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Mirar despierto los sueños de Mella

Apoyado en su inseparable bastón y con 91 años a cuesta, este hombre respetable que cotidianamente transita a paso lento desde su pequeña casa hasta el municipio del Partido o La Casa de los Abuelos, en San Antonio de los Baños, es Emilio Rodríguez Lara (1889-1986), uno de los precursores del socialismo en Cuba, veterano comunista y entre los 18 fundadores del Primer Partido Marxista-Leninista del país, junto con Carlos Baliño y Julio Antonio Mella, cita en la que presidió la última sesión.

“Conocí a Julio Antonio cuando íbamos a La Habana, a la Sociedad de Torcedores y a la imprenta donde se editaban las revistas Alma Mater y Juventud; allí imprimíamos hojas sueltas y otros materiales de propaganda. Un día conversamos y nació la amistad; al poco tiempo me dijo que quería celebrar un acto en San Antonio”.

Tiene el honor de haber ayudado a Mella en la creación de la Asociación Comunista del pueblo y de agrupar a hombres y mujeres para la Universidad Popular José Martí, también fundada por el líder estudiantil y que sesionó en San Antonio en citas nocturnas.

“El día 6 de agosto de 1925 me habló de reunir a varios compañeros de confianza para el domingo próximo. Cité a la gente rápidamente, pues en ese momento era el presidente de la Directiva de Torcedores. Cuando vino, el 9, lo esperábamos 13 compañeros. Así se constituyó la Agrupación Comunista aquí y en esa misma reunión fuimos electos al congreso Miguel Valdés y yo.

“El día 16 de ese mes se efectuó el Congreso en La Habana. Fue en Calzada, número 81, en la casa del doctor Alfonso Bernal del Riesgo. Desde sus comienzos, el Partido trabajó clandestinamente, pues el gobierno de Gerardo Machado había ilegalizado las agrupaciones comunistas”.

Este pionero del Partido Comunista, cuando joven tocaba bajo y trombón en una orquesta y banda locales, pero los tiempos eran difíciles y en varias ocasiones emigró a Tampa, Estados Unidos, en busca de trabajo. A su regreso al terruño se dedicó a labores de tabaquería. De ahí le vienen las ideas marxistas-leninistas y la defensa a la clase obrera.

“En la tabaquería se leían libros de Carlos Marx y Federico Engels, los traían los mismos tabaqueros y algún que otro lector. Ya sabes, eso se va filtrando. Pero quien me llevó definitivamente al marxismo fue Julio Antonio.

“San Antonio de los Baños ha sido tradicionalmente un pueblo proletario, solo así se explica el calor inmediato que tuvieron aquí las ideas marxistas y el número de afiliados al Partido llegó a ser de 1 335.

“Los políticos tradicionales poco podían hacer. Incluso, Machado vino a inaugurar una fábrica de tabacos y los obreros no lo aplaudieron, le hicieron tal desplante que siguió otro rumbo, sin ir al brindis”.

La Universidad Popular

La Universidad Popular José Martí, fundada por Mella el 3 de noviembre de 1923 y clausurada en 1927 acusada de foco de propaganda comunista, tuvo como propósito educar a los sectores populares y estrechar lazos entre obreros, estudiantes e intelectuales a favor de la cultura del pueblo.

El proyecto ofreció sus primeras clases en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, pero blanco del gobierno machadista, tuvo que trasladar la sede hacia espacios como los de la Federación de Torcedores de La Habana, la Federación Obrera de Bahía y la Hermandad Ferroviaria, y a localidades entre las que se encontraron San Antonio de los Baños, Regla, Guanabacoa y Marianao.

Emilio se acomoda en el sillón espacioso de su casa y en un gesto peculiar, lleva la mano a la cabeza y peina las canas. Lo hace con frecuencia, casi siempre cuando desea hacer presiones en lo que va a decir.

“El primer día que Mella vino a San Antonio tuvo mucho público, pero el segundo día todavía más…, el recibimiento fue masivo y en el teatro del Círculo de Trabajadores no cabía nadie, ¡aquello fue algo grande!

“Después sesionó en el pueblo la Universidad Popular José Martí, creada también por él. La primera noche había unas 50 personas, pero con cada frecuencia aumentó el número, era difícil contarlos. Siempre venían dos doctores y cada uno hablaba durante una hora. ¡Decían cada cosa!

“Uno de esos días, Julio Antonio llamó a un grupo de campesinos para hablarles después de la jornada de conferencias. Allí estuvieron desde las 10 de la noche hasta pasadas las dos de la madrugada. Cuando terminaron, oí como lo alababan por su forma clara de exponer los hechos”.

No oculta el viejo patriarca su admiración por el estudiante de Derecho. A estas alturas de la vida va de recuerdo en recuerdo de sus días gloriosos en las batallas políticas, en la movilización, dirección y apoyo de numerosas huelgas, en su accionar en la localidad como presidente del Gremio de Tabaqueros, de la Sociedad de Resistencia, del Comité de Ayuda al pueblo español y como organizador de la Sociedad de Socorro mutuo.

Huelga de Mella

En noviembre, Mella fue hecho prisionero acusado de supuestos actos terroristas; ya el 5 de diciembre de 1925 comenzó la huelga de hambre en protesta porque le negaban el derecho de fianza.

“Fue algo bárbaro el ambiente de San Antonio durante la huelga de hambre de Mella. Es que este pueblo lo respetó mucho. Formamos una comisión de 10 hombres y llegamos a La Habana para entregar un comunicado al Fiscal de la República, Clemente Vivanco, quien nos preguntó: ‘¿Ustedes vienen a pedir la libertad de ese muchacho?, ¿no se dan cuenta de que Machado cree que quiere imponerse y no se lo va a permitir?’

“Cuando terminó, le contesté que conocía a Mella y su valor para todo, y que no iba a permitir ser acusado de algo falso. Al final, triunfó la movilización organizada por el Partido.

“Al agudizarse la persecución a Mella, se decidió su salida del país. Con el fin de confundir a los cuerpos represivos de la tiranía se organizó en el pueblo una función de cine anunciando su presencia.

“La película terminó y él no aparecía. ¡Imagínese! Un compañero me pidió que hablara. ‘¿Yo?, ¡ni por lo que dijo el cura!’ Lo menos que hicieron fue mentarnos la madre cuando se supo que no vendría. Así realizamos nuestra parte del plan.

La impronta del Partido

La voz ya le tiembla un poco a Emilio, quien desde los 11 años trabajó en las tabaquerías y ese conocimiento lo llevó a un compromiso militante expresado en los congresos que se celebraron en Cuba para lograr la unidad sindical, los que en 1920 y 1925 tuvieron máxima representación, así como haber sido fundador de la Confederación Nacional Obrera de Cuba.

Acosado por el régimen de Machado, este hombre durante su estancia en Tampa se unió a quienes defendían reivindicaciones sindícales, integró una célula comunista y fue electo vicepresidente del Círculo Cubano. Fue la etapa en que perdió un pie en un accidente.

A su historia revolucionaria hay que unir también la incorporación a la Liga Anticlerical y la Liga Antiimperialista, y formó parte de la comitiva que en 1924 participó en la siembra del olivo que se erige en el municipio de Regla, en honor a Vladimir Ilich Lenin y constituye el primer homenaje al líder fuera de su patria.

“El Partido nunca dejó de actuar. Como comunistas cumplíamos las tareas, hacíamos mítines breves, rápidos, corríamos cuando llegaba la guardia rural. Una vez, durante un Congreso de Torcedores en Santa Clara, debía hablar en cada taller uno de nosotros. Estando en el que me asignaron, oigo que dicen: ‘Aquí no dejan echar discursos’, y respondí: ‘Compañero, yo empecé, yo acabo. El agua a correr hasta que se seque la pila. Y terminé’”.

Emilio milita en un núcleo de jubilados en la sede del PCC ariguanabense, temporalmente ofrece charlas sobre Julio Antonio Mella y con frecuencia preside actos políticos. Por su avanzada edad ya no realiza guardias, “pero hasta que pude cumplí, a veces con un frío que zumbaba, pero como soldado de primera fila.

“Los editoriales de los periódicos los leo completos, un revolucionario debe estar siempre actualizado y seguir bien cerquita lo que diga Fidel. Cuando recibí el carné del Partido, lo besé y juré dedicar a la organización lo días de vida que me quedan”.

Invitado al Primer Congreso del Partido en la revolución, con fuerza comenta: “Fue lo más grande de mi vida. ¡Allí había tal organización y disciplina! Cuando Fabio Grobart me vio, me abrazó y hablamos de los viejos tiempos. ¡Nunca pensé que un Congreso pudiera ser tan hermoso! Ya ve, puedo mirar despierto los sueños de Mella que son hoy verdad diaria”.

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