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ENTREVISTA

Ramón Labañino: “En Cuba mandamos los cubanos”

Uno de los “cinco héroes” que protagonizó el último gran triunfo diplomático de la Revolución analiza el escenario de la isla, mientras Trump profundiza el bloqueo para que el Estado socialista “no pueda sobrevivir”.

Las acciones promovidas en los últimos meses contra Cuba por el presidente estadounidense Donald Trump se pueden definir como parte de una estrategia de “asfixia total”, que trasciende el histórico bloqueo de la isla para convertirse en un cerco energético sin precedentes. Así, Washington admite que espera cosechar, con el asedio humanitario que afecta el día a día de la población, una eventual rendición del gobierno en La Habana.

Mientras Trump afirma que la isla está “a punto de caer”, la respuesta desde la óptica revolucionaria es de resistencia y reafirmación soberana, calificando las presiones de la Casa Blanca como una violación flagrante del derecho internacional que solo refuerza el sentimiento de unidad nacional frente a la injerencia externa.

Ramón Labañino es conocido mundialmente por ser uno de “Los Cinco Héroes” cubanos arrestados en Estados Unidos en 1998 mientras realizaba tareas de inteligencia sobre organizaciones terroristas de Miami que operaban contra Cuba. En un juicio plagado de irregularidades, fue condenado junto a sus compañeros René González Sehwerert, Antonio Guerrero Rodríguez, Gerardo Hernández Nordelo y Fernando González Llort.

Durante los años que estuvieron presos en cárceles estadounidenses se convirtieron en un símbolo de la lucha antiimperialista y se multiplicaron las campañas exigiendo su liberación. Ramón fue uno de los últimos en recuperar su libertad en diciembre de 2014, en el marco de los históricos acuerdos entre el presidente cubano Raúl Castro y el estadounidense Barack Obama.

Licenciado en Economía de la Universidad de La Habana, es vicepresidente de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores (ANEC) de Cuba y en esta entrevista exclusiva con Diario Red América Latina, analiza las consecuencias del recrudecimiento del bloqueo, el panorama internacional y su posible desenlace. Si bien considera que el país enfrenta “su peor crisis económica en décadas”, está convencido de que superarán la situación. “La historia nos respalda”, sentencia.

El bloqueo estadounidense lleva 64 años, no obstante las últimas medidas adoptadas por Donald Trump han profundizado las restricciones sobre Cuba, principalmente sobre el acceso a los combustibles y la energía ¿Qué impacto ha tenido esto en la vida cotidiana del pueblo cubano en las últimas semanas?

El impacto ha sido profundo y cruel. Y es que esta política está diseñada precisamente para causar el mayor sufrimiento posible, de manera tal que nuestro pueblo se levante en contra del gobierno para destruir la revolución.

Las recientes medidas anunciadas por la administración Trump incluyendo la amenaza de aranceles a países que suministran petróleo a la isla, nos han llevado a una situación de bloqueo energético que ha afectado todos los aspectos de nuestra sociedad. Esta escasez aguda de combustible ha obligado a nuestro gobierno a implementar medidas de racionamiento extremo para proteger los servicios esenciales.

En las últimas semanas, por ejemplo, tuvimos apagones que han llegado a afectar a más de la mitad del país de forma simultánea, con un déficit de generación que ha superado los 1700 MW. El transporte público se ha visto severamente limitado con una caída de más del 90% de algunos servicios interprovinciales y se ha restringido la venta de combustible a 20 litros por usuario y en divisas, lo que golpea directamente la economía familiar.

La economía cubana está en una recesión crítica, con una contracción del producto interno bruto superior al 4% en 2025 y una producción industrial en su punto más bajo en los últimos 40 años. Porque el bloqueo venía recrudeciéndose desde mucho antes, desde que empezó la administración de Trump.

En este contexto ¿qué pasaría si el gobierno estadounidense logra su objetivo de dejar a Cuba sin petróleo?

Cuba necesita unos 110.000 barriles diarios para funcionar con normalidad. Y a nivel nacional solamente producimos 40.000. Venezuela nos venía suministrando entre 27.000 y 30.000 por día, lo cual se ha interrumpido totalmente tras el secuestro del presidente Nicolás Maduro y el control de Estados Unidos sobre las exportaciones venezolanas. Por su parte México nos proveía de una cantidad promedio de 17.000 barriles diarios en los primeros nueve meses de 2025.

Sin duda alguna esto provoca una crisis energética interna. Los cortes de electricidad superan las 20 horas diarias en muchas zonas debido al colapso del sistema.

Otros elementos que también han impactado es que los precios se han disparado debido a la escasez. La inflación interanual fue del 14,75% a junio del 2025 y faltan medicamentos y alimentos básicos para nuestro pueblo.

Existe un colapso y una caída de sectores claves como el turismo, que es la fuente vital de divisas pero que ha tenido sus peores cifras en 20 años (excluyendo la pandemia) y la agricultura que está en sus mínimos más bajos también. Si se une a eso el aislamiento financiero del bloqueo endurecido que limita el acceso a la financiación externa y a los mercados internacionales impidiendo que Cuba pague importaciones o reactive su economía.

Un corte total de petróleo traería el colapso económico generalizado. Un estudio estima que la caída sería de un 27% en el producto interno bruto con un aumento de 60% en los precios de los alimentos y de un 75% en los costos del transporte. Una crisis humanitaria aguda que pudiera desencadenar una oleada migratoria y una parálisis total de los servicios básicos.

En resumen, Cuba enfrenta su peor crisis económica en décadas, agravada por la interrupción del petróleo venezolano y la presión de Estados Unidos sobre otros proveedores como México. Un corte total del suministro llevaría a un colapso socioeconómico y humanitario.

¿Qué medidas se están tomando en lo inmediato para enfrentar este nuevo escenario?

Nuestra respuesta ha sido que el gobierno revolucionario activó el plan de emergencia, actualizando los conceptos de la opción cero que aprendimos durante el “periodo especial” de manera tal que nos permita garantizar la supervivencia de la Nación.

Las medidas se enfocan en proteger los servicios esenciales y optimizar cada gota de combustible disponible. Se ha priorizado la generación eléctrica, el abastecimiento de agua, la producción de alimentos, los servicios de salud y, por supuesto, la defensa del país.

En el sector laboral y educacional se ha flexibilizado la jornada promoviendo el teletrabajo en la administración pública y ajustando los horarios docentes para minimizar el consumo energético.

En el turismo, una fuente principal de nuestra economía para obtener divisas, se ha procedido a la compactación de instalaciones hoteleras, concentrando los turistas en polos seleccionados para asegurar la mayor calidad posible del servicio, a pesar de las cancelaciones forzadas de los vuelos por la falta de combustible.

Al mismo tiempo se están facilitando los trámites para que todos los actores económicos privados puedan, si tienen posibilidad, importar su propio combustible, mostrando la flexibilidad y el ingenio de nuestro modelo para sortear la agresión externa.

Ahora más que nunca estamos buscando fórmulas que vienen de la inteligencia del cubano, del poder que tenemos de reconstruirnos, de reinventarnos y avanzar. Ninguna opción contempla, por supuesto, la rendición ante el imperialismo.

¿Cabe alguna autocrítica por no haber podido mejorar antes la capacidad energética de Cuba reduciendo la dependencia externa? ¿Hubiera sido posible hacerlo?

Creo que hemos sido severos con la autocrítica. Se han reconocido problemas y desviaciones. El propio gobierno cubano y su liderazgo han sido históricamente los primeros en realizar un análisis crítico de nuestra realidad económica. Hay que leer, por ejemplo, las palabras de nuestro primer ministro (Manuel) Marrero en la Asamblea Nacional del Poder Popular, donde de manera detallada, profunda, explicó todas las desviaciones, los problemas y los errores que se han cometido.

Es cierto que persisten vulnerabilidades estructurales en el sistema electroenergético, con un parque termoeléctrico sin un mantenimiento adecuado, eficiente y puntual. Y que se ha visto severamente limitado, por supuesto, por la falta de divisas.

Sin embargo, y vale recalcar esto, cualquier autocrítica debe enmarcarse en el contexto del bloqueo más prolongado y brutal de la historia. Una guerra económica total que nos ha negado sistemáticamente el acceso a tecnologías, a repuestos, a financiamiento y la posibilidad de integrarnos plenamente al mercado internacional.

Desde la revolución energética impulsada por nuestro comandante Fidel Castro se han dado pasos de gigante para llevar electricidad a cada rincón del país. Pero la asfixia financiera recrudecida por administraciones como la de Trump ha impedido la modernización necesaria.

El Banco Mundial señala que se requieren inversiones cercanas al 25% del producto interno bruto para mantener la infraestructura. Algo que es imposible bajo el bloqueo que nos arrebata más de 7.500 millones de dólares al año.

A pesar de todo esto, Cuba no ha renunciado a su meta de alcanzar el 100% de generación con fuentes renovables para el 2050. Con la instalación de parques fotovoltaicos como prioridad, demostrando que a pesar de las adversidades, la planificación y el futuro son una máxima de la revolución.

Si bien una mayoría abrumadora de países rechazan el bloqueo cada año en la Asamblea de Naciones Unidas, pocos parecen dispuestos a desafiar el bloqueo estadounidense. Por ejemplo México, que históricamente ha sido solidario con Cuba, interrumpió sus envíos de petróleo ante las presiones de Washington. Y excepto Rusia, otros países solo se plantean enviar “ayuda humanitaria” pero no combustible que es la principal necesidad de la isla en este momento. ¿Qué análisis hacés de este panorama internacional?

El panorama internacional que enfrentamos es un reflejo de la política de intimidación, la aplicación de aranceles y de todo tipo de sanciones que ejerce el imperialismo estadounidense. La reciente votación en Naciones Unidas donde 165 países exigieron el fin del bloqueo demuestra el abrumador rechazo mundial a esta política genocida.

Sin embargo, Washington impone su poder extra territorial amenazando a cualquier nación o empresa que ose comerciar con Cuba, lo que constituye una violación fragante del derecho internacional. El caso de México es un caso paradigmático. Aplaudimos la valentía de su presidenta Claudia Sheinbaum al calificar las medidas de injustas y enviar ayuda humanitaria con toneladas de alimentos. Pero la presión de Estados Unidos ha logrado frenar los envíos de crudo desde diciembre de 2025.

Esto no es falta de solidaridad, sino la evidencia de una política de garrote, la nueva Doctrina Monroe en su máxima expresión, que la Casa Blanca utiliza contra sus propios vecinos para doblegarlos a sus intereses.

En cuanto a Rusia, su solidaridad política es clara. Las complejidades logísticas y contexto internacional actual muestran que el camino no es sencillo. Sin embargo, la comunidad internacional mayoritaria está con Cuba y esta fuerza moral y política es un arma crucial en nuestra lucha.

Cuba es miembro asociado de los BRICS ¿Qué está haciendo esta organización de países para ayudar a la isla?

La incorporación de Cuba como país asociado a los BRICS a partir de enero de 2025 sin duda alguna es un paso de enorme importancia estratégica. Y un reconocimiento al prestigio de nuestra nación en el sur global.

Abre un espacio privilegiado para la cooperación y el intercambio con algunas de las economías más dinámicas del planeta, que representan una parte sustancial del producto interno bruto mundial y que comparten una visión de un orden internacional más justo y multipolar, más solidario y más equilibrado.

Aunque los mecanismos de ayuda y cooperación están en fase de desarrollo, pertenecer a los BRICS nos brinda un marco invaluable para sortear el bloqueo. Nos permite explorar nuevas fuentes de financiamiento, acceder a tecnología y establecer alianzas comerciales con sectores estratégicos como la energía, la biotecnología y la agricultura.

Y todo ello fuera del control hegemónico de Estados Unidos. Es una plataforma que potencia nuestra capacidad de resistir y avanzar en la construcción de un futuro próspero, diversificando nuestras relaciones internacionales y reduciendo nuestra vulnerabilidad ante las agresiones imperialistas.

Estas nuevas medidas de bloqueo limitan mucho más tanto el ingreso como egreso de la isla de personas y productos, provocando una situación de mayor aislamiento del territorio similar a la practicada por Israel en la Franja de Gaza con el objetivo de generar desesperación en la población ¿Coincidís con esta apreciación? ¿Son comparables?

Coincidimos plenamente en que las medidas anunciadas por Trump tienen el objetivo final genocida de someter al pueblo cubano a condiciones de existencia tan duras y difíciles que generen desesperación y lleven al abandono de la revolución.

El funcionario de la cancillería cubana Asdrúval de la Vega lo ha definido como una guerra económica con precisión quirúrgica y es exactamente así. Atacándonos en los lugares donde más daño nos pueden hacer para deprimir el nivel de vida de la población, que es lo que buscan. La persecución financiera, la prohibición de que bancos de terceros países nos vendan combustibles y la interrupción de viajes son sin duda tácticas de asfixia y aislamiento.

Ahora bien, cada conflicto tiene sus particularidades y no nos corresponde a nosotros hacer analogías históricas. Sí afirmamos que el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba encaja en la definición de acto de guerra ilegal. Un acto de guerra cruel, despiadado, inusual y extraordinario. Un cerco que busca la inmovilidad total del país.

El propósito es el mismo que cualquier bloqueo criminal: aislar y doblegar a un pueblo por la fuerza, impidiendo ejercer su derecho soberano a la autodeterminación. La comunidad internacional, incluyendo los relatores de la ONU, han denunciado que estas medidas coercitivas unilaterales violan los derechos humanos de toda la población cubana, especialmente de los más vulnerables.

Cuba sobrevivió al período especial en condiciones durísimas, sin embargo han pasado ya 30 años y tanto la isla como el mundo han cambiado. Existen nuevas generaciones que han crecido en otro contexto y tienen otras expectativas. A esto se suma que Trump habló explícitamente de que busca que la revolución caiga “antes de fin de año” ¿Considerás que el pueblo cubano podrá superar esta nueva ofensiva del imperialismo? ¿Por qué?

No solo sobreviviremos, sino que venceremos a esta nueva ofensiva, como hemos vencido en las últimas seis décadas. La historia nos respalda.

La generación histórica nos enseñó a resistir en las peores condiciones y las nuevas generaciones de cubanas y cubanos, a pesar de haber crecido en un contexto diferente, han demostrado ante cada desafío —desde la pandemia hasta el recrudecimiento del bloqueo—, su lealtad a la patria y su vocación antiimperialista. La conciencia de nuestra juventud formada en las aulas y en la práctica diaria es la mejor garantía de la continuidad de la revolución.

Hay que destacar que nuestra revolución es autóctona, nadie nos la impuso. Es una revolución hecha a fuego y sangre contra el imperialismo norteamericano y vivimos muy profundamente el legado de ser libres, independientes y soberanos. En Cuba mandamos los cubanos.

Los 32 héroes nuestros que se batieron frente al imperialismo en la agresión contra Venezuela nos obligan también a ratificar nuestra fidelidad con esa hazaña tan enorme que ellos dieron por nuestro pueblo.

Cada vez que Cuba es agredida o se trata de intimidar, lo único que produce es fortaleza en la unidad nacional. Crece el antiimperialismo, crece la idea de independencia y soberanía que no puede ser violada por ningún país por poderoso que sea. Las declaraciones de Donald Trump revelan la desesperación del imperio que no puede doblegar a un pueblo digno.

Sus cálculos fallan, porque en realidad no conocen a Cuba, no entienden la esencia de la revolución cubana. Cuba no es un régimen, es una obra de amor, de justicia social y de soberanía que late en el corazón de millones. Como señaló el canciller Bruno Rodríguez, su objetivo es quebrar la voluntad política del pueblo cubano, pero no conocen la fibra de esta nación.

Frente a la arrogancia imperial, responderemos con más unidad, con más creatividad, con más resistencia y resiliencia. Superaremos esta prueba con optimismo, seguros de que la victoria final será nuestra porque estamos defendiendo la independencia conquistada con sangre, fuego y sacrificio (Tomado de Diario Red América Latina).

Imagen de portada: Foto de ACN.

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Santiago Mayor
Santiago Mayor es periodista y se especializa en el mundo del trabajo. Ha escrito para El Salto y Jacobin.

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