones y migrar a la radio. Tuvieron que adaptarse. Para algunos los sueños tuvieron que esperar. Entonces no había Internet, no había redes sociales, no había sitios web. Hoy existen herramientas para continuar dialogando con los públicos, que ya nos leen más por los espacios digitales que por los impresos”, comenta antes de asentar su confianza en el valor del gremio: “Depende —dice Iramis— de nosotros, de nuestra capacidad de investigación, de que sepamos distinguir cuáles son las prioridades en nuestros medios de prensa y también de quienes tienen la responsabilidad de facilitar la información pública de manera transparente. Algunos de nosotros venimos del futuro, hace mucho rato que nuestras publicaciones para adolescentes y jóvenes no se imprimen y hemos tenido que reinventarnos e innovar y buscar otros mecanismos, aún imperfectos. Creatividad, coraje, oídos abiertos y flexibilidad. Ahí están algunas de las claves”.

La periodista matancera Yirmara Torres Hernández piensa como Iramis:La nostalgia siempre estará, pero hay que mirar al futuro”, sostiene en su respuesta a la “provocación” de Norland, mientras que Jesús Álvarez López afirma que “lo que de verdad llega al alma de la gente es el valor del mensaje, aunque lo leamos incrustado en una piedra”.

Beatriz Vaillant comparte sus raíces periodísticas en Santiago de Cuba, la llegada sabatina del Sierra Maestra a la casa de su abuelo, quien conservó hasta morir cada texto de la nieta; pero más que relatar la nostalgia, Beatriz expone su “preocupación por el impacto que esta radical decisión -mediada por las condiciones que sabemos- tendrá en nuestra población de la tercera edad”, mayoría entre quienes consumen los rotativos impresos.

“Seamos conscientes, asimismo —agrega Beatriz—, que de tajo se les arranca a muchos de esa tercera edad una entrada económica que, si bien no los hace ricos, al menos contribuía con el diario de subsistencia para ellos. En fin, los emisores (medios y periodistas) deberán reinventarse y salir fortalecidos profesionalmente, pero ¿qué dirán los receptores, sobre todo los del rango etario que menciono? A mí me gustaría pensar, y así lo haré, que se trata de un ‘hasta pronto’ y no de un adiós definitivo”.

La colega Magalys Chaviano hace a Norland la pregunta que desde los medios impresos muchos hacen a muchos por estos días: “¿A cuántos del Cinco de Septiembre ‘hospedarás’ en ACN Cienfuegos?”. Y la respuesta le fue escrita con brazos abiertos.

Desde Camagüey, Yahily Hernández Porto refiere que nada ha podido enterrar a los tradicionales rotativos de papel y que los estudios aseguran que no se vislumbra un fin ni a mediano ni a largo plazos: “Se han vuelto transmediales, pero sin dejar de existir en papel”.

Yahily considera que la memoria territorial podrá ser preservada en formato digital, pero llama a que “el olor a tinta ojalá no nos deje para siempre”, porque “sería un duro golpe”. A seguidas, se pregunta qué será de nuestros abuelos y abuelas, sin tantas cosas, y ahora también sin periódicos. “En fin —concluye— una drástica medida, que espero tenga algún resultado más allá del ahorro económico. Creo que hay reservas donde se podrían buscar ahorros para este país, en otros medios y programas. Por el momento, no hay de otra que adaptarse y sobrevivir sin dejar de soñar con ese olor a tinta”.

Liset García comenta a Norlandel dolor de quienes hemos vivido la adrenalina de un cierre, el olor a tinta, el placer de una plana recién salida del ‘horno’. Es un desaguisado que regresa, también los acomodos a otras rutinas a las que es difícil acostumbrarse. Ya muchos pasamos por ahí y fastidia que hayamos sido forzados a esa dura decisión otra vez. Este pudiera ser un cambio definitivo. ¿Será? Tendremos tiempo para vivir y contar nuevas experiencias”.

Como tantos en el gremio, Ivia Pérez Reyes denuncia que “el bloqueo brutal que nos han impuesto duele mucho”, pero confía en nuevas victorias de los cubanos, en tanto Yaumara Vicet prefiere pensar, más que en un adiós, en un “hasta pronto” de las adiciones impresas que hoy se suprimen.

Muy concreto, como en un tweet, Pedro Antonio Ale Coello dice en frase magistral: “Periodismo siempre, hoy periodismo en las redes y donde sea”, en tanto Gustavo Becerra Estorino pasa del recuerdo al nuevo rumbo: “¡Ay, el cierre…! Noches inolvidables vividas desde la era del plomo, la tinta y la chaveta hasta estos tiempos digitales. Ahora no estará la prueba de tirada como recompensa irrenunciable en la madrugada o al amanecer, pero seguiremos cerrando a cada minuto, con el mismo vértigo”.

Carmen Luisa Hernández Loredo. Foto: Tomada de Facebook.

Mirada “impresa” desde Camagüey

El papel de Adelante se deshace en los ácidos del bloqueo y la muy sensible colega Carmen Luisa Hernández Loredo confesó al leer la noticia que el día era “demasiado triste”. Ella llega a “sus 15” —de labor profesional— sin periódico (impreso) y sin ese traje blanco de estampadas letras y fotografías con la gente múltiple que quiere vivir con Carmen Luisa y bailar con Cuba.

La joven explica su despedida: “El apego me dice que hacía falta, como cuando puedes decirle adiós a alguien que quieres; no porque duela menos, sino porque te da tiempo a decirle lo que sientes”.

Carmen Luisa siente más: “Un periódico se piensa en papel y en su gente toda. En las líneas exactas; en la foto mejor, en el rol de cada uno de sus hacedores, desde el chófer hasta el último miembro del consejo editorial y en el lector que te exige y te reta y te castiga. Tampoco nos despedimos de ellos”.

La joven es un mar se sensaciones publicadas: “Nadie llega a una redacción de un periódico por casualidad. Nadie habita el espíritu paquidérmico y analítico de un medio impreso por embullo. Nadie se queda si no lo mueve la militancia y la convicción. Por eso entendemos el contexto y los retos, y el camino actual: también la resiliencia es patrimonio impreso de la nación”.

Ella no duda de que “sin el papel se cierra un paradigma simbólico construido con ejemplaridad y lealtad, y un imaginario cultural que nos antecede y nos sustenta”, ni de que “el periódico es la historia viva de la sociedad; su testigo, su interlocutor y narrador”, pero sostiene que los protagonistas son los lectores, por los cuales “… seguiremos aspirando a escribir el periodismo que merecen”.

La despedida es terca y hermosa, como su convicción: “Continuaremos defendiendo el periodismo impreso como esencia, motivo y realización, y como la oportunidad más hermosa para contar nuestra Cuba inmensa. Y soñaremos en papel… aunque el sueño sea largo”.

Su especie de carta abierta a un impreso enamorado tuvo varias aportaciones. Desde Villa Clara, la reconocida periodista Dalia Reyes Perera se confesó en una línea: “Muy triste noticia. Realmente es demoledor” y un coterráneo de Carmen Luisa: Juan Mendoza Medina, acompañó su llamado: “El periodismo impreso no puede morir. Quiero creer que no”.

Curiosamente, Rebeca Amparo Loredo Alamar lo dijo todo con mínimos: “Sin palabras…”, al tiempo que Adrián Eduardo, otro colega agramontino, convidó a la prudencia y a ahondar en nuevos senderos: “¡Calma colegas! ¡A volcarse a las plataformas digitales!”.

Aunque su dama de décadas ha sido la televisión, Ernesto Pantaleón Medina confía en que el de ahora es apenas “un reto más, un desafío sobre el cual se elevarán mis colegas admirados”, a quienes convoca a porfiar: “¡Sigamos como nuestro diario: Adelante!”.

Es lo que dice Pedro Paneque Ruiz. A su juicio, este contexto ratifica la vigencia de “Adelante en el aire”, un proyecto surgido en la década del ’70 y reaparecido en los años ’90. “Ahora —explica— hay espacio de nuevo para ello en Radio Cadena Agramonte y en todo el sistema de emisoras camagüeyano. Además, se ofrece al pueblo la versión digital, con los trabajos del colectivo muy profesional del primer periódico creado por la Revolución”.

Ysmarys Martínez Bayón lamenta “todo lo que el país se gastó o debe de los casi recién estrenados centros poligráficos, gracias a un crédito chino, esperado por años en el sector… ¡Uf!”.

También se confiesa triste Omara Pereda porque deja de existir -en impreso- Adelante, “parte de la Historia de la provincia”. Ella inscribe este golpe en la realidad tan crítica y en el deterioro del país, considera que “nunca será igual el digital al impreso”, pero, cubana al fin y al cabo, abre otro trillo a la esperanza: “¡Esperemos que vuelvan a levantarse los tiempos y victorias de los hijos de El Mayor!”.

Imagen de portada: Norlando Rosendo González. Director ACN. Foto de VNA.

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Redacción Cubaperiodistas
Medio de Comunicación de la Unión de Periodistas de Cuba

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