Luis Suárez fue un periodista sevillano, que durante su juventud, además de ejercer en Unión Radio de Sevilla, y el diario El Liberal, participó en la Guerra Civil española, en la que obtuvo el grado de capitán de las fuerzas republicanas. Fue líder de la Juventud Socialista Unificada y estuvo también en las milicias republicanas. En 1939 fue encarcelado cuatro meses y luego viajó a México, donde vivió y trabajó hasta el último día de su vida.
En México, trascendió fronteras y dejó huellas en toda América Latina y El Caribe, y también allende los mares.
Fue quizás el mayor artífice en la creación de la Federación Latinoamericana de Periodistas, y en buscar condiciones en México para albergar la sede de la organización y convertir aquel espacio en un refugio para los periodistas exiliados en la nación azteca.
Luego, sustituyó a Genaro Carnero Checa, como secretario general de la organización que había nacido el 7 de junio de 1976.
Decir FELAP en América Latina y el Caribe era el equivalente a decir Luis Suárez, desde la fundación en México, hasta su fallecimiento el 1 de junio de 2003.
Junto a prestigiosos colegas como el venezolano Eleazar Díaz Rangel, el cubano Ernesto Vera, el chileno Hernán Uribe, y otros, convirtieron a la naciente organización en una pujante expresión de actividad periodística, donde se abrieron espacios para la formación profesional, de análisis de los temas más diversos dentro del actual mundo del periodismo y la comunicación, y cuidando que cada gremio nacional fuese parte importante de los planes generados por la FELAP.
Periodista nato y hombre ejemplar, Luis Suárez, siempre brilló por sus dotes de liderazgo, lo cual nunca ostentó, pero que los hechos lo mostraban. Un hombre culto, identificado con las mejores causas, dentro del periodismo y en el contexto social de cada nación.
Libró una lucha frontal contra los monopolios mediáticos, y fue un fiel exponente de apego a las causas revolucionarias del continente.
Mérito más que suficiente el de haber participado en entrevistas y diálogos con muchos líderes, principalmente latinoamericanos, como Fidel Castro, Ernesto Che Guevara y Salvador Allende, y también el soviético Nikita Kruschev.
Al morir en el año 2003, nos dejó la gran tarea — todavía incumplida—, de fomentar un nuevo orden internacional de la información y la comunicación, y de lograr un gremio latinoamericano más unido, dentro de una FELAP que sintió suya y a la que dedicó gran parte de su vida.
Su hija Aurora dijo que, para su padre, el “periodismo es una profesión en la que siempre estuvo delante, honradamente, siempre fue consecuente con sus ideas”.
“Así lo hizo toda su vida; hay muchas pruebas de eso en su carrera, en su trabajo, en su compromiso con los pueblos oprimidos, en favor de Cuba y su Revolución”, enfatizó.
Escribió una treintena de libros, entre ellos Confesiones de Diego Rivera; España comienza en los Pirineos; Echeverría rompe el silencio; Lucio Cabañas, el guerrillero sin esperanza; Boda en Juchitán; ¿México invadido?; La otra cara de Afganistán; Cárdenas, retrato inédito; Entre el fusil y la palabra, y sus memorias Puente sin fin.
Imagen de portada: Con Luis Suárez, secretario general de la FELAP y Gerard Gatinot, secretario general del Sindicato Nacional de Periodistas de Francia. Foto: Cortesía del autor.

