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EFEMÉRIDES

Ricardo Martínez Victores, una de las primeras voces de Radio Rebelde

En una oportunidad cuando me disponía hacer un trabajo sobre Celia Sánchez para la revista Bohemia, solicité testimonios a Ricardo Martínez y a Orestes Valera, fundadores y locutores de Radio Rebelde. Yo conocía de la devoción, respeto, cariño y admiración que ambos sentían por la heroína. También fue la manera que hallé para conocer sobre la trayectoria de ellos, como combatientes en la Sierra Maestra. Respectivamente, ostentaban el grado de capitán.

Rememoraron momentos transcendentales de los inicios de la guerrilla que tuvieron como testigo a Celia y, sobre todo, ofrecieron impresiones sobre la figura histórica de Fidel.  Entre los acontecimientos recordaron cómo fue construida la Comandancia General, la importancia de Radio Rebelde, la ocasión en que Fidel planificó el segundo ataque a Pino del Agua, el 16 de febrero de 1958, así como la primera vez que el jefe de la Revolución habló de crear el Pelotón Mariana Grajales.

Ricardo: Nosotros llegamos a la Sierra en 1957.  Yo tenía 22 años, Orestes 28 y Celia tendría 37.  Cuando a ella se le pone muy difícil la situación en la clandestinidad, entonces sube a la montaña para quedarse.  Allí la veíamos como a una compañera entrañable.  Por eso, Raúl le dice en una carta: “Tú te has convertido en nuestro paño de lágrimas (…) Te vamos a tener que nombrar madrina oficial del destacamento…”.

La primera mujer que vi en la guerrilla fue a Celia, con la mochila a cuestas.  Nunca permitió ayuda para cargar el peso.  Aquella mujer y su actitud, nos llamó la atención. Nosotros sabíamos de la existencia de Norma en la clandestinidad, a quien antes tampoco habíamos visto.  Luego supimos que ambas eran la misma persona.

Orestes: Para ella aquella etapa de la guerrilla nómada fue muy agotadora, pero nunca se quejó. Nosotros si nos quejábamos del cansancio, tras recorrer sin parar cantidad de kilómetros y subiendo o bajando elevaciones. En cuanto se daba la voz de acampar, lo primero que hacíamos Ricardito y yo era buscar dos matas para poner las hamacas, lo mismo hacía ella y si le tocaba cocinar, asumía la tarea sin nunca expresar lo agotada que se hallaba.  La comida de Celia tenía mejor sabor que la de otros improvisados cocineros.

Ricardo: A propósito de la guerrilla nómada, recuerdo que una vez recién llegados al lugar para acampar y muertos de cansancio Fidel dijo: vámonos de aquí que nos van a bombardear.  Orestes y yo, no desmontamos las hamacas porque no habíamos escuchado ruido de ningún avión.  Y al poco rato, escuchamos un sonido que cada vez se acercaba más al sitio donde estábamos descansando y, más rápido que estate quietos, nos fuimos de allí, que sí fue bombardeado. A partir de entonces, éramos los últimos en poner las hamacas, esperando que Fidel alertará o no de lo que podía pasar.

Otra de las predicciones de Fidel, sucede cuando teníamos establecida Radio Rebelde en la Comandancia del Che, en la Pata de la Mesa:  Él había acabado de hablar por la emisora y nos alerta de la posibilidad de una ofensiva del ejército batistiano contra la Sierra, de lo cual no tenía información alguna. Esa fue otra de las predicciones del Comandante en Jefe. Se debió a esa luz larga que tiene él. A continuación, planteó el traslado de Radio Rebelde para la Plata, donde definitivamente fue ubicada la Comandancia General, tras dejar la guerrilla nómada.

Los compañeros de Radio Rebelde fuimos los primeros en “colonizar” La Plata, dando pico y pala… cortando árboles.  Edificamos tres casitas. La hicimos con mucho amor, nos parecían maravillosas.  Ahora, la verdad, eran un “churro”. Y cuando Celia las ve no las califica.  Reconoce el esfuerzo y… bueno Fidel sitúa la Comandancia en la primera instalación.

Orestes: Esa casa, muy chiquita era de madera, con el techo de zinc y sin ventanas.

Ricardo: Posteriormente, cerca de la misma, Celia idea fabricar otra casa y mejor para la Comandancia, que tuviera dos plantas, sin tumbar un árbol.  Antes hizo un boceto y creó una brigada, integrada en lo fundamental por campesinos. Le buscó un entorno hermoso, protegida de la aviación enemiga, mediante las copas frondosas de los árboles.

Orestes:  Ella tenía un gran sentido artístico. Una vez nos contó que, en el patio de su casa en Pilón orientó construir una casa encima de una mata para sus muñecas y recordando ese diseño se construye la Comandancia, para cuya entrada orientó hacer un camino de tablas, lo que evitó el fango y la resbaladera.  Además, fue hecho un parquecito y jardín sembrado de mariposas, orquídeas y crotos.

Diseñó los libreros y puso especial cuidado en la habitación donde durmiera Fidel, o sea que fuera lo más agradable posible. También indicó el sitio para la cocina. Ricardo y yo, nos hacíamos los “guillaos” e íbamos a ver a Celia, buscando la invitación a comer… porque echaba a la comida yerbitas, como el cilantro y el jengibre; ella los buscaba personalmente en las lomas y cerca de los ríos, por eso sus platos tenían tan buen sabor.

Ricardo: De cómo eran los sentimientos de Celia, voy a contar una anécdota: Cuando el combate de Guisa, el Comandante envía una nota a Eduardo, el técnico de la emisora: “A todos los muchachos de Radio Rebelde:  Aquí estoy echándole de menos a ustedes.  Ya tengo altoparlantes, pero no tengo locutores.  Pronto va a llegar aquí una planta trasmisora potente, pero sin Eduardo y ustedes nada funciona (…) La gente buena y acariciando comprar en Guisa chucherías.” El mensaje terminaba con abrazos de Fidel y Celia, con fecha de noviembre 26 de 1958.  Ese detalle da la medida de cómo Fidel nos recordaba y de cómo Celia se ocupaba de darnos sorpresas gratas donde la vida era tan difícil.

Orestes: Si conocía del ingreso de un combatiente o de un campesino de la zona, iba al hospital a interesarse por la atención brindada.  A los niños enfermos no sólo los veía, buscaba a los padres y les daba aliento.

Ricardo:  Por otra parte, el primer taller de costura creado en la Sierra Maestra fue por iniciativa de Celia, donde las Marianas cosieron ropas y uniformes para el Ejército Rebelde. Y, hablando de las Marianas, la idea de ese pelotón de mujeres la dio Fidel, aquella noche que teníamos una “descarguita” donde se hallaba Radio Rebelde.  El Comandante y Celia nos sorprendieron cantando a capela, sin café ni agua. Nada.

Cantábamos villancicos y canciones populares, mientras Olguita Guevara tocaba la guitarra, y complaciendo una y otras peticiones, oímos unos cañonazos, disparados desde las Mercedes por los “casquitos”, al parecer festejaban una efeméride.  En ese momento Fidel plantea: ¿Qué les parece a ustedes si creamos un pelotón de mujeres para el combate?  Hizo la pregunta uno a uno.  Las mujeres dieron las opiniones más entusiastas: Celia, Olguita, Violeta Casal, Alicia Santa Coloma…

Recuerdo otro momento en la Sierra de particular emoción.  El Movimiento 26 de Julio en La Habana envió un mensaje, el cual por azar recibo yo.  Comunicaba que esa tarde se verían por el canal 6 los hijos de Faustino Pérez y mi hija.  Busqué a Celia y le pedí autorización para ver el programa infantil, pues el único televisor existente estaba en la casa de la Comandancia.  Entre paréntesis, los campesinos caminaban diariamente como 10 kilómetros, para verlo; fue el primero en llegar a los contornos montañosos. Siguiendo el relato:  Celia sonriente me dice: Llévatelo.  Aquí el canal 6 no se ve bien por las lomas y en el Pico lo van a poder ver mejor.

Orestes: De esta forma sencilla, muchas veces en silencio, mostraba su afecto.  Y era mujer de criterio sólido, pues si no entendía algo y lo razonaba distinto a otro compañero, mantenía su opinión.

Una vez, los altos oficiales Camilo, Che, Almeida, Crespo… se reunieron para señalarle a Fidel que él no debía combatir y que solo dirigiera los combates. Nos preocupaba su vida.  Celia apoyó al grupo y trató de persuadir a Fidel.

Ricardo: En la Sierra, como luego lo hizo al triunfar la Revolución, ella se mantuvo igual, cuidando al Comandante.  El pueblo conocía bien de cómo Celia lo atendía y se encargaba de ayudarlo bajo cualquier circunstancia. En los actos públicos, poco visible para las cámaras de la TV y fotógrafos, se sentaba cerca de Fidel.  Además, rechazaba la ubicación de la silla donde por jerarquía le correspondía.  No le gustaba la propaganda sobre su persona.

Cuando muchos no nos dábamos cuenta del significado histórico de un documento escrito y firmado por Fidel en la Sierra, ella si estaba consciente de ello y por eso les sacaba copias a todos.  Estas fueron las únicas discusiones con Fidel, pues él se impacientaba por el atraso en la entrega del mensaje.  Sin embargo, Celia escribía el texto hasta sacar completa la copia.

No hubo en ella ostentación, fue la persona más sencilla que he conocido.

Orestes: A veces pienso ¡qué pena que ya no pueda estar con nosotros!  La recuerdo en medio de problemas difíciles para el país y de cómo los enfrentaba, y de cómo eran su capacidad, firmeza y lealtad. Ella fue capaz de ayudar a parir la Revolución. Ya no está, pero la tenemos presente en una foto, cerca de un centro de trabajo, de nuestro hogar.  Siempre hay algo de ella presente.

Ricardo: Cuesta trabajo creer en su muerte.  A mí me parece ver a Celia cuando veo un niño, la recuerdo en cada momento del actual proceso histórico.  Este es mi encuentro con ella.

Angela Oramas Camero
Licenciada en Periodismo por la Universidad de La Habana. Es vicepresidenta de la filial de prensa de la Unión de Historiadores de Cuba (UNHIC) y vicepresidenta del Club Martiano de prensa “Gonzalo de Quesada”
https://www.cubaperiodistas.cu

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