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COLUMNISTAS

Pensar en Marx hoy, desde el Sur Global

¿El marxismo está viejo y fuera de moda?

Existe un lugar común, repetido hasta el hartazgo: Marx está pasado de moda, viejo, perimido. “Fue bueno para el siglo XIX pero en la época digital, el reinado de las pantallas, los mercados globales y la inteligencia artificial es una momia de museo”. Eso piensa el progresismo. Incluso gente que se autopercibe… “de izquierda” [comillas, por favor].

¿Hay que tomarlos en serio? No creo. La inmensa mayoría no conoce ni los títulos de las obras de Marx. No sólo no han tomado contacto con la obra clásica de este autor; mucho menos con los nuevos materiales (hasta ahora desconocidos) que se han publicado en la última década. Sencillamente no lo han leído y menos estudiado. Repiten, con no poca banalidad y superficialidad, lo que escuchan. Se quedan en la superficie. La formación política seria y rigurosa, para esta gente, es algo decorativo y meramente retórico. Suelen mantener un pensamiento complaciente y colonizado, siempre atento a la última moda del momento (que cambia su jerga, sus modismos y sus “grandes tesis” cada 2 ó 3 años, dicho sea de paso). Modas que provienen facturadas invariablemente de California, New York o París. Y en las periferias se repiten imitando a ese simpático animalito conocido como “loro” o “cotorra”.

En cambio, la extrema derecha, expresión político-militar, económica y cultural de quienes hoy dirigen el mundo, tiene una opinión radicalmente diferente.

Para ahorrar espacio menciono tan sólo tres ejemplos.

(1) En los Documentos de Santa Fe I al IV, elaborados por los “tanques pensantes” de la extrema derecha republicana de Estados Unidos, invariablemente se ubica al marxismo como “enemigo estratégico” (sic). Estos documentos nunca fueron insulsos papers académicos que nadie lee y sólo se redactan para engordar el curriculum vitae y el ego. No. Han sido insumos centrales, durante años, del complejo industrial-financiero-militar-académico y las Fuerzas Armadas más genocidas del planeta, así como de los aparatos de inteligencia imperialistas. Esta gente no come vidrio ni se queda con “la moda” efímera del momento. Van al fondo de las cuestiones porque de su accionar depende la supervivencia del régimen capitalista mundial.

(2) El actual presidente de Argentina, Javier Milei, aprendiz de economista y plagiador serial, se ha convertido en un ícono de la internacional neofascista que agrupa lo más reaccionario del capital financiero en nuestros días. Pasea por el mundo dando “conferencias”. En una reciente intervención en Israel (abril de 2026) afirmó que “Marx y el marxismo son satánicos”. El discurso lo dio luego de recibir un diploma Honoris Causa en la Universidad Bar-Ilan del estado sionista.

(3) El actual secretario del Departamento de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio (si Milei es impresentable, ¿cómo definir a este otro energúmeno?) responsabilizó al marxismo por las crisis de Venezuela y Cuba. Atacó al marxismo en su conjunto, el marxismo “histórico” y el “marxismo de ahora”, según sus expresiones. Según Marco Rubio la tarea principal del momento es “derrotar al marxismo, pues el marxismo no ha muerto, sigue vivo”. Lo reafirmó en reiteradas oportunidades (25/3/2024; 15/1/2025; 12/5/2026, etc.).

Tres fuentes de primer nivel en la práctica política del imperialismo y el capitalismo más feroz. ¿Debemos atender lo que afirman tres o cuatro profesores principalmente preocupados de su fama, protagonismo personal y figuración, que van cambiando de posición según momento y oportunidad o, en cambio, prestar nuestra atención a quienes dirigen la política concreta del régimen capitalista y el imperialismo? Si realmente queremos vencer a nuestros enemigos, la respuesta es más que obvia.

La superficialidad de la Academia y la farándula intelectual

En el último medio siglo las principales corrientes de París, New York y California, cuando se han referido a Marx lo han calificado de “eurocéntrico”, “economicista”, “evolucionista”, “metafísico” y “occidentalista”. Así lo han repetido las principales escuelas de las metafísicas “post” (posmodernismo, postestructuralismo, posmarxismo, estudios poscoloniales; entre otras…). Atacar a Marx se puso de moda. Abre puertas, posibilita becas, facilita “pasantías académicas”, permite publicar en editoriales de prestigio y adquirir notoriedad.

¿En qué ha consistido el núcleo duro del ataque “progre”? Exclusivamente adoptan un par de artículos periodísticos que Marx escribió sobre la dominación británica en la India en 1853. Pareciera ser que es lo único que estudió en su vida. Semejante operación que celebra y festeja la ignorancia con total liviandad “olvida” que Marx falleció en 1883. Es decir, que siguió escribiendo durante 30 años. ¡Miles y miles de páginas! Redactó El Capital entre cuatro y siete veces (según diversas reconstrucciones). Escribió sobre la comuna rural rusa, las comunas de los pueblos originarios de Nuestra América, la colonización europea de África y volvió una y mil veces sobre el dominio británico en la India, modificando 100% sus opiniones iniciales de 1853 con mucha mayor información. Se opuso a la intervención de Inglaterra, España y Francia en México, en tiempos de Benito Juárez. Defendió la causa nacional de Irlanda contra el Imperio Británico, al que dicho sea de paso, describió como el primer estado “narco” de la historia, al estudiar las guerras y bombardeos mediante los cuales Inglaterra introdujo por la fuerza político-militar la droga en China (ni fentanilo, ni cocaína, ni heroína; en aquella época era el opio).

Además, aprendió idioma ruso y mantuvo una voluminosa correspondencia con el movimiento narodniki (los populistas rusos que proponían por entonces el socialismo y la lucha armada; antes de volverse institucionales y pacifistas, época un par de décadas posterior cuando Lenin los critica).

Incluso, al final de su vida, como Marx estaba físicamente enfermo y muy deprimido por el fallecimiento del gran amor de su vida, Jenny, se fue a vivir unos meses al África. Estuvo en Argelia y desde allí mantuvo correspondencia con sus hijas, con su amigo Friedrich Engels y con su yerno Paul Lafargue. En esa correspondencia del final de su vida vuelve a reiterar su descripción durísima, impiadosa, del colonialismo europeo occidental, mientras expresa admiración explícita por la cultura musulmana (y eso que el origen de Marx era judío).

En pocas palabras, Marx “abrió su mente” de una manera inocultable, realizando un notable viraje y cambió completamente su paradigma anterior, es decir, rompiendo definitivamente con todo euro-occidentalismo. Los materiales que elaboró son abrumadores. Tomos y tomos, páginas incontables, desde los primeros borradores de El Capital [conocidos como los Grundrisse] hasta sus cartas desde Argelia, pasando por sus escritos en apoyo al México de Benito Juárez, sobre la cuestión nacional de Irlanda, sobre la India, sobre África, sobre las grandes civilizaciones de los pueblos originarios de Nuestra América, su correspondencia con los populistas rusos, etc., etc.

No obstante, ¡oh, casualidad!, en las Academias de Estados Unidos y Francia, así como en muchos “becarios” de la socialdemocracia alemana y ventrílocuos latinoamericanos que no tienen una sola idea propia…, se sigue repitiendo la falsa acusación del “Marx eurocéntrico”. Un Marx que, supuestamente, no tendría la más mínima idea sobre otras sociedades que no fueran Inglaterra, Francia, Alemania y Estados Unidos.

¡Escaso conocimiento de Marx y muy poca familiaridad —para ser absolutamente mesurados y diplomáticos— con sus hipótesis, exploraciones e investigaciones!

Lo hemos señalado polemizando con varias obras, mencionándolas con nombre y apellido; lo hemos filmado y grabado en videos de acceso público; lo hemos sostenido en conferencias internacionales, aceptando el desafío que planteaban en sus repetitivos panfletos contra Marx muchas “vacas sagradas” de las grandes academias… mostrando sus libros, repletos de lugares comunes y carentes de la más mínima seriedad en sus ataques contra el marxismo.

Y también lo hicimos, conviene recordarlo, defendiendo a la revolución cubana y a la revolución bolivariana (amenazadas ambas por el imperialismo), desde mucho antes del 3 de enero de 2026, mediante un coloquio internacional y un pronunciamiento político en defensa de la patria de Simón Bolívar y Hugo Chávez que agrupó más de 2.000 (dos mil) adhesiones de investigador@s del mundo. Logramos de este modo contrarrestar una campaña internacional contra Venezuela bolivariana que habían organizado algunos profesores ex “marxistas”, devenidos en anti marxistas. Autores de libelos repletos de ignorancia y desinformación en cuestiones de teoría marxista pero con mucho poder e “influencia”.

Quizás por eso, en abril del año 2026, el Grupo Colectivo de Trabajo de CLACSO, titulado “Marxismos y resistencias del Sur Global”, que codirigimos con el compañero mexicano integrante de la REDH, el doctor Nayar López Castellanos, quedó… injustamente excluido de CLACSO. A pesar de estar integrado por 43 investigador@s marxistas de cuatro continentes y de haber publicado cuatro gruesos libros colectivos. Grupo de investigación que integran numeros@s y prestigios@s miembr@s de la REDH en varios países.

Vincularse con Marx y con el marxismo, no como una mercancía de consumo universitario, inodora, incolora e insípida, que escribe generalidades sin decir nada relevante ni significativo, sino como una herramienta de pensamiento crítico y praxis política antiimperialista no es “gratis”. Tiene sus costos… ¿Se entiende?

Marx, Bolívar y el anticolonialismo

Uno de los núcleos problemáticos en la obra de Karl Marx ha sido, sin duda, su escrito polémico sobre el libertador Simón Bolívar. Le puso de título “Bolívar y Ponte”. Lo redactó aproximadamente entre septiembre de 1857 y enero de 1858 para la Nueva Enciclopedia Americana, a pedido de Charles Anderson Dana, uno de sus editores.

El artículo, muy difundido, es unilateral y exageradamente crítico de Bolívar. Lo hemos analizado en detalle en varios libros. Aquí sólo mencionamos que en el Museo Británico (la biblioteca pública y gratuita que consultaba Marx, ya que no tenía dinero ni para comprarse libros propios) los únicos materiales que había sobre Bolívar eran todos… ¡anti bolivarianos! Mayormente estaban escritos por ex oficiales de las guerras de independencia que habían participado junto a Bolívar como parte de las “legiones extranjeras”. Hoy se sabe que muchos de esos oficiales pretendían dirigir la guerra, a lo cual Bolívar se opuso rotundamente. Aspiraban a cobrar un salario (no combatían como los llaneros y otros integrantes independentistas por la causa americana). E incluso al cruzar montañas y páramos con muy bajas temperaturas iban bien vestidos, mientras que los combatientes del pueblo iban en harapos. Simón Bolívar no se doblegó ante ellos, se esforzó por integrarlos como tropas auxiliares, no como protagonistas centrales de la lucha. Muchos quedaron resentidos. Por eso escribieron libros de “Memorias” hostiles hacia el Libertador. Marx sólo tuvo acceso y únicamente pudo leer esas “Memorias”. No había otros textos en el Museo Británico… No existía internet…

Marx nunca accedió, por ejemplo, a las Memorias del edecán de Bolívar, Daniel Florencio O’Leary Burke, combatiente irlandés, leal hasta el final hacia el Libertador, quien brindaba opiniones y documentos totalmente favorables a su jefe.

Cada vez que Marx tuvo acceso bibliográfico a textos anticolonialistas, no dudó un segundo en condenar a las potencias europeas y occidentales. Por ejemplo, cuando escribió sobre la guerra civil en Estados Unidos, condenó la esclavitud y el racismo de forma fulminante. Pero sobre esa guerra sí había materiales disponibles. En el caso africano, Marx no utilizó sólo libros. Fue testigo en primera persona del racismo francés, al que equiparó con el inglés, el holandés, el español y el portugués. (Quienes lo acusan de que “no dejó hablar a los subalternos” por no vivir en esos países, simplemente desconocen que Marx vivió en África).

En su Cuaderno Kovalevsky de 1879 llama “bestias” a los colonialistas y utiliza una cantidad enorme de descalificativos impugnatorios frente al Occidente capitalista.

Incluso en su principal obra, El Capital, en su capítulo 24 del primer tomo, sostiene una tesis teórica y política de fondo. Quien la desconozca o es lisa y llanamente un ignorante o recibe dinero del imperialismo. Allí Marx afirma que sin la feroz conquista europea de América, sin la esclavización de los pueblos de África y sin la colonización  salvaje de Asia, directamente… ¡no existiría el sistema capitalista mundial! Una tesis que parte aguas y define la posición de Marx frente a la prepotencia occidentalista, inalterada hasta nuestros días.

La tradición anticolonialista del marxismo y su abrumadora actualidad

En la Academia gringa/yanqui pretenden haber descubierto el agua tibia, la arepa, el mate y el café con leche. Distintas escuelas “post” y “des” se atribuyen haber descubierto la colonialidad del saber y del poder. Y desde esas escuelas bien rentadas, que se humillan ante el mainstream, impugnan todos los procesos populares latinoamericanos (desde la Bolivia indígena hasta la revolución cubana, pasando por la Venezuela bolivariana). Quienes se han desmarcado, con lucidez y dignidad, de esas escuelas se cuentan apenas con los dedos de un mano.

Pero la historia profana y real es bien distinta a las narrativas de esta aristocracia académica, petulante y soberbia. La tradición anticolonialista del marxismo viene impugnando el colonialismo desde hace más de 150 años. En el mejor de los casos, aquellas escuelas gringas se suman muy tardíamente a una tradición previa, sólo desde el púlpito universitario y sin poner jamás en riesgo nada.

En cambio, Marx redacta su primer cuaderno sobre El Colonialismo [material recién publicado en castellano en 2019, hace apenas siete años) en 1851. Este anticolonialismo no se limitó a Marx.

Frente al colonialismo “socialista” de van Kohl (holandés) y de Bernstein, Ebert y Noske (alemanes), dirigentes de la Segunda Internacional socialdemócrata, se levantaron Rosa Luxemburg y Lenin.

Este último es el gran artífice, no sólo de la revolución bolchevique sino de la Internacional Comunista (o Tercera Internacional). En el Segundo Congreso de la Internacional Comunista de 1920, Lenin se dedica centralmente a analizar y cuestionar el colonialismo occidental. En esa tarea fue ayudado por el comunista de la India Manabendra Nath Roy y el comunista tártaro Mirsaid Sultán-Galiev. Roy lo corrige a Lenin delante de todo el mundo. Lenin no sólo no se molesta. Exige que se publiquen las tesis de Roy junto con las suyas.

Aquel Segundo Congreso de la Internacional Comunista se prolonga en la Conferencia de Bakú, el mismo año, donde confluyeron casi 2.000 delegad@s del Sur Global. Allí convivían, bajo la bandera roja, musulmanes y judíos en completa armonía. La reunión de Bakú tuvo en su dirección mujeres y se proclamó en sus conclusiones la “guerra santa” [Yihad] contra el imperialismo occidental.

Por su parte, Sultán-Galiev —apoyado por Lenin— propone directamente que la Internacional Comunista deje de “esperar” la revolución en las metrópolis europeas y se concentre en Asia, África y América Latina. Por eso el comunista de Egipto Anouar Abdel-Malek sostiene que Sultán-Galiev es de algún modo el “maestro” a la distancia de Ho Chi Minh y Mao (Asia); Ben Bella (África) y Fidel y el Che Guevara (América Latina).

Ese marxismo anticolonialista más tarde encabezó revoluciones involucrando a millones de personas, sin esperar que… los “post” y los “des” de la Academia yanqui publicaran sus papers. Ese anticolonialismo es el que las tropas de la revolución cubana pusieron en práctica en la guerra de Angola, derrotando a los neonazis de Sudáfrica, así como hoy en día el Eje de la Resistencia desarrolla la lucha contra el imperialismo occidental euro-norte-sionista-americano.

No se equivocan el Pentágono, Marco Rubio ni Javier Milei. Marx y el marxismo anticolonialista que en él se inspira continúan siendo el “enemigo estratégico”.

Buenos Aires, 9 de mayo de 2026

Día de la victoria del Ejército Rojo sobre el nazismo

Ilustración: Tomada de Jacobin.

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Néstor Kohan
Investigador y docente en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente coordina la "Cátedra Che Guevara: Colectivo Amauta" y la Escuela de Formación Política 22 de agosto "Héroes de Trelew". Colabora regularmente en la Escuela Nacional "Florestan Fernandes" del Movimiento sin Tierra (MST) de Brasil. Ha publicado diversos libros sobre teoría marxista e historia del pensamiento revolucionario. (entre otros: El Capital, historia y método; Ernesto Che Guevara: El sujeto y el poder; Ensayos sobre el marxismo argentino y latinoamericano). Además ha sido jurado en el Doctorado de la UBA, en "Pensar a contracorriente" y en el Premio Literario Casa de las Américas. Es autor y editor de varios títulos de Ocean Sur.

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