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Presentan resultados del estudio sobre violencia de género en la prensa cubana

¿Cómo es el tratamiento mediático en Cuba sobre los temas relacionados con la violencia de género? ¿Cuáles son los principales avances y desafíos en su visibilización? En la tarde de este 4 de junio, desde la sede de la Unión de Periodistas de Cuba y a través de su sistema de videonferencias, las periodistas Danielle Laurencio, Ania Terrero y Dixie Edith Trinquete, presentaron los resultados de una investigación que ofreció respuestas imprescindibles para comprender el estado de la comunicación sobre género en nuestro país.

El estudio “Violencia de género en la prensa cubana: Avances y desafíos”, es una producción conjunta del Instituto Internacional de Periodismo José Martí (IIPJM) y OXFAM en Cuba que buscó-precisa Dixie Edith Trinquete, profesora del Instituto- sistematizar prácticas profesionales que dilucidaran logros y también brechas por superar desde las redacciones periodísticas.

A partir de esos objetivos-explicó Ania- el equipo decidió seleccionar como muestra de análisis, 56 productos periodísticos publicados en medios nacionales y territoriales que abarcaron la prensa impresa y digital, la radio y la televisión.

Asimismo, escogieron algunos de los trabajos presentados en el XIII Encuentro Iberoamericano de Género y Comunicación “Isabel Moya Richard in Memoriam”, celebrado en noviembre de 2019 y al Premio Especial de la Editorial de la Mujer, del Concurso Nacional de Periodismo 26 de Julio.

Con respecto a las conclusiones que arrojó la investigación, la periodista Danielle Laurencio señaló que en los medios de prensa en Cuba se ha visto una mayor representación de los temas relacionados con la violencia de género, si bien todavía se resiente una transversalización de esos asuntos en las agendas periodísticas y en las rutinas productivas individuales.

“Nos falta conocer elementos teóricos; también debemos identificar que las relaciones de poder y la cultura patriarcal que está en el origen de la violencia de género, se encargan de reforzar los estereotipos e imaginarios; debemos denominar la violencia de género por su nombre, porque no se trata de casos aislados y tenemos que visibilizar el carácter social y multidimensional de la violencia de género, a través de un lenguaje preciso y evitando que esos casos se conviertan en un espectáculo mediático”.

Danielle recalcó que la violencia de género se produce independientemente de la situación socioeconómica, el color de la piel, el nivel educacional del agresor y la víctima. Se trata-dijo- de un problema que atraviesa muchas esferas de la sociedad, de ahí que los periodistas deben estar conscientes que desde los medios también se ejerce violencia cuando se invisibilizan estos temas o se representan de forma estereotipada.

Ania Terrero destacó que la caracterización del tratamiento de la violencia de género en las agendas mediáticas cubanas permite fortalecer las capacidades comunicativas sobre esta problemática. “Aunque es un tema que ya se visibiliza en los medios, un avance con respecto los 10 años anteriores, sigue habiendo muy poca sistematicidad en la manera en que se aborda e incluso cómo nos acercamos a ella, pues muchos de los trabajos analizados tratan sobre coberturas específicas, eventos, efemérides, campañas, pero no surge desde los medios la necesidad de hablar y de investigar al respecto”, enfatizó Ania.

La definición de un conjunto de criterios que fueron analizados en los productos comunicativos reveló que, en cerca del 60 por ciento de los trabajos periodísticos fue notable el empleo incorrecto de términos, por ejemplo, expuso Ania, “el hecho de que se utilice violencia doméstica como sinónimo de violencia de género o que se emplee violencia contra las mujeres en lugar de violencia de género, está invisibilizando muchos tipos de violencia latentes en el país y que urgen ser atendidos”. Así sucede también con las resistencias a entender que el acoso callejero es un tipo de violencia; mientras desde la construcción lingüística de los discursos mediáticos, se naturaliza el uso del masculino genérico para referirse tanto a hombres como a mujeres “en espacios donde son mayoría las mujeres o incluso donde no hay hombres” y la reincidencia, por desconocimiento, en el empleo del término fémina, el cual “está asociado a la capacidad reproductiva de la mujer y por lo tanto las limita desde lo conceptual”.

Uno de los principales aportes de la investigación está en el conjunto de recomendaciones y de herramientas útiles que socializa para comunicar sobre el tema sin estigmatizar, culpabilizar, victimizar o sexualizar a la persona agredida.

Yohanka Valdés, investigadora vinculada a OXFAM en Cuba afirmó que, en un contexto mediado por la pandemia de la COVID-19, en el cual los medios y las redes sociales se han situado en el centro de la comunicación cotidiana, “contar con herramientas como las que ofrece el informe, contribuye a la transformación de imaginarios y normas sociales”.

De acuerdo con Dixie Edith, la investigación tuvo como antecedentes la nula cobertura del tema en los medios nacionales a diferencia de los territoriales en los que se observó una parcial atención a estos tópicos; coberturas informativas, muchas de las cuales se distanciaron de la deconstrucción de mitos y estereotipos de género; casi total ausencia de estadísticas nacionales; la naturalización de la creencia que la violencia de género en Cuba no es un problema y de que hay más violencia psicológica que de cualquier otro tipo.

Finalmente, Dixie Edith reconoció que la presentación del estudio se realiza en un contexto nacional en el cual son notables los cambios en el abordaje de la violencia de género y el empoderamiento de la mujer con la aprobación del Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres, los esfuerzos de la Federación de Mujeres Cubanas en función de crear la Estrategia integral de prevención y atención a la violencia de género y la violencia en el escenario familiar y la inclusión a través de la línea telefónica 103, del servicio especializado de atención a la violencia de género.

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