Si alguien aún cree en la fábula de La Casa Blanca como protector de los intereses legítimos de una población X, en un país X, donde resulta urgente “restaurar la democracia” y “garantizar” los derechos de la ciudadanía, puede considerarse una persona verdaderamente ingenua.
Ese, el discurso estándar de Washington, si bien cada día se torna más inverosímil, no ha dejado de ser el pretexto más socorrido en la gaveta gubernamental estadounidense para varios propósitos.
Por ejemplo, ejercer injerencia política en terceros países, influir en la opinión pública en favor de sus intereses y en detrimento del gobierno “rival” que no se le someta, y controlar fuera de sus fronteras recursos naturales estratégicos que respalden, a precios “de gallina enferma” la superproducción de las transnacionales estadounidenses.
Basta repasar la amplia lista de naciones que han sido objeto de intervenciones militares de Estados Unidos, para saber que en todas hay un denominador común: grandes reservas de petróleo, la materia prima base para el funcionamiento de cualquier economía.
Petróleo, siempre petróleo
En agosto de 2022, reportes de prensa en Siria se hacían eco de un suceso recurrente: tropas estadounidenses trasladaban a Irak un cargamento de 89 camiones cisterna con petróleo sirio, pirateado de los yacimientos de la región de al-Yazira, provincia oriental de Deir Ezzor, en ese país Árabe.
Hacía solo una semana otra operación similar, en formato de caravana compuesta por 144 camiones cisternas, entró en territorio iraquí por el cruce ilegal de Mahmoudiye, en el nordeste de Hasakeh, con hidrocarburo robado de Siria.
Pero el hecho no se subscribe solo a 2022. Desde 2011 y casi hasta la actualidad no ha sido difícil leer cada semana la noticia de camiones cisterna estadounidense extrayendo petróleo de ese país.
Y es que Washington, trajeado con la casaca de “apoyar la lucha contra el terrorismo” coló sus tropas en Siria durante la guerra civil y, una vez allí, ocupó alrededor de un tercio de ese país y saqueó miles de millones de dólares en petróleo y alimentos, según datos revelados en 2023.
Cifras divulgadas por Damasco revelan que EE. UU. saqueó el 80 % del crudo producido en la nación árabe, unos 66 000 barriles diarios.
Aún a las alturas de 2024, persistía el fenómeno no solo del robo de petróleo, sino también de alimentos.
Un despacho de febrero de ese año, emitido por la agencia estatal Siria de noticias, SANA, apuntaba que fuerzas estadounidenses trasladaron a sus bases en Iraq a través del cruce ilegal de Al-Walid, un convoy de 76 camiones cargados de trigo y cebada.
Irak: no habían armas de destrucción masivas, pero sí petróleo
En Oriente Medio, la concentración de reservas de hidrocarburos es extraordinaria. La región agrupa a la mayoría de los miembros de la Organización de Países Productores y Exportadores de Petróleo (OPEP).
La OPEP se fundó en el año 1960 justamente en Bagdad, capital de Irak, el segundo país productor de crudo de la organización después de Arabia Saudita, y poseedor de la quinta mayor reserva probada de petróleo crudo después de Venezuela, Arabia Saudita, Canadá e Irán.
Entonces no parece fortuito que en 2003 La Casa Blanca desempolvara de su alacena de excusas la existencia de Armas de Destrucción Masivas en ese país árabe.
Un artículo publicado en marzo de 2013, diez años después de la guerra de Irak, en el medio francés Le Monde Diplomatique, desenmascaró el verdadero propósito de lanzar una invasión contra ese país:
“La guerra de Irak, que desde marzo de 2003 dejó al menos 650.000 muertos, 1.800.000 exiliados e idéntica cantidad de desplazados, ¿fue una guerra por el petróleo? A pesar de las negativas de George W. Bush, de su vicepresidente, Richard (“Dick”) Cheney, de su secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, y de su fiel aliado Anthony Blair, primer ministro británico en el momento de la invasión, el historiador ahora puede responder a esta pregunta de forma afirmativa, gracias a una serie de documentos estadounidenses recientemente desclasificados”.
Ese propio año, en otro material periodístico sobre el tema, el mismo rotativo señaló:
“La invasión estadounidense de Irak tenía claramente como objetivo el control del petróleo, tal y como confirman los documentos recientemente desclasificados…”.
Actualmente las exportaciones iraquíes de petróleo crudo a Estados Unidos superan los 200 000 barriles diarios (bpd), según datos de la Administración de Información Energética estadounidense. Mientras, las armas de destrucción masiva nunca se encontraron.
Irán, el gigante petrolero que intentan doblegar
Cuando semanas atrás el portaaviones estadounidense USS Abraham Lincoln finalmente se posicionó cerca de Irán, era evidente que las “negociaciones” sobre el programa nuclear iraní eran una nueva trampa diplomática de Washington.
Aun así, para quien todavía confiara en las “buenas” intenciones del equipo “negociador” de La Casa Blanca, la aparición del Gerald R. Ford, el buque de guerra más grande del mundo, en las costas del Mediterráneo, fue la confirmación de que Estados Unidos no buscaba precisamente conversar: y es que la paz nunca ha sido su fuerte.
Semejante despliegue castrense apuntaba en una sola dirección: puertas adentro del despacho Oval se cocinaba una guerra contra Irán, con las rondas de diálogos nucleares en Mascate y Ginebra como meros entreactos previos a su inicio.
Y es que Irán posee el cuarto mayor depósito de petróleo crudo del mundo con 155 600 millones de barriles, y la segunda mayor reserva de gas natural de todo el orbe
El país persa es el tercer mayor productor de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), y extrae alrededor del 4,5% del suministro mundial de crudo. Su producción ronda los 3,3 millones de barriles por día, además de 1,3 millones de bpd de condensado y otros líquidos.
En un contexto global donde la energía sigue siendo un pilar estratégico, el petróleo iraní —sobre todo las variedades Iranian Light Crude Oil (Irán Light), Iranian Heavy Crude Oil (Irán Heavy)— representan una legítima fuente de riqueza. Además, el país cuenta con reservas de gas natural ascendentes a 34 billones de metros cúbicos.
Entonces no es difícil suponer que el verdadero móvil de Washington por aquellos lares no es precisamente neutralizar las capacidades de Teherán para fabricar una bomba nuclear, sino controlar las enormes reservas mundiales iraníes de hidrocarburos.
Como antes Irak y Siria, Irán es ahora el diamante energético de turno para los Estados Unidos en Oriente Medio. Ni a la “paz mediante la fuerza” ni al “desarme nuclear”: hoy todos los caminos de la “política exterior” de Washington solo conducen al petróleo.
Imagen de portada: Convoy de camiones de la fuerza área estadounidense trasiega el petróleo robado de Siria a Irak. Foto: Al Mayadeen.

