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ENTREVISTA

Cuando la profesión llega temprano

Lioscha Mazorra Brito nació en Ciego de Ávila en 1978, pero con tan solo cuatro años se convirtió en una capitalina más. Y es que, al igual que su hermana mayor, le descubrieron un problema genético que afecta su visión, una patología de poca frecuencia, por lo que en La Habana podía tener mejor atención médica y acceso a la educación en la Escuela de Ciegos y Débiles Visuales.

De su infancia atesora bellos momentos en esa institución. “Los turnos en la biblioteca, que eran los mejores. Recuerdo con mucho cariño a mi primera bibliotecaria, Isabel Portales Tamayo, la primera en acercarme a un libro”.

Con la emoción en los ojos describe libros en relieve que marcaron su infancia, aquellos que eran confeccionados en ocasiones por las propias maestras y bibliotecarias para que sus alumnos pudieran desarrollar mejor sus habilidades. Y es que ahora, cuarenta y cuatro años después, Liosha afirma que fueron esos instantes los que la llevaron a amar la profesión que hoy ejerce.

En su juventud soñaba con estudiar Química, pero al no poder ver los colores de las reacciones químicas, se vio frustrada porque en aquellos tiempos no existían los mecanismos necesarios para que se desarrollase en lo que ella quisiera.

Luego pensó en la Psicología; sin embargo, no pudo llegar a ella, por lo menos no en ese instante. Estudió Licenciatura en Educación Especial, porque es “lo más parecido a la psicología” a la que se quería dedicar.

Fue maestra en la escuela que la vio crecer, pero como la vida sabe de vueltas y azares, volvió al lugar en que vivió los más emocionantes momentos de su niñez: la biblioteca. Volvió al refugio que la enseñó a pensar en libros, a amarlos.

Y aunque estuvo en muchas otras bibliotecas, llegó hasta la sala Frank Emilio Flynn en la Biblioteca Nacional José Martí, donde su trabajo diario consiste en buscar las maneras para que todas las personas tengan la opción de leer o escuchar un libro y enriquecerse de conocimientos.

Lioscha es consciente de que la vida es actitud y perseverancia. Y es precisamente por esa última cualidad que está a punto de graduarse como psicóloga, profesión que piensa ejercer desde su puesto en la biblioteca.

–Si el presupuesto fuera infinito, ¿cuál sería su proyecto soñado en la biblioteca?

“Esta sala atiende todo tipo de discapacitados. Si hubiera ese recurso infinito, tendríamos todos los recursos necesarios: escáneres para procesar el libro en físico y llevarlo a audio más rápido, no solo para las personas con discapacidad visual, también para las personas adultas mayores que están en situación de discapacidad; existiría el mobiliario adecuado para que una persona en silla de ruedas pueda acceder a una computadora; existiría la tecnología para que una persona limitada físico-motora pueda hacer uso de la tecnología usando el habla.

“Tendríamos en esta sala todos los libros de lectura fácil que se puedan, para uso de las personas con discapacidad intelectual, para usuarios de lengua de señas; tendríamos intérpretes. Pudiéramos tener una ludoteca para que niños, jóvenes y adultos con discapacidad intelectual puedan hacer manualidades; un espacio de concentración para ellos Tambien habría un espacio para personas con déficit de atencion o hipersensibilidad.”

Y mientras pensaba en una mejor biblioteca, soñaba con brindar la información que cada ser humano necesita, en el soporte que fuera. Se emocionaba con la idea porque para ella ser bibliotecaria “es atesorar, quizás no toda la información del mundo, pero sí saber dónde buscarla. La función del bibliotecario no es solo brindarte la información que necesitas, es abrir delante de esa persona un nuevo mundo de conocimientos que no sabía que necesitaba”.

–¿Qué le ha enseñado su oficio sobre el ser humano que jamás pensó aprender en una biblioteca?

“Existe una gran diversidad de personas. Dos personas con discapacidad visual no ven de la misma forma, nadie ve igual a nadie. Dos personas con discapacidad físico-motora no perciben el mundo del mismo modo. Esa enseñanza me ayuda a ser cada día más sensible, a tener ese acercamiento con cada persona como un mundo nuevo. Mi oficio me ha preparado no solo para atender usuarios aquí dentro, sino también para ver el mundo distinto allí afuera.”

Imagen de portada: Para Lioscha “la función del bibliotecario no es solo brindarte la información que necesitas, es decir, hay más”. Foto de Sofía González Angulo.

 

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