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COLUMNISTAS

A 30 años de la desaparición de la Unión Soviética (I)

I

El 25 de diciembre de 1991 Mijail Gorbachov renunció a su cargo como presidente de la URSS y el 31 de ese mes se oficializó la desaparición de la Unión Soviética.

Estos hechos fueron la culminación de un proceso de desintegración, que se había acelerado a partir de agosto de ese año, cuando fracasó un golpe de estado encabezado por un grupo de funcionarios del propio equipo del presidente, que –supuestamente- perseguía el restablecimiento del orden y la seguridad del país, pero que no contó con el apoyo de las fuerzas armadas y acabó siendo repudiado por el propio Gorbachov.

Los elementos que apoyaban la desaparición de la URSS se habían desarrollado a partir de un nacionalismo separatista que se había estimulado o tolerado por el gobierno central desde 1986. No obstante, la posición más fuerte en este sentido la detentaba principalmente, Boris Yeltsin, electo presidente de Rusia en junio de 1991 y que ya en octubre había expuesto en un discurso el programa de transición al capitalismo, proceso que en Rusia sería monitoreado por el FMI a partir de 1992.

Más allá de los hechos puntuales de esta última etapa, ya el peligro de la desaparición del país de los soviets se apreciaba claramente desde años antes, cuando el presidente Gorbachov había comenzado a desarrollar, bajo la engañosa  consigna de “perfeccionar el socialismo”, una política basada en la perestroika (reestructuración en ruso) y la glasnost (transparencia), procesos  que en la realidad socavaban la autoridad del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y sometían a una crítica destructiva el aparato de gobierno del país, todo esto más allá del análisis constructivo y también crítico de los problemas existentes en la sociedad soviética.

Lógicamente, las causas de la desaparición de la URSS son múltiples y complejas. Se inscriben en la propia historia de la construcción del socialismo en ese país y existen también muy diversas interpretaciones de este proceso. 

En este breve trabajo se intentará una síntesis que nos permita reflexionar sobre los factores de mayor importancia que llevaron a que desapareciera en 1991 este gigantesco estado multinacional.

II

Al ser electo Mijail Gorbachov como máximo dirigente de la URSS en 1985, la sociedad soviética enfrentaba grandes desafíos. Cada vez más la necesidad de cambios se hacía sentir con fuerza en la misma medida en que las dificultades habían llevado al país a un virtual estado de parálisis económica y crisis política y social.

Los problemas que se habían tratado de superar durante veinte años de sucesivas reformas económicas no se habían resuelto. Un sistema de dirección caracterizado por una alta centralización continuaba vigente y sus negativos efectos no habían sido sorteados con la introducción de elementos de una economía de mercado, cuyo desarrollo, aun con una implementación muy limitada, planteaba contradicciones cada vez mayores. A esto se añadía la presencia de un sector privado importante en la agricultura y también una economía privada informal que iba ganando espacio a lo largo de los años, sin que en ninguno de estos casos se hubiera logrado una solución inteligente para su tratamiento en el seno de la sociedad soviética.

De este modo, la agricultura había presentado un crecimiento de solo 1.7% promedio anual entre 1964 y 1982, ritmo que se había reducido aun más en 1985. Igualmente descendía el aumento de la productividad a solo un 0.5% entre 1976 y 1980, en tanto que la renta nacional redujo su crecimiento a 3.6% promedio anual entre 1980 y 1985.

Por otro lado, a pesar de que la URSS concentraba el 25% de los científicos de todo el mundo, el impacto de los resultados de la ciencia y la técnica en la producción y los servicios no tenía un peso importante. Sin embargo, estos resultados sí tenían impacto en la esfera militar, lo que había propiciado que se lograra un equilibrio estratégico entre la Unión Soviética y Estados Unidos en los años 80, pero a un elevado costo, tomando en cuenta que el gasto militar de la URSS había alcanzado ya el 12.8% del PIB en 1980, cifra muy superior a lo gastado por EE.UU. en esos años.

Puede resumirse que -desde el punto de vista económico-, en la URSS no habían logrado establecerse mecanismos apropiados para desarrollar una planificación eficiente y regular la acción del mercado en una sociedad socialista, lo que se hacía sentir en el manejo inapropiado de la economía informal y del sector privado en la agricultura, así como en la ineficiencia de las propias empresas estatales. 

Por otro lado, desde el punto de vista sociopolítico en los años 80 “…se extendió de manera antes no vista la corrupción, el alcoholismo, la indisciplina, la actividad delictiva, la caída de los niveles de sanidad e higiene públicas, las malas condiciones de los servicios hospitalarios, el hacinamiento de las viviendas. Todo esto trajo desencanto, hipocresía generalizada, un profundo individualismo oportunista y el resquebrajamiento de la ética cívica.”1

Ante este panorama, el gobierno de Mijaíl Gorbachov se planteó una difícil misión al señalar “el objetivo de esta reforma consiste en garantizar, en los próximos dos o tres años, el paso del sistema de dirección extraordinariamente centralizado de ordeno y mando, al sistema democrático, basado en los principios de la conjugación democrática del centralismo y la autogestión.”2

De este modo, se desarrolló la perestroika en la economía a través de tres etapas: Una primera entre 1985 y 1987 en la que se implementaron un conjunto de medidas que buscaban el perfeccionamiento del sistema, iniciando la aplicación de una variante de socialismo de mercado.3 Una segunda etapa 1988-1989 se caracterizó por el desgaste del país en la búsqueda de una salida a la crisis. Finalmente en una tercera etapa de 1990 a 1991 se avanzó aceleradamente hacia una “economía de mercado regulada”, que devino a la postre, en un programa de transición al capitalismo. 

De otro lado, considerando el supuesto de que los trabajadores se sentirían estimulados a partir  de los resultados de la competencia que debía generar la aplicación de instrumentos de mercado y se identificarían con la dirección del país, se propició de forma masiva el análisis crítico de los problemas de la economía, lo que rápidamente trascendió a la esfera política. Fue así que la glasnost desplazó gradualmente el centro de los debates de la esfera económica a la esfera política, lo que se produjo en medio de un completo desorden, en un proceso acelerado que terminaría cuestionando la legitimidad de todo el sistema económico, político y social existente hasta entonces.

En sentido contrario al que esperaba el gobierno, los trabajadores no se identificaron con el reformismo del presidente, sino que enfilaron la crítica más severa contra la propia burocracia estatal, que estaba representada –como cabeza visible- por Gorbachov y su equipo.

(Continuará)

1Ver Ariel Dacal “La perestroika: colofón de un proceso” en Roberto Regalado (Coordinador) La izquierda latinoamericana a 20 años del derrumbe de la Unión Soviética, Ocean Sur, México, 2012. Para un análisis sociológico de la sociedad soviética puede verse de Serguei Kara-Murza “La manipulación de la conciencia” Tomo II, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2014.

2Ver de Mijail Gorbachov “La perestroika y la nueva mentalidad para nuestro país y para el mundo entero”, Editora Política, La Habana, 1985.

 3 Las discusiones sobre el papel del mercado en el socialismo se remontan a los años 20 del pasado siglo. Actualmente, si bien se reconoce la existencia objetiva del mercado en la construcción del socialismo, no existe un consenso sobre cómo debe regularse

(El autor se ha basado para este artículo en su libro “El derrumbe del socialismo en Europa” Editorial de Ciencias Sociales y Ruth Casa Editorial, La Habana, 2015, especialmente en su capítulo I.)

José Luis Rodríguez
José Luis Rodríguez
Asesor del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM). Fue Ministro de Economía de Cuba.

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