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LA CÁMARA LÚCIDA

El cine cubano en un año de rupturas y definiciones: 1961

Tiempo de fundación, llamó Alfredo Guevara a aquellos albores de los sesenta, cuando se estrenaba como director del naciente Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos. 1961, no solo fue el «Año de la Educación» en que se emprendió la cruzada contra el analfabetismo, sino un «año de rupturas y definiciones», —como lo define el investigador Iván Giroud—[1] que rodearon la celebración de los tres encuentros de Fidel con los escritores y artistas, que culminarían con las históricas «Palabras de los Intelectuales», seis décadas atrás, el viernes 30 de junio. Recorremos el nuevo cine cubano en el contexto cultural circundante.

En ese segundo año de funcionamiento, el ICAIC multiplica su ritmo productivo con la adquisición de equipos y la creación de nuevos departamentos. Un conjunto de salas a lo largo de la Isla presentan a partir de los días iniciales de enero el primer largometraje de ficción por el ICAIC: Historias de la Revolución, de Tomás Gutiérrez Alea. Su estreno mundial se realizó el viernes 30 de diciembre de 1960 en los cines capitalinos Arte y Cinema La Rampa y Payret. Paralelamente, es programado en las salas Aída de Pinar del Río, el teatro Sauto de Matanzas, los cines cienfuegueros Prado y Luisa, Casablanca, de Camagüey, Infante, de Holguín y el cine Cuba de Santiago de Cuba.

A través de tres relatos: «El herido», «Rebeldes» y «La batalla de Santa Clara», la película recorre acciones de la insurrección contra la dictadura de Batista en las ciudades y en la Sierra Maestra. El filme contó con fotografía a cargo del experimentado Otello Martelli —colaborador de Rossellini en Paisà, uno de los clásicos del neorrealismo italiano—, y del mexicano Sergio Véjar, quien para esta fecha había trabajado con Buñuel. Su reparto reunió actores profesionales como Eduardo Moure, Lilliam Llerena, Miriam Gómez y Reynaldo Miravalles, junto a otros desconocidos, entre estos Francisco Lago, Blas Mora y Bertina Acevedo. Con el propósito de promoverlo, el diseñador valenciano Eduardo Muñoz Bachs concibe el primer cartel de la nueva cinematografía.

«Lunes de Revolución», espacio televisivo conducido por el crítico y fotógrafo catalán Néstor Almendros —residente en Cuba en esta etapa con una filmografía en el ICAIC de siete documentales—, presenta el lunes 13 de febrero de 1961 en el estudio a Tomás Gutiérrez Alea y a Guillermo Cabrera Infante. Desde principios de año, el programa insiste en proponer el free cinema como modelo para desarrollar la nueva cinematografía nacional y ese día exhibe varios documentales en este estilo, como 58-59, filmado en Nueva York por el propio Almendros, el estreno de Habla un campesino, producido por el propio canal y realizado por Antonio Rodríguez (Tucho), Onelio Jorge Cardoso y José Tabío, así como Asamblea General, de Gutiérrez Alea.

Apenas lleva una semana en las salas capitalinas Arte y Cinema La Rampa, América, Los Ángeles y Ambassador el estreno de Cuba baila, de Julio García Espinosa, cuando el sábado 15 de abril, aviones mercenarios bombardean los aeropuertos de Santiago de Cuba, San Antonio de los Baños y Ciudad Libertad en La Habana. A la edición del Noticiero ICAIC Latinoamericano número 46, que reseñó la première de este segundo largometraje estrenado por el ICAIC, retrato de la pequeña burguesía urbana con sus aspiraciones, le sigue una edición extra sobre las agresiones terroristas emprendidas por grupos de exiliados entrenados y con financiamiento de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos.

El 17 de abril de 1961, el realizador Tomás Gutiérrez Alea y los camarógrafos del Noticiero ICAIC Julio Simoneau y Pablo Martínez junto a Mario Ferrer, del Canal TV Revolución, se trasladan a la zona de Playa Girón para filmar los sucesos relacionados con la invasión mercenaria. El material procesado en el Noticiero ICAIC Latinoamericano para su edición número 47, correspondiente al 30 de abril, se convierte en el documental independiente ¡Muerte al invasor!, realizado por Gutiérrez Alea. En los créditos figura Santiago Álvarez como codirector por tratarse de un reportaje especial del noticiero. Por primera vez cineastas cubanos filmaron como corresponsales de guerra.

Las semanas de cine y la presencia de directores e intérpretes van a jugar un papel clave en la divulgación y aceptación de obras desconocidas por parte del público de la mayor de Las Antillas. Esta es una de las acciones acometidas por el ICAIC ante la carencia de estrenos norteamericanos para mantener abiertas las numerosas salas de cine, provocada por la ruptura de relaciones diplomáticas con Estados Unidos y la nacionalización de las distribuidoras de ese país. El Noticiero ICAIC reseña la inauguración el 8 de mayo en la sala Arte y Cinema La Rampa de la primera semana de cine checoslovaco, presentada por una delegación que viajó expresamente.

De acuerdo con la resolución número 2868 dictada por el Departamento de Recuperación de Bienes del Ministerio de Hacienda, el ICAIC procede el jueves 11 de mayo, previa investigación y antecedentes, a intervenir las entidades cinematográficas siguientes: Películas Fox de Cuba, S.A.; Artistas Unidos S.A.; Compañía Sur de Películas; Compañía de Películas Hermanos Warner; Primera Nacional, S.A. y Películas Nueva Universal de Cuba, S.A.  Esta medida, unida a la nacionalización de las salas cinematográficas de los principales circuitos, fue de las más importantes tomadas por el ICAIC en 1961. La novel institución asumió también el control de la marca de películas de todas las distribuidoras, lo cual permitió la exhibición de obras «de valor artístico que propendan a favorecer la educación y la cultura de nuestro pueblo», según nota informativa difundida por la institución.

El programa «Lunes en Televisión» exhibe el 22 de mayo el cortometraje documental P.M. con la presencia de sus realizadores, Sabá Cabrera Infante y Orlando Jiménez Leal, que fueron entrevistados por el crítico y cineasta Néstor Almendros. Con la proyección en el canal CMBF TV-Revolución, que lo produjo, se incrementan las tensiones con el ICAIC. La dirección del organismo, en reunión efectuada en Casa de las Américas el 31 de mayo, da a conocer oficialmente un comunicado dirigido a la Asociación de Escritores y Artistas sobre la prohibición de exhibir la película P.M. «por considerarla en este Año de la Educación, nociva a los intereses del pueblo y su revolución». A partir de esta fecha se desencadenan reuniones y discusiones en torno al documental. El Consejo Nacional de Cultura conjuntamente con la Asociación de Escritores y Artistas, convocan a una reunión en la Biblioteca Nacional «José Martí» para el viernes 16 de junio, que se prolonga a otros dos: el 23 y el 30.

Mientras se halla en la fase final organizativa el Comité Gestor del Primer Congreso Nacional de Escritores y Artistas Cubanos, presidido por Nicolás Guillén y con Alejo Carpentier y Roberto Fernández Retamar como vicepresidentes, el periódico Hoy publica el jueves 8 de junio el «Manifiesto de los Intelectuales y Artistas Cubanos». Revolución, órgano del Movimiento 26 de Julio, dirigido por Carlos Franqui, difundió su texto el sábado 19 de noviembre de 1960 en su primera plana y en páginas interiores. El documento traza como objetivo «definir criterios y fijar posiciones en torno a las cuales pueda realizarse la unidad y coordinación de nuestros esfuerzos». El octavo punto de la declaración, expresa: «Del destino de la Revolución depende el destino de la cultura cubana. Defender la Revolución es defender la cultura». El manifiesto es suscrito por un elevado número de escritores, músicos, bailarines y artistas en general. Un total de veinticinco trabajadores del ICAIC lo firmó: Néstor Almendros, Olga Andreu, Jesús de Armas, Santiago Álvarez, Fausto Canel, Selma Díaz, Roberto Fandiño, Jorge Fraga, Julio García Espinosa, Tomás Gutiérrez Alea, Alfredo Guevara, Héctor García Mesa, Luis García Mesa, Manuel Octavio Gómez, Amaro Gómez, Araceli Herrero, Eduardo Manet, José Massip, Eduardo Muñoz Bachs, Raúl Taladrid, Aurora Velazco, Juan Vilar, Fernando Villaverde, Dulce María Villalón y Saúl Yelín.

El segundo estreno de ficción del ICAIC en el año es Realengo 18, realizado por el cineasta dominicano Oscar Torres —nacido en Cuba—, con la colaboración de Eduardo Manet, que se exhibe a partir del 4 de agosto en Arte y Cinema La Rampa, donde presentaron su première en la noche del viernes 21 de julio. Recrea un hecho real, el enfrentamiento de una comunidad campesina a los terratenientes. Una combativa mujer participa en la lucha mientras vive un drama personal: su hijo acepta la propuesta de unirse a la guardia rural en la represión contra los suyos.

A lo largo de estos meses otros dos largometrajes se encuentran en distintas fases de producción. Julio García Espinosa ha concluido El joven rebelde, un argumento original del célebre guionista italiano Cesare Zavattini, sobre la incorporación de un joven campesino a quienes combaten en la Sierra Maestra. Las doce sillas, comedia realizada por Tomás Gutiérrez Alea (Titón), figura en proceso de edición. Adapta a la realidad cubana una novela rusa acerca de las hilarantes situaciones que atraviesan un aristócrata venido a menos con la Revolución, su ex-chofer y un cura, en búsqueda de una silla que oculta los brillantes de la familia. El ICAIC trabajó intensamente en la búsqueda de argumentos y guiones para nuevas películas y con ese fin solicitó la colaboración de escritores de renombre y convocó a un concurso de guiones.

La producción documental registró en 1961 un inusitado incremento cuantitativo al tiempo que una gran diversidad temática con temas políticos, didácticos y sociales. Entre los títulos más sobresalientes en una cifra próxima a los cuarenta filmes figuran: Cuba, pueblo armado y Carnet de viaje, rodados por el holandés Joris Ivens, Cinco picos, de Manuel Pérez, Una escuela en el campo y Guacanayabo, realizados por Manuel Octavio Gómez, así como los primeros documentales dirigidos por Santiago Álvarez, como Escambray, junto a Jorge Fraga, que a su vez filmó Y me hice maestro.

Santiago Álvarez integra el equipo de realización del Noticiero ICAIC Latinoamericano desde su fundación el 6 de junio de 1960, pero en este año de formación y entrenamiento sobre la marcha, Alfredo Guevara mantiene su responsabilidad como director. Por esta fecha el Noticiero se estrenaba los lunes en los principales cines de La Habana y de toda la isla. En un principio se procesaban catorce copias, luego se aumentaron a 24 y en 1961 ascendían a cuarenta, además de producir algunas en formato de 16 mm para los cine-móviles. La edición del Noticiero que circula en los cines habaneros a partir del 12 de junio, al tiempo de distribuirse en el interior del país, entre sus informaciones incluye un reportaje sobre los preparativos para el Primer Congreso Nacional de Escritores y Artistas. Semanas más tarde, el 8 de agosto, el órgano informativo, que adquiere cada vez mayor dinamismo y aceptación popular, incluye otra nota sobre el preámbulo de esa reunión tan esperada en el ámbito cultural.

La celebración del primer Congreso Nacional de Escritores y Artistas Cubanos, programado entre el 18 y el 22 de agosto, ofreció al Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos la oportunidad excepcional de revisar panorámicamente en el Cine de Arte ICAIC, algunos ejemplos de la historia del cine realizado en nuestro país. Al triunfo de la Revolución, pese a la producción esporádica de un puñado de soñadores, no existía una industria de cine. En colaboración con el Departamento de Cinematografía de la Universidad de La Habana pudo programar especialmente un conjunto de títulos representativos del período anterior al primero de enero de 1959. Entre estos figuraron: El Parque de Palatino (1906), del pionero Enrique Díaz Quesada, La Virgen de la Caridad (1930) y El romance del palmar (1938), ambos de Ramón Peón, El Mégano (1955), de Julio García Espinosa, cuatro notas fílmicas producidas para Cine-Revista por José Tabío y Onelio Jorge Cardoso, así como Los tiempos del joven Martí (1960), un proyecto que José Massip comenzó desde 1957 y trabajó en él con un mínimo de recursos hasta que la creación del ICAIC propició su terminación.

La programación especial exhibida para festejar la primera cita de los creadores del país que, como un resultado inmediato, condujo a la constitución de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), abarcó una selección de obras producidas hasta esa fecha de 1961. Pueden citarse los documentales: Esta tierra nuestra, Asamblea General y ¡Muerte al invasor!, de Tomás Gutiérrez Alea, El negro, de Eduardo Manet, Carnaval, codirigido por Fausto Canel y Joe Massot, Tierra olvidada, de Oscar Torres, La guerra, de Pastor Vega, Ganaremos la paz, de Roberto Fandiño, y La montaña nos une, de Jorge Fraga, así como Habla un campesino, realizado por la División Fílmica de CMBF «Televisión Revolución». La muestra incluyó varias ediciones del Noticiero ICAIC Latinoamericano.

La propuesta no podía prescindir de la contribución del Departamento de Dibujos Animados y escogió para representarlo cinco de sus primeros cortometrajes, hoy clásicos. Con el ICAIC nacía realmente un auténtico cine de animación en Cuba marcado desde sus inicios por las constantes búsquedas formales y estilos modernos puestos en función de nuevos contenidos diametralmente opuestos a la concepción publicitaria comercial anterior a su fundación.

El ICAIC produjo la realización del documental A 90 millas, realizado por Carlos Fernández, en un intento por sintetizar las actividades desarrolladas en el Hotel Habana Libre de esa primera cinta de los escritores y artistas durante cinco días. Incluye imágenes de la intervención realizada en la clausura por el Comandante Fidel Castro.

Enciclopedia Popular, departamento creado por el ICAIC el 18 de septiembre como un aporte al Año de la Educación, estrena sus dos primeros números. Estos cortos de diez minutos de duración editados quincenalmente, contenían breves notas informativo-didácticas. La Enciclopedia Popular, que alcanzaría la cifra de 41 ediciones portadoras de 94 notas didácticas, sirvió, además, como escuela para nuevos cineastas que dieron en ella sus primeros pasos, como Enrique Pineda Barnet, Octavio Cortázar y Humberto Solás, entre otros. El tono popular, es sin dudas, una de las características más apreciables del nuevo empeño cinematográfico cubano, según sus promotores.

La presencia de la nueva cinematografía criolla en una decena de festivales internacionales a lo largo de 1961 resultó muy significativa y provocó comentarios elogiosos por el nivel de calidad alcanzado en tan escaso tiempo, sobre todo por los documentales. El Festival de Oberhausen, en la República Federal Alemana, solicitó especialmente para su programación: Esta tierra nuestra, de Titón, el primero producido por el ICAIC, junto a La vivienda y Sexto aniversario, de García Espinosa, Tierra olvidada, de Oscar Torres, El negro, de Eduardo Manet, y Por qué nació el Ejército Rebelde, de José Massip. Historias de la Revolución, de Gutiérrez Alea, obtuvo el premio de la Unión de Escritores Soviéticos al Mejor guion en el II Festival de Cine de Moscú, donde se exhibieron Cuba baila y Realengo 18 fuera de concurso. El Festival de Leipzig, en la República Democrática Alemana, el más importante en la categoría documental, programó, entre otros, Una escuela en el campo y ¡Muerte al invasor!

La Cinemateca de Cuba —fundada el 6 de febrero de 1960—, se consagró a labores organizativas, entre estas la construcción de las bóvedas para conservar su fondo fílmico. Al mismo tiempo, emprendió las pesquisas en búsqueda de cuanto material de interés sobre la historia del cine de la isla y del mundo pudiera hallarse. La Asamblea General de la Federación Internacional de Archivos de Filmes (FIAF), celebrada en el congreso de Budapest, en octubre de 1961, confirmó por unanimidad la decisión adoptada en noviembre de 1960 por su Comité Ejecutivo al nombrar a la bisoña institución cubana como miembro provisional. Los meses precedentes a diciembre de 1961 en que presentó «Tres décadas de cine soviético», ciclo inaugural de su programación en el Cine de Arte ICAIC (hoy Charles Chaplin), los dedicó a establecer vínculos directos con cinematecas extranjeras para la obtención e intercambio de copias de películas.

Desde sus comienzos, el ICAIC se propuso la realización de coproducciones con varios países, en especial del llamado campo socialista. El primer proyecto, surgido en medio del Festival de Cine de Moscú, al cual asistió una delegación presidida por Alfredo Guevara, fue el de una película sobre la gesta revolucionaria que uniría a las cinematografías de Cuba y la Unión Soviética. El 16 de octubre llegan al aeropuerto de La Habana el famoso realizador Mijaíl Kalatózov y el director de fotografía Serguéi Urusevsky. El joven poeta Evgueni Evtushenko, que por esta época congregaba multitudes en sus recitales, se une a ellos. Tres días después, en un encuentro con la prensa, informan sobre la película que pretenden realizar, aún sin título.

El Cine de Arte ICAIC, pronto sede de las funciones de la Cinemateca de Cuba, programa el día 22 Cuando vuelan las cigüeñas y La carta que no se envió, como homenaje a la presencia en Cuba de su realizador y fotógrafo. La dirección del ICAIC designa al joven cineasta Enrique Pineda Barnet como guía para acompañarlos en un recorrido por toda la Isla y ofrecerles información de todo tipo y concertarles disímiles entrevistas con el fin de poder escribir el guion de la película que se proponen realizar. Faltan aún dos años para el 26 de febrero de 1963, fecha de inicio del rodaje de Soy Cuba con la secuencia filmada en el barrio marginal Las Yaguas, en las afueras de La Habana, poco antes de ser demolido para que quienes habitaban en tan paupérrimas condiciones, pudieran ser trasladados a nuevos apartamentos.

Paralelamente a los primeros pasos de esa coproducción con la URSS, el ICAIC sostuvo conversaciones con funcionarios de la industria fílmica de Checoslovaquia con el propósito de producir una película también sobre el tema de la Revolución que sería Para quién baila La Habana, dirigida por Vladimir Cech con la asistencia de los jóvenes cubanos Octavio Cortázar y Manuel Herrera; en el guion, junto al escritor checo Jan Prochazka, colaboró nada menos que Onelio Jorge Cardoso, nuestro cuentero mayor. El veterano director alemán Kurt Maetzig trabajaba por estos meses de 1961 en el guion de la primera coproducción entre Cuba y la República Democrática Alemana, titulado en un principio Operación Preludio y luego Preludio 11. Las dos se filmarían en 1963.

A fines de ese mismo año 1963 se estrenaría la cuarta coproducción, esta vez con Francia, El otro Cristóbal, dirigida por Armand Gatti. Una sátira de fantásticos símbolos muestra la rebelión de un pueblo sojuzgado por la dictadura de un país imaginario de América Latina. Fue la primera ocasión en que el ICAIC es representado en el Festival de Cannes. Como asistente de dirección debuta Rogelio París y el reparto lo encabezó el actor galo Jean Bouise y un nutrido conjunto de intérpretes de la Isla.

Pero volvamos atrás, a esos doce intensos meses de 1961, en el transcurso de los cuales el ICAIC suscribió convenidos de colaboración con la entidad homóloga de la República Socialista de Checoslovaquia. Mediante estos acuerdos, viajaron a Cuba técnicos y directores cinematográficos de ese país para contribuir a la formación del personal especializado cubano y planificar y desarrollar nuestra industria fílmica. En la misma medida se trasladaron a Praga jóvenes cineastas criollos para cursar estudios y ampliar sus conocimientos técnicos y artísticos.

El ICAIC fundó dos nuevas áreas de trabajo: el Centro de Información Cinematográfica, con la responsabilidad de crear archivos, promover la publicidad y fomentar las relaciones con la prensa nacional y extranjera y, a finales de septiembre, el Departamento de Divulgación Cinematográfica destinado a organizar las 32 unidades de cine-móvil, perfectamente equipadas, que van a constituir una verdadera revolución al llevar el cine a los lugares más intrincados y recónditos de la geografía insular. Camiones, vehículos de tracción animal, lanchas y los más diversos medios de transporte llegaron a las zonas más remotas e inaccesibles. En algunas de ellas vieron el cine por primera vez, como registrara Octavio Cortázar en su clásico documental Por primera vez (1967). El ICAIC contribuye con el incipiente movimiento de cineclubes al ofrecer alrededor de 600 proyecciones de sus documentales en los locales de diferentes organizaciones revolucionarias y obreras. Gracias al derroche de ingenio e iniciativas criollas, el invento de los hermanos Lumière deviene en esta pequeña isla caribeña, arte de la pantalla en movimiento.

A principios de noviembre de 1961 se programa una muestra de películas procedentes de la República Democrática Alemana. Ese mes el ICAIC inaugura el Departamento de Afiches con la gestión personal de Saúl Yelín, director de relaciones internacionales de la institución e integrado en un principio por los diseñadores Rafael Morante, Eduardo Muñoz Bachs y otros que se incorporan a su plantilla, como Antonio Fernández Reboiro, René Azcuy y Antonio Pérez (Ñiko). Pronto este equipo de artistas creará una obra con identidad propia de gran resonancia internacional a través de la técnica artesanal conocida como Silk Screen

Del 11 al 17 de diciembre, la segunda Semana de Cine Soviético presentó un conjunto de relevantes títulos, entre estos Cielo despejado, realizado por Grigori Chrújrai. Asistieron especialmente los dos intérpretes protagónicos, Evgueni Urbanski y Nina Dobrisheva, entre varios funcionarios de la cinematografía de la URSS. Del total de 207 producciones procedentes de seis países socialistas exhibidas por el ICAIC en 1961, 57 son de nacionalidad soviética.

El Departamento de Dibujos Animados termina cinco títulos incluidos entre los clásicos en esta categoría en la historia del cine cubano: AEIOU, La quema de la caña, El realengoRemember Girón y El tiburón y las sardinas. Todos fueron dirigidos por Jesús de Armas, al frente de un equipo de fundadores que incluyó a Hernán Henríquez en la dirección de animación, el fotógrafo Pepín Rodríguez, los diseñadores Eduardo Muñoz Bachs y Tulio Raggi y el editor y sonidista Lucas de la Guardia, entre otros noveles creadores. Al cierre de 1961, año decisivo en estos tiempos fundacionales, se encontraban en proceso de realización varios cortos, como El cowboy, y Cuba sí, yanquis no, ambos de Jesús de Armas, y la presentación animada de los créditos de la película Las doce sillas, tras colaborar en los documentales Carnaval Napoleón de gratis.

La Selección Anual de la crítica especializada nacional de los mejores filmes estrenados incluyó en la categoría de largometraje: Realengo 18, de Oscar Torres, en la de animado: El tiburón y las sardinas, realizado por Jesús de Armas, y en el aparrado de los documentales figuraron cuatro títulos: ¡Muerte al invasor!, de Gutiérrez Alea, Guacanayabo, de Manuel Octavio Gómez, Y me hice maestro, de Jorge Fraga y Cinco picos, de Manuel Pérez Paredes.

El boletín Documental, de distribución interna entre el personal del Departamento de Cortometrajes del ICAIC, publicado de forma mimeografiada entre marzo de 1961 y agosto de 1962, cerraba sus ediciones con un Cuadro de calificaciones el cual reflejaba las votaciones de los propios cineastas de la institución sobre los documentales estrenados. Según el cómputo de los títulos que reunieron la mayor cantidad de votos en el año 1961 figuran: Tierra olvidada, Esta tierra nuestra, Asamblea general, El negro, La vivienda, Sexto aniversario, Patria o muerte, Los tiempos del joven Martí, ¡Muerte al invasor!, Médicos de la Sierra, Habla un campesino, La Colina Lenin y los realizados en Cuba por cineastas extranjeros: Carnet de viaje y Cuba, pueblo armado, por el holandés Joris Ivens, Alba de Cuba, por el soviético Roman Karmen y Made in USA, de Joe Massot. Aunque el número de participantes variaba de un número a otro de Documental, modesta publicación devenida de obligada referencia sobre la evolución de esta categoría en el nuevo cine cubano, generalmente otorgaron sus votos: José Massip, Jorge Fraga, Manuel Octavio Gómez, Fausto Canel, Fernando Villaverde, Manuel Pérez, Roberto Fandiño, Alberto Roldán, Joe Massot, Juan José Grado y Octavio Cortázar, a quienes se sumaron en algunas ediciones: Sara Gómez, Nicolás Guillén Landrián, Luis López y Rosina Prado.

Al finalizar 1961, el ICAIC ha realizado 233 mil proyecciones de películas en las más de 500 salas de la isla, para alcanzar la significativa cifra de 51 394 112 espectadores, en un país de 7, 26 millones de habitantes.

Alfredo Guevara, en el curso de su intervención en un Consejo de Dirección del ICAIC, sintetiza las coordenadas del trabajo de la primera institución fundada por la Revolución mediante la primera ley promulgada en el terreno cultural:

«Desde principios del Instituto siempre planteamos lo siguiente: no se adscribe el Instituto a una posición ideológica determinada, no se adscribe el Instituto a una posición estética determinada. Nosotros estamos en búsqueda del camino, tenemos que aprovechar todas las experiencias, tenemos que mirar en todas las direcciones, tenemos que asimilar todos los aportes técnicos profesionales o experimentales, como sea, y con toda esa riqueza y creando un repertorio de trabajos ya realizados, nosotros podemos ir tanteando en búsqueda de las formas de expresión nacional. Nunca afirmamos que fuera una ni que fueran diez vías. Ahora bien, sí queríamos encontrar las formas de expresión nacional, queríamos encontrar el espíritu de nuestro pueblo, el carácter de nuestro pueblo».[2]


[1]La historia en un sobre amarillo (El cine en Cuba 1948-1964), Ediciones ICAIC-Nuevo Cine Latinoamericano, 2021.

[2] Alfredo Guevara: Tiempo de fundación, Iberautor Promociones Culturales S.L., 2003, p. 92.

(Tomado de uneac.org)

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