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Documentos desclasificados vuelven sobre el atentado del vuelo 455 de Cubana

El National Security Archive de la Universidad George Washington publicó este 8 de octubre una selección de diez documentos de inteligencia estadounidenses sobre el atentado que destruyó en pleno vuelo una aeronave de Cubana de Aviación el 6 de octubre de 1976 y provocó la muerte de sus 73 ocupantes. Los registros del FBI, la CIA y otras instituciones estadounidenses reconstruyen información obtenida antes y después del crimen sobre Luis Posada Carriles, Orlando Bosch y los hombres que colocaron los explosivos.

Cincuenta años después del atentado contra el vuelo 455 de Cubana de Aviación, documentos producidos por las propias agencias de inteligencia y seguridad de Estados Unidos vuelven a colocar sobre la mesa detalles de uno de los episodios más graves de terrorismo contra la aviación civil en el continente americano.

El National Security Archive, centro de investigación de la Universidad George Washington especializado en la obtención y publicación de documentación gubernamental desclasificada, difundió este 8 de octubre un dossier titulado Cubana Flight 455: An Act of Aviation Terrorism 50 Years Later.

La publicación, editada por Peter Kornbluh, director del Cuba Documentation Project de esa institución, reúne diez registros procedentes fundamentalmente de la CIA y el FBI, además de documentación del Departamento de Estado, autoridades de Trinidad y Tobago y la Oficina del Fiscal Independiente que investigó el escándalo Irán-Contra.

No se trata simplemente de una reconstrucción retrospectiva realizada medio siglo después. Una parte sustancial de los documentos fue producida en los días y semanas inmediatamente posteriores al atentado y recoge la información de la que disponían las agencias estadounidenses acerca de sus presuntos organizadores, sus contactos y las operaciones violentas que desarrollaban desde Venezuela.

El crimen que costó la vida a 73 personas

El 6 de octubre de 1976, un avión DC-8 de Cubana de Aviación que realizaba el vuelo CU-455 cayó al mar frente a las costas de Barbados después de que explotaran artefactos colocados en su interior.

Murieron las 73 personas que viajaban a bordo, entre pasajeros y tripulantes. Entre las víctimas se encontraba el equipo juvenil cubano de esgrima, que regresaba a la Isla después de participar exitosamente en una competencia deportiva regional.

De acuerdo con los documentos policiales recuperados por el National Security Archive, los explosivos fueron ocultados dentro de un tubo de pasta dental y preparados para detonar después de que quienes los habían introducido en el avión abandonaran la aeronave durante una escala.

Las investigaciones condujeron rápidamente a Hernán Ricardo Lozano y Freddy Lugo, quienes trabajaban para una empresa de seguridad vinculada a Luis Posada Carriles. A partir de sus interrogatorios y de otras fuentes de inteligencia comenzó a reconstruirse una trama que apuntaba hacia Posada Carriles y Orlando Bosch.

Un informe del FBI apenas 24 horas después

El primero de los diez documentos seleccionados por el Archivo resulta particularmente significativo por su fecha.

Se trata de un cable secreto del FBI fechado el 7 de octubre de 1976, apenas un día después de la destrucción del avión.

Según el resumen publicado por el National Security Archive, fuentes en Caracas ya comunicaban entonces información que señalaba a Luis Posada Carriles y Orlando Bosch como responsables de la organización del atentado. El reporte también advertía de movimientos dirigidos a facilitar su salida de Venezuela.

La importancia del documento radica precisamente en su proximidad temporal con el crimen. No refleja una conclusión elaborada décadas después, sino información que circulaba dentro de organismos estadounidenses cuando apenas habían transcurrido horas desde el atentado.

Posada y Bosch fueron detenidos en Venezuela pocos días después.

“Vamos a atacar un avión cubano”

Uno de los registros más relevantes de la colección procede de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos.

El informe secreto de la CIA del 14 de octubre de 1976 reconstruye actividades desarrolladas por Orlando Bosch durante su estancia en Venezuela.

El documento recoge información proporcionada por una fuente de la inteligencia estadounidense sobre una reunión celebrada en Caracas en septiembre de aquel año para recaudar fondos destinados a Bosch y a la Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas, conocida por sus siglas CORU.

Pero el elemento más trascendente aparece en la información relacionada con Posada Carriles.

Según ese reporte, días antes del atentado una fuente escuchó a Posada afirmar que “vamos a atacar un avión cubano” y que “Orlando tiene los detalles”.

Otro documento incluido en la selección —un memorando del Buró de Inteligencia e Investigación del Departamento de Estado dirigido al secretario de Estado Henry Kissinger el 18 de octubre de 1976— vuelve sobre esa información.

El memorando señala que una fuente de la CIA había escuchado la afirmación de Posada antes de la destrucción del avión. El National Security Archive precisa, sin embargo, que esa información aparentemente no llegó a la CIA hasta después de ocurrido el atentado.

Esa distinción temporal es relevante. Los documentos demuestran la existencia de una fuente que había obtenido anticipadamente la declaración, pero el dossier no sostiene que la dirección de la CIA conociera necesariamente esa información antes del 6 de octubre.

Los contactos de los sospechosos con un agente del FBI

La selección incluye además dos informes remitidos por el entonces director del FBI, Clarence M. Kelley, al secretario de Estado Henry Kissinger.

Ambos se concentran en la relación existente entre el agente especial y agregado legal del FBI en Caracas, Joseph S. Leo, y algunos de los sospechosos.

Las investigaciones encontraron el nombre de Leo entre las pertenencias de Hernán Ricardo Lozano. Un informe fechado el 20 de octubre de 1976 registró al menos dos contactos entre ambos durante las semanas anteriores al atentado.

Un segundo documento, fechado el 29 de octubre, amplió el cuadro. Según el National Security Archive, el FBI conocía contactos de Leo con Ricardo y Posada que se remontaban al verano de 1975.

El informe resulta especialmente llamativo porque señala que el funcionario estadounidense sospechaba que Posada y Ricardo podían estar relacionados con actividades terroristas. Pese a ello, Ricardo obtuvo un visado para viajar a Estados Unidos.

Un mensaje después de la caída del avión

Otro informe del FBI enviado a Kissinger, fechado el 5 de noviembre de 1976, incorpora información proporcionada por una fuente confidencial.

De acuerdo con esta versión, el atentado habría sido planificado en Caracas por un grupo en el que figuraban Luis Posada Carriles, Frank Castro y Ricardo Morales Navarrete.

La fuente mencionaba además intentos anteriores, que no llegaron a concretarse, de atacar aeronaves cubanas en Jamaica y Panamá.

El mismo documento reproduce uno de los pasajes más estremecedores de todo el expediente. Según el informante del FBI, poco después de la caída del avión, Hernán Ricardo Lozano llamó a Orlando Bosch y utilizó la frase “un autobús con 73 perros cayó por un precipicio” para comunicarle el resultado de la operación.

El número coincidía con las 73 personas que acababan de perder la vida.

Las declaraciones recogidas en Trinidad y Tobago

La séptima pieza seleccionada por el National Security Archive procede de las autoridades de Trinidad y Tobago, que desempeñaron un papel fundamental en las primeras investigaciones.

El entonces comisionado adjunto de Policía Dennis Elliott Ramdwar dirigió las pesquisas relacionadas con Hernán Ricardo Lozano y Freddy Lugo.

Según su declaración, Lugo negó inicialmente conocer lo sucedido. Días después, sin embargo, afirmó estar convencido de que Ricardo había colocado el explosivo y declaró que, antes del atentado, este le había manifestado en más de una ocasión su intención de hacer explotar un avión de Cubana.

Las declaraciones atribuidas a Ricardo aportaron además detalles sobre el método empleado para esconder el explosivo.

El National Security Archive ya había publicado parte de esta documentación en 2016, coincidiendo con el aniversario 40 del atentado. Las investigaciones describían el uso de explosivos plásticos ocultos en un tubo de pasta dental y un sistema de detonación temporizada.

Los documentos sobre la relación de Posada Carriles con la CIA

La colección del 50 aniversario no se concentra únicamente en las investigaciones posteriores al 6 de octubre de 1976. También incorpora documentos que permiten seguir la relación de Luis Posada Carriles con la CIA durante varios años.

Uno de ellos está fechado en julio de 1966 y utiliza para Posada el criptónimo AMCLEVE-15.

El documento contiene una carta de Grover T. Lythcott, quien había sido su contacto dentro de la Agencia, y una comunicación del propio Posada relacionada con su participación en una junta coordinadora de organizaciones contrarias al Gobierno cubano.

Más explícito todavía es el resumen desclasificado sobre las relaciones entre la CIA y Posada Carriles preparado para el proceso judicial que este enfrentó en El Paso, Texas, en 2011.

Ese documento oficial señala que el primer contacto de Posada con la Agencia estuvo relacionado con los preparativos de la invasión de Bahía de Cochinos en 1961.

Posteriormente fue agente remunerado de la CIA entre 1965 y 1967 y nuevamente entre 1968 y 1974.

Entre 1974 y 1976, después de abandonar formalmente la nómina de la Agencia, continuó proporcionando por iniciativa propia información sobre amenazas y actividades de grupos violentos del exilio cubano.

El resumen incluye un dato particularmente significativo: entre las informaciones comunicadas se encontraba un intento de destruir un avión cubano en junio de 1976, apenas cuatro meses antes del atentado de Barbados.

La documentación indica que los contactos entre la CIA y Posada no terminaron completamente en aquella década. El organismo estadounidense reconoció que su último contacto conocido con él ocurrió en 1993, cuando funcionarios de la Agencia lo alertaron de manera anónima sobre una amenaza contra su vida mientras se encontraba en Honduras.

De Venezuela a las operaciones de la Contra

El décimo documento amplía el expediente mucho más allá de 1976.

Se trata del registro de una entrevista realizada a Posada Carriles en febrero de 1992 por agentes estadounidenses en la Embajada de Estados Unidos en Tegucigalpa, Honduras, como parte de las investigaciones dirigidas por el fiscal independiente Lawrence Walsh sobre el caso Irán-Contra.

El testimonio reconstruye la fuga de Posada de una prisión venezolana en 1985 y su posterior incorporación a las operaciones clandestinas de apoyo a la Contra nicaragüense desarrolladas desde la base aérea de Ilopango, en El Salvador.

La publicación del National Security Archive recuerda que Posada había escapado de Venezuela antes de que concluyera definitivamente el proceso judicial relacionado con el atentado contra el avión cubano.

El largo recorrido judicial de Posada Carriles y Orlando Bosch

La reseña histórica que acompaña los documentos reconstruye también lo ocurrido con los dos hombres señalados en los primeros informes estadounidenses como principales organizadores de la operación.

Orlando Bosch salió de prisión en Venezuela en 1987 y posteriormente entró de forma irregular a Estados Unidos. Las autoridades migratorias estadounidenses lo mantuvieron detenido durante casi dos años.

Documentos de la época reflejaron las objeciones del Departamento de Justicia estadounidense a su permanencia en el país y la consideración de que suponía un riesgo para la seguridad pública.

Sin embargo, en 1990, durante la presidencia de George H. W. Bush, Bosch recibió autorización para permanecer en Estados Unidos. Vivió posteriormente en Florida hasta su muerte en abril de 2011.

Posada Carriles, por su parte, reapareció públicamente en distintos episodios durante las décadas posteriores.

En 2000 fue detenido en Panamá y acusado de participar en un complot para asesinar al entonces presidente cubano Fidel Castro durante la Cumbre Iberoamericana. Fue condenado en 2004, pero recibió un indulto de la presidenta panameña Mireya Moscoso antes de abandonar el cargo.

En 2005 llegó clandestinamente a Estados Unidos y se instaló en Miami.

El National Security Archive recuerda que las autoridades estadounidenses terminaron procesándolo por delitos relacionados con inmigración y falso testimonio, y no por el atentado de 1976. En 2011 un jurado de El Paso lo absolvió de los cargos que enfrentaba.

Posada Carriles murió en Florida en mayo de 2018, a los 90 años.

El propio National Security Archive ha mantenido durante años un archivo documental sobre Posada Carriles y sus relaciones con organismos estadounidenses.

Lo que los documentos demuestran y lo que no

Uno de los principales valores de la publicación consiste en permitir distinguir entre hechos documentados, informaciones de inteligencia y afirmaciones que durante décadas han formado parte de la controversia política sobre el atentado.

Los expedientes muestran que organismos estadounidenses manejaron, inmediatamente después del crimen, información que vinculaba a Posada Carriles y Orlando Bosch con su planificación. También documentan que una fuente había escuchado previamente a Posada hablar de atacar un avión cubano y confirman una relación prolongada entre Posada y la CIA.

Eso no equivale, por sí mismo, a demostrar que la CIA ordenara el atentado.

De hecho, uno de los documentos del Departamento de Estado recogidos en el dossier abordaba precisamente las acusaciones formuladas entonces por Cuba sobre una responsabilidad de la Agencia y examinaba los vínculos de los sospechosos con instituciones estadounidenses.

Lo que sí queda reflejado con claridad en los documentos seleccionados es que varios de los nombres que aparecieron desde los primeros momentos en las investigaciones del atentado habían tenido contactos previos con organismos de Estados Unidos y que las agencias estadounidenses poseían abundante información sobre sus actividades.

Cincuenta años de documentos desclasificados

La publicación del 8 de octubre forma parte de un trabajo que el National Security Archive desarrolla desde mediados de la década de 1990 a través de su Cuba Documentation Project.

A lo largo de esos años, la organización ha empleado solicitudes amparadas en la legislación estadounidense sobre libertad de información para obtener archivos relacionados con Posada Carriles, Bosch, las investigaciones del FBI y la CIA y otros episodios vinculados a las operaciones violentas contra Cuba.

En 2006 y nuevamente en 2016, coincidiendo con aniversarios del atentado, el Archivo había difundido importantes grupos de documentos. La edición del 50 aniversario recupera algunos de los registros más significativos y los organiza en una cronología que permite observar de forma conjunta la información acumulada por diferentes instituciones.

El resultado es especialmente relevante porque la reconstrucción no descansa únicamente sobre testimonios posteriores o investigaciones periodísticas. Está formada en gran medida por cables, memorandos, informes de inteligencia y comunicaciones internas producidos por las propias agencias estadounidenses.

El expediente que dejó el vuelo 455

En su presentación del dossier, Peter Kornbluh define el atentado contra el vuelo 455 como el episodio de terrorismo contra la aviación más grave ocurrido en el hemisferio occidental antes de los ataques del 11 de septiembre de 2001.

Medio siglo después, la nueva publicación no cierra todos los interrogantes que han acompañado al caso, pero permite reconstruir con documentos oficiales una parte sustancial de su historia.

Los informes muestran las sospechas que existían sobre Posada Carriles y Orlando Bosch desde las primeras horas posteriores a la explosión; registran una amenaza contra un avión cubano atribuida a Posada antes del atentado; documentan anteriores intentos de sabotaje contra aeronaves de Cuba; describen los interrogatorios de quienes introdujeron los explosivos y aportan información detallada sobre la relación mantenida durante años entre Posada y la inteligencia estadounidense.

También permiten seguir el devenir posterior de varios de los principales implicados y constatar una realidad histórica: pese a la magnitud del crimen y a la abundancia de información acumulada sobre sus responsables, Luis Posada Carriles y Orlando Bosch terminaron sus vidas en libertad en Florida.

Para Kornbluh, la documentación desclasificada constituye por ello una herramienta fundamental frente al paso del tiempo. Al presentar la colección, el investigador resume su propósito con una idea sencilla: los documentos permiten recordar qué ocurrió y quiénes estuvieron implicados.

Cincuenta años después de que el DC-8 de Cubana desapareciera en las aguas del Caribe con 73 personas a bordo, los expedientes producidos por el FBI, la CIA, el Departamento de Estado y otras instituciones estadounidenses continúan formando parte del registro documental de aquel 6 de octubre de 1976.


Documentación de referencia:

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Redacción Cubaperiodistas
Medio de Comunicación de la Unión de Periodistas de Cuba

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