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Notas sobre el impacto económico del conflicto entre Rusia y Ucrania (II)

II

Como ya se expuso, el conflicto entre Occidente y Rusia se aceleró a partir del 2014, a pesar de los Acuerdos de Minsk firmados en el 2015 y que tenían como objetivo frenar los enfrentamientos internos entre las distintas minorías y las fuerzas de derecha en Ucrania. Estos acuerdos fracasaron luego de cuatro años de esfuerzos por hacerlos cumplir.[1]

Por otro lado, desde el 2014 Rusia fue sometida a una primera batería sanciones internacionales.

De este modo, entre el 2014 y el 2021, se implementaron contra Rusia 4 350 sanciones económicas y políticas por parte de Estados Unidos y sus aliados. No obstante, sus resultados no fueron los esperados, pues en un balance de estas medidas punitivas hasta el cierre del 2020 y tomando en cuenta las contramedidas aplicadas por el gobierno ruso, las mismas tuvieron un negativo impacto calculado en 100 000 millones de euros, de los cuales unos 60 000 millones impactaron en el gigante euroasiático,[2] pero también 40 000 millones afectaron a países miembros de la Unión Europea, donde bajo el gobierno de Angela Merkel en Alemania existían fuertes presiones para suavizarlas. Adicionalmente, según fuentes rusas, se logró sustituir satisfactoriamente entre el 60 y el 70% de los alimentos sancionados con producciones nacionales.[3]

A pesar de los resultados económicamente favorables para la UE de las relaciones con Rusia en el ámbito energético, Estados Unidos incrementó las presiones contra sus socios europeos para sancionar a todas las entidades involucradas en la construcción del gasoducto Nord Stream 2, y contra un nuevo gasoducto que se construiría a través de Turquía –denominado Turkstream-, lo cual provocó fuertes reacciones en Alemania y Turquía. En ambos proyectos estas sanciones implicaron retrasos, pero las obras -en el primer caso- se concluyeron virtualmente al cierre del 2021, aunque el gobierno norteamericano logró evitar su inauguración, provocando pérdidas, no solo a los inversores rusos, sino también a sus socios europeos.[4]

En el orden político y militar, Rusia debió enfrentar también múltiples presiones dirigidas a crear problemas con países de significativa importancia para el gigante euroasiático, lo cual logró con decisiones muy sopesadas. Así ante el derribo de un caza ruso SU-24 y el asesinato del embajador ruso en Ankara, estos graves acontecimientos no impidieron que se acordara con Turquía la construcción de un nuevo gasoducto europeo a través de su territorio. De igual modo, se enfrentaron exitosamente las presiones del gobierno de Barack Obama para  que la India rompiera los favorables relaciones económicas y militares[5] que mantenía con Rusia, frente a la cual el gobierno ruso –entre otras medidas- priorizó las demandas energéticas de ese país, al ofrecer la ampliación de una nueva central electronuclear y la participación india en los yacimientos de petróleo en el Ártico ruso.[6]

No obstante, en el proceso de enfrentamiento de las dificultades que debió asumir el país después del 2014, atención especial merece el significativo acercamiento de Rusia a China en los últimos años, donde se observa cómo estos vínculos bilaterales se fortalecieron particularmente a partir del año 2001 al constituirse la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) integrada inicialmente por China, Rusia, Kazajstan, Kirguiztan, Uzbekiztan y Tadyikiztan. La OCS se planteó objetivos cardinales dirigidos a garantizar la seguridad de sus integrantes. Sin ser propiamente una alianza militar, en el contexto de la OCS se produjo un acercamiento significativo en las estrategias de seguridad nacional de ambos países, que comenzó a materializarse con maniobras militares conjuntas –con participación de Rusia y China- por primera vez en el año 2003 y que se han mantenido hasta las más recientes realizadas en el verano del 2021.

En este sentido el elevado potencial militar de Rusia contribuyó a la modernización de la capacidad defensiva de China desde los años 90 y  especialmente después del 2014. Así, China cuenta actualmente con una importante industria militar que le permite realizar alrededor del 5% de las ventas de armas en el mundo y hoy produce armamentos sofisticados, como los caza-bombarderos de 5ª generación J-20 y ha adquirido armamento ruso del mismo nivel, como el caza SU-35[7]. También en años recientes China ha comenzado a desarrollar otros armamentos para su defensa, como es el caso de los portaviones, donde la primera unidad fue el Liaoning, un portaviones de origen soviético que fue comprado por China en 2002 y modernizado posteriormente.[8]

Por otra parte, en el ámbito económico se destaca la integración de China a los BRICS organización creada por iniciativa de Rusia en el 2008, a lo que  cabe añadir los avances logrados en la relación bilateral, lo  que permitió crear las condiciones para la incorporación inmediata de Rusia a la iniciativa china de la Ruta de la Seda que surgió en el año 2013. De tal modo, el 8 de mayo de 2015 Putin y Xi Jinping firmaron un acuerdo de cooperación destinado a vincular la evolución de la Unión Económica Euroasiática, relanzada por Rusia ese mismo año, con el proyecto de la Nueva Ruta de la Seda.

Sin pretender agotar este punto, el avance en las relaciones bilaterales se ha manifestado también en el crecimiento del comercio entre Rusia y China, que alcanzaba ya un volumen de 68 016 millones de dólares en el 2014, y que llegó en el 2021 a 146 887 millones, lo cual representa un incremento de más de dos veces, con una la meta de alcanzar en breve los 250 mil millones de dólares[9].

Todo lo anterior, expuesto en apretada síntesis, nos permite comprender cómo las relaciones de cooperación desde el punto de vista estratégico entre Rusia y China, resultan de una enorme importancia geopolítica en la actualidad y han estado determinadas por la noción de EE.UU. como el enemigo principal a enfrentar, a partir de su política de hostigamiento y agresiones del gobierno norteamericano contra ambos países. A esto se une una visión compartida sobre la necesaria multipolaridad en el mundo de hoy, a lo que se añade una elevada complementariedad desde el punto de vista económico entre Rusia, poseedora de abundantes recursos naturales y –especialmente- de recursos energéticos-[10], mientras que China cuenta con un nivel de desarrollo económico superior, capaz de satisfacer en muchos aspectos las demandas rusas.

En lo explicado hasta aquí, resulta evidente que Rusia no dejó de prepararse para tratar de asegurar sus intereses nacionales frente a la amenaza a su seguridad que emergía de la violación del protocolo de Budapest de 1994 en cuanto a la neutralidad de Ucrania y su no ingreso a la OTAN. Por otra parte, no debe olvidarse que el golpe de estado que derrocó al presidente legítimo de Ucrania -Víktor Yanukovich- en el 2014, desencadenó el incremento de los ataques contra la población de la población de origen ruso que no se detuvo en ningún momento.

Todavía en enero del 2022 el canciller ruso Serguei Lavrov seguía demandando de la OTAN garantías sobre la no expansión de esta organización belicista hacia las fronteras rusas y la neutralidad de Ucrania. Al respecto se preguntaba: “¿Por qué Occidente no cumple sus compromisos sobre la indivisibilidad de la seguridad e ignora nuestros intereses, aunque estén muy abierta y claramente expuestos?”[11]

La respuesta a esa pregunta resultaría evidente: la manipulación de Ucrania contra el gobierno ruso y su enfrentamiento militar tendría como objetivo tratar de alcanzar la derrota estratégica de Rusia con una guerra de desgaste -a lo que se suman hasta hoy más de 10 000 sanciones económicas-, en un conflicto en el que Occidente no ha dejado de buscar pretextos para prolongarlo a cualquier precio.

Por otro lado, hoy sabemos que las acciones que desembocarían en el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania fueron cuidadosamente planificadas e impulsadas por Estados Unidos.

En un trabajo publicado por el reconocido politólogo argentino Atilio Borón,[12] se resume un documento de la Rand Corporation publicado en 2019 bajo el título “Sobrextendiendo y desbalanceando a Rusia”. En el mismo se dice –según el resumen de Atilio- lo siguiente: “Según sus autores en sus páginas se “enumeran opciones no violentas y de imposición de costos que Estados Unidos y sus aliados podrían promover en las áreas económica, política y militar para estresar a Rusia –sobreextendiendo y desbalanceando- su economía, sus fuerzas armadas y la estabilidad de su régimen político.” El documento examina prolijamente las diversas áreas para cada una de las cuales presenta varias opciones. Por ejemplo, en la economía imponer sanciones y trabas comerciales, acabar con la dependencia europea del gas ruso, favorecer las exportaciones norteamericanas de gas hacia Europa, y fomentar la emigración de científicos y gentes con elevada formación técnica para privar a Rusia de este tipo de recurso humano. Para cada una de estas opciones se estimaba la probabilidad de éxito de la medida, sus beneficios y también sus costos y riesgos, y a partir de allí se formulaba una recomendación.”

“En el terreno militar se contemplaba, en primer lugar, suministrar ayuda letal a Ucrania, acrecentar el apoyo a los rebeldes sirios, promover la liberalización en Bielorusia, expandir los lazos entre Estados Unidos y los países del Sur del Cáucaso y reducir la influencia rusa en Asia Central. Nuevamente, cada una de estas alternativas es sopesada en términos de probabilidades de éxito, sus beneficios y sus costos.”

El guión de la guerra que hoy se libra estaba ya hecho tres años atrás.

(Continuará)

Notas sobre el impacto económico del conflicto entre Rusia y Ucrania (I)

[1] Desde el 2014 se calcula que murieron unas 14 000 personas producto de los ataques en la zona del Donbass Falseando la historia, para los medios occidentales resulta que el culpable de la violación de los acuerdos fue Vladimir Putin al proclamar la independencia de Donetsk y Lugansk en febrero del 2022, lo que ignora las violaciones ucranianas de esos acuerdos a lo largo de varios años Un ejemplo de lavisión distorsionada de los hechos puede verse en el artículo “Rusia y Ucrania: Qué son los acuerdos de Minsk que Putin rompió al reconocer la independencia de Donetsk y Lugansk” Febrero 22 de 2022 en www.bbc.com .

[2] Sputnik News (2018) “Las sanciones bilaterales ocasionaron a Rusia y a la UE pérdidas por más de 100 000 millones de euros” Moscú, febrero 2 del 2018 en www.mundo.sputniknews.com

[3]Ver CIEM “Informe sobre la evolución de la economía mundial 2020. Evolución socioeconómica de Rusia en 2020 y perspectivas para el 2021” Abril de 2021 en www.ciem.cu

[4] El gasoducto Nord Stream 2 tiene un costo de 10 000 millones de euros y se extiende en el mar por 1200 KM.

  [5] La India produce bajo licencia de Rusia, desde fusiles de asalto Kalashnikov hasta aviones de combate MIG-     29K y SU-30MKI. Ver “India y Rusia refuerzan sus lazos militares y espaciales bajo el recelo de China y Estados Unidos” Diciembre 18 del 2021  www.atalayar.com

           [6] Ver “Rusia construye quinta unidad de mayor central nuclear de India” Junio 29 de 2021 www.prensa-      latina.cu

          [7] En el 2015 Rusia vendió por primera vez 24 aviones SU-35 a China.

           [8]   Actualmente China tiene dos portaviones y un tercero en construcción.

           [9]  Ver CIEM “Informe sobre la evolución de la economía internacional en 2021. La evolución socioeconómica      de Rusia en el 2021 y las complejas perspectivas para el 2022” Mayo del 2022   www.ciem.cu

          [10] En los vínculos económicos entre Rusia y China resalta la enorme importancia del gasoducto Power of Siberia y su ampliación, lo que resulta un elemento de gran importancia para la seguridad energética de China.

          [11]Ver “Serguei Lavrov sobre Ucrania: Si depende de Rusia, no habrá guerra” Enero 28 de 2022 www.cubadebate.cu

          [12] Ver de Atilio Borón “¿Cómo y por qué se fabricó la guerra?” Abril 3 del 2022  www.cubadebate.cu

José Luis Rodríguez
José Luis Rodríguez
Asesor del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM). Fue Ministro de Economía de Cuba.

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