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PERIODISMO DEPORTIVO

Descuidos que golpearon el olimpismo, ¿dónde no…?

El descuido hace de las suyas en cualquier sector y cualquier etapa. El olimpismo no es excepción. Lo hirió dentro de lo atlético, hasta en la vida diaria del deportista, y le saboteó los anhelos. Comienzo con uno muy cercano. El feo rostro de la negligencia apareció en la carrera de maratón de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. El brasileño Vanderlei de Lima al frente. Es una segura victoria para el que ya fue el mejor de la prueba en los Panamericanos de 1999 (Winnipeg) y 2003 (Río de Janeiro) con tiempos de 2:17.20 y 2:19.08, respectivamente.

Le saca un minuto de ventaja a los rivales en la capital griega. Aprieta y… ¡Un individuo lo ataca! Cuando las autoridades actúan, las lesiones han dañado al corredor en lo físico y lo espiritual. Muchos años de reclusión merece el loco Cornelius Horan por su barbaridad. Había hecho algo parecido al intentar paralizar el Gran Premio de Fórmula Uno en Silverstone.

El error de la seguridad de la justa priva del título al latinoamericano: los contrincantes más cercanos aprovechan: el italiano Stefano Baldini y el estadounidense Mebrahtom Keflezight lo sobrepasan a pesar de los esfuerzos del victimado que entra tercero. El galardón Pierre de Coubertin por el Juego Limpio y los Valores Olímpicos otorgados por el Comité Olímpico Internacional al infortunado atleta, solo es un paliativo. En su patria recibe honores, es un símbolo deportivo pero esa herida jamás cicatrizará.

Saltemos mucho más atrás. Uno desliz daña el atletismo en la gran justa angelina del 32. Eddie Tolan y Ralph Metcalfe, de Estados Unidos, campeón y subcampeón en la prueba reina con tiempo igual al récord del mundo: 10.3. Disputan los 200. ¡Tremenda carrera! Llegan. Tolan se ha impuesto con 21.2, mientras el otro favorito obtiene el premio de bronce con 21.5. Plata para su coterráneo George Simpson: 21.4. Una comprobación posterior demuestra que una mala medición le agregó un metro y cincuenta centímetros  al recorrido de Ralph. De no haber acontecido este error hasta podría haber ganado.

No es la única falla de este tipo en el señalado certamen. El finés Volman Iso- Hollo pretende ocupar el sitio principal del podio en los 3 000 con obstáculos. Contendiente plateado en los 10 000, solo superado por el polaco Janusz  Kusocinsky. Su aspiración en la otra prueba es mayor: romper el récord del mundo.  ¡Arrancaron…!  Volman demuestra su calidad en cada vuelta, aumenta la ventaja, se muestra fresco. Los rivales,  cada vez más lejos. La meta. “Pero, ¿dónde se metieron los jueces…? No están en su puesto. Rugen las protestas. Mas los contendientes pagan por el descuido: deben seguir corriendo y dar una vuelta suplementaria.

El de Finlandia consigue uno de sus sueños: se impone con 10:33.4. Pero la marca queda incólume porque los árbitros incumplieron. En Berlín, cuatro años después, Iso-Hollo será el hombre dorado otra vez, aunque su tiempo (9:03.8) tampoco quebrará el tope del orbe ni el de la justa, y deberá conformarse con el bronce en los 10 000.

El  italiano Luigi Beccali es el monarca  de los 1 500 planos (3:51.2) en los X Juegos. En los XI, albergados por Alemania en 1936, es el favorito. Pero allí se enreda en la carrera decisiva: Jack Lovelock, de Nueva Zelanda, y  Glenn Cunningham, de EE.UU, lo lanzan al bronce 3: 47.8 (adiós a la plusmarca del planeta) y 3:48.4 por 3: 49.2. Beccali se hunde al no poder realizar uno de esos impresionantes finales a los que tiene acostumbrado a sus seguidores. Según técnicos y periodistas, amén de la excepcionalidad del triunfador, Luigi no distribuyó bien su potencia. Se descuidó, no pudo ascender al lugar principal del podio y lo bajaron al tercero.

Vamos a regresar a Los Ángeles 1932. Los 400 planos, William Carr y Benjamín Eastman (EE.UU.)  al frente. Recta final. ¡Qué 100 metros! El primero triunfa y también le arrebata la marca del planeta a Ben, hasta entonces 46.4, y la fija en 46.2.La lucha atlética de la luminaria no había sido feliz en sus inicios: se fracturó los tobillos cuando competía en salto alto. En su reaparición, brilló en la pista. Cuando prometía todavía más, al no fijarse al cruzar una calle, en 1933 un tranvía lo arrolla y lo deja inválido por el resto de su existencia.

Demasiada velocidad. Un accidente de tránsito evita la presencia en Roma 1960 del recordista mundial de los 440 yardas con vallas, el sudafricano Potgieter: 49.3; en la medida oficial, 49. El ganador en la XVII magna lidia resulta Glenn Davis (USA): 49.3, debido a un descuido en la vía que dejó fuera de la lid al favorito.

Reviso el escrito. Apago y desconecto la computadora. Me lavo bien las manos como se indica. Busco par de nasobucos. Me los pongo y voy hacia el vacunatorio donde ayudo. Pienso: en el deporte, en la vida, en medio de esta pandemia especialmente, el abrazo del descuido puede ser hasta trágico.

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