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“El mundo actual necesita tanto de la ONU, como aquel en el cual nació”

A un esfuerzo conjunto entre las naciones del mundo para arreciar la lucha contra la COVID-19 llamó este 22 de septiembre el presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en su intervención en el debate general de alto nivel del 75 Periodo de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

“Nuestras fronteras se han cerrado, nuestras economías se contraen, nuestras reservas se agotan, la vida sufre el radical rediseño de costumbres ancestrales, y la incertidumbre desplaza a la certeza. Hasta los mejores amigos se desconocen de las mascarillas que nos salvan del contagio. Todo cambia…”, señaló el mandatario en la sesión, a la cual los líderes mundiales han mandado sus mensajes en video desde sus respectivos países, debido a la contingencia sanitaria internacional.

 

Díaz-Canel enfatizó en que el impacto rebasa con creces el ámbito sanitario por sus nefastas secuelas y la impresionante cantidad de muertes, así como por el daño a la economía mundial y el deterioro de los niveles desarrollo social: “La expansión de la epidemia en los últimos meses angustia y desespera a líderes y ciudadanos de prácticamente todas las naciones”.

También, enfatizó que aunque el virus del Sars-CoV-2 no discrimina entre ricos y pobres, sus devastadores impactos económicos y sociales agravan la situación en las naciones subdesarrolladas, siendo más letal en las personas más vulnerables y de menos ingresos.

“La crisis multidimensional que ha desatado demuestra, claramente, el profundo error de las políticas deshumanizadas impuestas a ultranza por las dictaduras del mercado. Hoy somos dolorosos testigos del desastre al que ha conducido al mundo el sistema irracional e insostenible de producción y consumo del capitalismo”.

No podemos enfrentar la COVID-19, el hambre, el desempleo y la creciente desigualdad económica y social entre individuos y entre países como fenómenos independientes. Urge implementar políticas integrales en las que el ser humano sea la prioridad, y no las ganancias económicas o las ventajas políticas. Sería criminal dejar para mañana decisiones de ayer y de hoy. Es un imperativo impulsar la solidaridad y la cooperación internacional para amortiguar el golpe”.

El mandatario dijo que la aparición del Sars-CoV-2 y los primeros indicios de que amenazaba con provocar una pandemia no tomaron a Cuba desprevenida. La nación cuenta con experiencia de décadas de enfrentamiento a epidemias –algunas introducidas de manera deliberada, como parte de la guerra al sistema político cubano-, por lo que se pusieron en práctica medidas resultantes de ese devenir histórico en el campo científico y sanitario.

Igualmente, apuntó que se ha logrado el enfrentamiento exitoso a la COVID-19 en suelo nacional, a pesar del recrudecimiento en el mandato de Donald Trump del Bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos a Cuba y que impacta, de manera directa, en la Salud Pública de la Isla.

Asimismo, Díaz-Canel denunció la doble moral del gobierno norteamericano en la lucha contra el terrorismo al descalificar como ataque terrorista el asalto con un rifle armado a la sede diplomática antillana en su territorio; y reclamó el cese de las campañas difamatorias contra la cooperación médica internacional cubana.

Referente a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el presidente cubano enfatizó en que urge una reformación de “esta poderosa organización que emergió del millonario costo de vida de dos guerras mundiales, y como resultado de la comprensión universal de la importancia del diálogo, la negociación, la cooperación y la legalidad internacional. No puede demorar más su actualización y su democratización. El mundo actual necesita tanto de la ONU, como aquel en el cual nació”.

Ante la comunidad internacional, Díaz-Canel ratificó el apoyo de Cuba a los pueblos y gobiernos de Venezuela y Nicaragua, y con las naciones del Caribe que exigen reparaciones por la trata de esclavos y la esclavitud; reafirmó el compromiso histórico con la libre determinación y la independencia de Puerto Rico; apoyó el reclamo de Argentina sobre las Islas Malvinas, Islas Georgias del Sur y Sandwich del Sur; reiteró el compromiso con la paz en Colombia y la búsqueda de una solución pacífica y negociada a la situación impuesta a Siria.

Igualmente, demandó una salida justa al conflicto en Medio Oriente, y al derecho inalienable del pueblo palestino a construir su propio estado dentro de las fronteras anteriores al año 1967 y con su capital en Jerusalén oriental; rechazó el intento de Israel de anexarse nuevo territorios en Cisjordania; condenó las sanciones impuestas por Estados Unidos a Irán y a la República Democrática Popular de Corea, la injerencia en asuntos internos de Bielorrusia y China, y el intento de extender la presencia de la OTAN hasta las fronteras de Rusia. También, reafirmó la solidaridad con el pueblo saharaui.

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