Se realizó esta mañana en la sede nacional de la Unión de Periodistas de Cuba el panel “Retos actuales del humor como herramienta de la comunicación política”, como parte de la II Bienal Internacional de Humor Político celebrada en La Habana desde el pasado 9 hasta el 14 de junio.
Los conferencistas, moderados por el conductor del programa Con filo, Michel Torres Corona, fueron el crítico, escritor cubano y estudioso del humor Víctor Fowler; Jorge Ángel Hernández, poeta y narrador; el caricaturista, pintor y diseñador Arístides Hernández (Ares); Ismael Lema, director de Palante, y Adam Iglesias, presidente del jurado del evento.
“El objetivo siempre va a ser entender qué cosa es el humor político y entender el hecho de que las formas de humor funcionan en direcciones opuestas pero son complementarias porque dicen y esconden”, afirmó Víctor Fowler. El estudioso también comentó: “El problema del humor político es lo que esconde”. Sobre ello se refirió al poner el ejemplo de que es más fácil burlarse de la prepotencia de Trump que burlarse del poder corporativo.
Además, Fowler concluyó subrayando: “No conocemos los chistes sobre los generales que apretaron un botón y exterminaron a 200 niñas. A mí me gustaría proponer y defender ese humor, el humor político que corre riesgos”.
“Los memes son una manera de comunicación muy específica”, afirmó Arístides Hernández. Y es que, a decir del caricaturista, el humor político y el humor editorial no inventan ideas sin que exista información; se basan en lo que circula en los grandes medios, pero lo que circula en estos está controlado por enormes grupos de poder. Es por ello que Ares explicó que nuestras ideas hoy compiten con esos medios.
“Para que las caricaturas y el humor político lleguen hace falta cultura. No se puede hacer caricatura de algo que no se conoce”, fue la frase de Ares mientras comentaba las jornadas de investigación que muchas veces lleva una obra de esta índole.
El humor político en la actualidad presenta grandes desafíos. Sobre ellos mencionó Jorge Ángel Hernández los siguientes:
Comprender y confrontar con ingenio, genio y capacidad de persuasión el escenario ultraconservador y neofascista cada vez más abierto, y argumentando como prosperidad socioeconómica.
Hacerse visible en medio de un panorama de redes sociales que genera automáticamente nichos contraculturales de acción y manipulación de los consensos de opinión.
Profundizar en el conocimiento sociopolítico que se manifiesta en disímiles variables de contextos, naciones y regiones del planeta.
Evitar ser arrastrados por tendencias y tópicos virales que se ponen en órbita con propósitos de demagogia electoral y campañas de furia de descrédito a determinados individuos o posiciones políticas.
Discernir entre lo que constituyen diferencias culturales de comportamiento y actos de barbarie que fundamentan la diferenciación cultural.
Ismael Lima resaltó que el humor, de la manera en que lo estamos abordando, es una tecnología blanda de conexión social que traslada mensajes, por lo que el humor político es una forma de comunicación.
“Hay que crear algo que responda a este momento, en el que produzcamos humor para estas condiciones, para el desafío en que vive Cuba”, sentenció Ricardo Amable Ronquillo Bello, presidente de la Upec. Y es que propuso crear un laboratorio, articulado entre varias entidades, que industrialice la producción de humor porque este es una de las líneas principales de desgaste político contra el proyecto de la Revolución cubana.
Imagen de portada: Conferencistas analizaron en la Upec los retos del humor político: desde la competencia con los medios corporativos hasta la necesidad de un humor que cuestione sin esconder. Foto: Sofía González Angulo.

