Transcurría la década de los años 70, cuando las dictaduras militares en Sudamérica, habían impuesto el terror y el crimen contra los pueblos, y en la que decenas de periodistas comprometidos con la verdad, fueron asesinados, mientras otros cientos tendrían que abandonar sus países, y marchar a naciones solidarias, fundamentalmente México y Cuba, donde recibieron abrigo, amor y trabajo.
Eran los años cuando el Plan Cóndor ideado y financiado por los Estados Unidos, no dejaba al azar la más mínima posibilidad de disensión y menos aún, de que algún medio de prensa se atreviese a criticar la brutalidad de carabineros, los vuelos secretos desde donde se lanzaban seres humanos hacia el mar, las más terribles torturas o el robo de hijos o nietos de madres muertas o detenidas en los campos de concentración al estilo nazi creados en Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay o Brasil.
La FELAP nació en medio del reclamo de solidaridad que hacían los colegas que tuvieron que abandonar sus países y refugiarse en otros.
Desde el punto de vista mediático, el monopolio informativo de los grandes medios al servicio de las oligarquías, no reparaba en el ejercicio profesional que sufrió censura, atropello, y en muchos casos el despido de quienes no se plegaban a los intereses de del poder.
En ese contexto nació —precisamente en México—, la Federación Latinoamericana de Periodistas, FELAP, el 7 de junio de 1976, hace ahora, 50 años.
Ese día y gracias al denodado esfuerzo de dirigentes gremiales de distintos países de América Latina, y a la colaboración material y solidaria del gobierno mexicano de entonces, y en especial del presidente, Luis Echeverría, coincidíamos en la capital mexicana, colegas de sindicatos, colegios y uniones de periodistas de América Latina y el Caribe.
Una oportunidad única, necesaria —yo diría imprescindible— para unir voluntades y emprender un camino, difícil y desafiante, que reivindicara la profesión, su ética, su compromiso con la verdad.
Estábamos convencidos que una organización como la FELAP, era un aliento para promover planes conjuntos, y proteger a un gremio diezmado por las fuerzas de los regímenes fascistas, llegados al poder a través de sangrientos golpes militares en varios países de Sudamérica.
Los periodistas que tuvieron que abandonar sus naciones y marchar al exilio, no solo necesitaban abrigo y trabajo, sino, también, amor y apoyo para que la esperanza no se marchitara.
En el empeño de crear la FELAP y de hacer que sus asociados se sintieran parte de ella, vale recordar a los compañeros identificados con el proyecto, como el peruano Genaro Carnero Checa, su primer secretario general, el venezolano Eleazar Díaz Rangel, su primer presidente, el mexicano Luis Suárez, quien además de conseguir la sede en la capital mexicana, luego fue secretario general por más de una productiva década, el chileno Hernán Uribe y el presidente de la UPEC, Ernesto Vera, uno de los bastiones, no sólo para que naciera la organización, sino que propició que Cuba acogiera cada año los Seminarios Latinoamericanos de Periodistas, y auspiciara muchas otras actividades contenidas en el proyecto de trabajo de la organización gremial.
Otros muchos colegas latinoamericanos y caribeños, inscribieron sus nombres, y prestigiaron a la organización con la afiliación y apoyo a los planes elaborados.
La delegación de la UPEC al Congreso fundacional de la FELAP, estuvo integrada por Ernesto Vera, Baldomero Álvarez Ríos, Carlos Mora, Magaly García, Roberto Pavón, Elson Concepción y Sergio Medina.

En el transcurso de los tres primeros Congresos, el constitutivo, celebrado en México, el segundo en Caracas y el tercero en Panamá, representé a la Unión de Periodistas de Cuba en el Consejo Directivo de la FELAP, hasta 1984 cuando pasé a representar a América Latina en la Organización Internacional de Periodistas, OIP, en Praga.
Durante la primera década de la naciente organización de periodistas, entre los que trabajaron denodadamente en la consolidación de la Federación y en el fortalecimiento de sus vínculos con sus similares de cada país de la región, también cuentan los nombres del nicaragüense Danilo Aguirre y el cubano Baldomero Álvarez, en ambos casos como Secretario Generales en uno y otro período de tiempo, antes de 1984.
Y, aunque 50 años pesan en nuestra memoria, quiero destacar algunos colegas, activos impulsores de la FELAP. Entre ellos, los ecuatorianos Rodrigo Santillán y Marcelo Cevallos, los panameños Norma Núñez, Baltazar Aizpurúa, Iván Zurita y Euclides Fuentes Arroyo, los nicaragüenses Juan Molina y Lily Soto, el jamaicano Ben Brodie, el costarricense Vernei Quiroz, entre otros muchos.
También figuraban en esa etapa inicial, José Gómez Talarico (Brasil) y Luis Jordá Galeana (México).

La FELAP tuvo siempre el apoyo moral y material de la Organización Internacional de Periodistas (OIP), cuyos aportes económicos y colaboración profesional, le permitieron la realización de proyectos gremiales de importancia.
Albergó también, como organismos asociados, a más de 50 instituciones ligadas al estudio y la práctica de la comunicación y el periodismo, como centros de investigación, escuelas de periodismo, bibliotecas especializadas, agencias de noticias y otras publicaciones.
Hoy hay más razones que nunca para recordar el contexto en que nació la FELAP, más aún cuando vivimos en una guerra mediática. Contra el periodismo ético arremeten hoy, los monopolios informativos que se han apoderado de los grandes medios, generalmente al servicio del gran capital, y que quieren imponer su matriz, aunque para ellos la bandera que se use sea la de la mentira.
La guerra comunicacional es parte muy importante de quienes hacen gala de su poder militar, para actuar contra los pueblos, bajo cualquier pretexto construido por la potencia hegemónica, como ocurre respecto a lo que hace el gobierno actual de Estados Unidos, lo mismo para emprender una agresión militar contra la República Islámica de Irán, que para apoderarse del petróleo venezolano, o en su peligroso accionar para emprender ataques militares contra Cuba.
Los periodistas latinoamericanos y caribeños que recordamos el nacimiento y labor inicial de la Federación Latinoamericana de Periodistas, debemos revivir y fortalecer, en primer lugar, el compromiso con la ética y la verdad, y hacer filas, siempre a la vanguardia, para que nuestra región sea una verdadera zona de paz, que no permita que sean las agresiones, los secuestros y las mentiras, las que determinen el devenir de nuestro mundo.
Imagen de portada: Delegación de periodistas cubanos asistentes el Congreso constitutivo de la FELAP, en México, 1976. Foto: Cortesía del autor.

