Presidente,
Morales,
Participantes internacionales, gracias por estar junto a nosotros en estas horas amenazantes para Cuba,
Delegados e invitados nacionales:
A esta misma hora en que inauguramos la 5ta. edición del Coloquio Internacional de Comunicación Política Patria, en esta estación cultural, madres cubanas pueden estar tirándose a la cama exhaustas, por otra noche de resolver, junto a sus familias, las urgencias de la casa, en el mínimo alumbrón eléctrico de la madrugada.
O tal vez estarán, con todo ese cansancio, junto a los suyos, gestionando otras urgencias, como el agua que faltó durante días, el carbón o la leña con los cuales cocinar los alimentos, o los alimentos mismos, los medicamentos del enfermo que nos están a mano, y quién sabe cuántas otras necesidades.
Esa misma presión, esa misma tensión de las familias la estará enfrentando todo el sistema institucional del país, desde los educacionales hasta los de la Salud Pública, como consecuencia del castigo colectivo al que estamos sometidos tras la orden presidencial de Donald Trump del pasado 29 de enero.
La perversidad de bloquear a este país, que perdura después de más de 60 años, y con todos los gobiernos que pasaron por la Casa Blanca, fue llevada ahora a las cotas más altas de maldad calculada y genocida.
El autoproclamado Nerón neofascista mundial —en los últimos días con ínfulas de Dios todopoderoso— que amenaza con llevar a Irán a la Edad de Piedra, incluso con desaparecer una civilización, pretende feudalizar a Cuba, retrotraerla a una existencia primitiva, absolutamente básica, desprovista de toda esperanza u horizonte, como no sea el de la precariedad y la susbsistencia permanente, solo superada por la grandeza, la dignidad, el sentido de la justicia y capacidad imaginativa de este pueblo que, nucleado a su Revolución socialista, que este día cumple 65 años de proclama ese carácter, honra al Apóstol cubano, dispuesto a defender su libertad pagándola a su precio.
Nuca como ahora puede entenderse la percepción de un prestigioso profesor de Historia de mis años universitarios, quien siempre confrontaba a quienes planteaban que existe un «diferendo histórico» entre Cuba y Estados Unidos. El agudo profesor insistía en que reconocer la existencia de un diferendo era poner parte de la responsabilidad del lado de nuestro país y de sus patriotas, o reducir este dilema de siglos a los años que siguieron al triunfo revolucionario de enero de 1959.
Aquel profesor fundamentaba, muy hondamente, que en realidad lo que existió siempre fue un «empecinamiento histórico», el de las élites más derechistas y reaccionarias de Estados Unidos por anexar o someter a Cuba, contra la voluntad de sus vanguardias y de su pueblo.
Lo anterior ya explica, por sí mismo, la importancia de este encuentro. Cuando el país ajustó drásticamente todo su desenvolvimiento para enfrentar la criminal arremetida actual, la dirección de la Revolución tomó la decisión política de mantener este Coloquio Internacional, financiado en gran parte por los propios asistentes y bajo los más estrictos criterios de racionalidad económica. La presencia aquí de tantas personalidades internacionales, convocadas en muy corto tiempo, es una prueba de que Cuba comparte causa común con el mundo.
La razón esencial es que este país y este planeta martirizados y espantados por el nuevo fascismo, con sus reemergentes teorías geoestratégicas del espacio vital, requiere de la articulación comunicacional como el oxígeno, como también lo demanda en lo político y en otros muchos planos.
A cinco años de que un pequeño núcleo de soñadores, de algunos países, inspirados por una idea de la Doctora Rosa Miriam Elizalde, entonces vicepresidenta primera de la Upec, y se sentaron alrededor de una mesa, en la sede la Unión de Periodistas y en el Hotel Nacional de Cuba, liderados por nuestro Partido, y de que otro grupo de personas e instituciones nacionales contribuyeran para darle forma a este Coloquio, casi la única certeza que nos acompaña es la de su necesidad apremiante, en un planeta caotizado, donde se lanzaron al precipicio sus más frágiles reglas de convivencia y de equilibrio y con institucionales para garantizarlo prácticamente inoperantes.
Para llegar a ese punto, tan lamentable como crítico para nuestra civilización, los poderosos y sus modernas y totalitarias plataformas comunicacionales han secuenciado la mentira y la manipulación como si se secuenciara el ADN. La comunicación, esa palabra tan esencial, necesaria y bella para nuestra especie, parece convertida en el espectro de un ángel perverso y degradante.
No hace falta irse cinco años atrás para encontrar las huellas de esa degradación, en la que el rastro de las víctimas se presenta como el de los victimarios. Basta repasar los pocos meses que llevamos de este 2026, cuando el nuevo fundamentalismo yanqui decidió que las únicas reglas serían las de su amoralidad, impuestas a través de su concepción de la «paz a través de la fuerza».
En este tiempo, que por su felonía puede medirse en siglos, vimos desfilar por plataformas y medios monopólicos campañas tras campañas manipuladoras sobre el inexistente cartel de los soles —luego borrado de un plumazo por el Departamento de «injusticias» norteamericano— para asaltar Venezuela en la madrugada y secuestrar a su presidente, Nicolás Maduro, y su esposa y diputada Cilia Flores —honor y gloria a los 32 cubanos que cayeron defendiéndolos—. También nos bombardearon comunicacionalmente sobre Irán y su amenaza nuclear terminada en invasión junto al gendarme israelí. Y seguidamente la pequeña, pacífica y solidaria Cuba fue satanizada en otra orden, ya no solo como patrocinadora del terrorismo, sino además como una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de Estados Unidos.
En estos días leíamos, seguramente con estupor e indignación, que se condenó a la palestina ocupada y arrasada a pagar indemnizaciones por terrorismo.
En este mundo donde se han codificado tantas violencias —de género, sexuales, contra los animales, y muchas otras—, apremia establecer un código civilizatorio contra la «violencia comunicacional». Frente a una humanidad impávida, esta devino en encubridora, apañadora y propulsora de las otras muchas que nos crucifican, sobre todo tras la auto-unción del nuevo mesías del caos y de la destrucción.
Fidel Castro Ruz, para los cubanos sencillamente Fidel, a quien está dedicado muy merecidamente en su Centenario este encuentro, agregaría que debemos unirnos, forjar un frente común universal contra la mentira organizada, oponerle una permanente Operación Verdad, como aquella que armó ante las iniciales campañas difamatorias contra la Revolución.
Y con ese frente, que es desde hace cinco años el Coloquio Internacional Patria —que en lo adelante tendrá felizmente su sede en La Habana—, seguir ensanchando, profundizando, enriqueciendo este eje articulador, formador y batallador por una conciencia crítica y movilizativa contra el nuevo desorden infocomunicacional global.
Fidel nos inspira, con su lucha y su legado —como nos dijo de alguna manera en el VII Congreso de la Unión de Periodistas— a arrebatarle esta arma al enemigo. Porque bien conocida, y manejada, es como si hubiese sido creada especialmente para nosotros, los marginados, esquinados y masacrados de la galaxia. Empuñarla para contribuir a sembrar frente al “brutalismo” imperial un renovado humanismo.
Resulta alocuente que hiciéramos coincidir este 5to. Coloquio con los 65 años de la Declaración del carácter socialista de la Revolución y de la victoria de Playa Girón. Esa coincidencia nos dice, simbólicamente, que el Patria nos arma para el Girón comunicacional del siglo XXI. Para esa otra victoria que, como la de aquel abril de amaneceres, sea otra derrota para el imperialismo en Cuba, en América y en el mundo.
El interés y masiva asistencia que ya se verifica en los talleres y el Patria virtual con todos los territorios del país dice bastante de ese afán de Cuba.
En la pelea por esa victoria estaremos en este archipiélago castigado, y junto a los hermanos del mundo, si es que, como bien exalta el compañero Miguel Díaz-Canel en los últimos días, no se imponen la prepotencia y el espíritu bárbaro por sobre el diálogo civilizado, y el enemigo se ve precisado —como plantó el titán Antonio Maceo—, a recoger el polvo de nuestro suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha.
Gracias por ser, y por estar… Con José Martí: Patria es humanidad…
Imagen de portada: Ricardo Ronquillo. Foto: Iván Gutiérrez.

