COLUMNISTAS

Pasaporte al 2021

Hay lesiones sin cura o que tardan en encontrar sanación. Eso está ocurriendo y se va a padecer en Estados Unidos, a juzgar por los síntomas de la enfermedad.  Si hasta el momento se acumularon en el expediente de Donald Trump insensateces y burradas en cantidades superlativas, es imposible negar que tiene seguidores, lo mismo confundidos que vigorosos entusiastas.

Aunque perdió todas las demandas legales presentadas para hurtarle el triunfo a Joe Biden y se la entregaran a él, el magnate neoyorkino insiste en su batalla, y cuenta con adeptos; entre ellos aparece un grupo de doce senadores, encabezados por su antiguo oponente en la carrera presidencial, Ted Cruz, dispuestos a continuar el desafío el día 6, para mantener en la Casa Blanca a Trump.

Según lo establecido, ese día se reúnen las dos cámaras del Congreso para dar certificación final de las elecciones. Como es suficiente que un miembro de una y otro se oponga al cómputo de votos en un estado equis, piensan desafiar lo proclamado por el Colegio Electoral el pasado 14 de diciembre, mediante un acto que se considera concluyente.

Se supone que esa nueva maniobra no prospere y que la anunciada manifestación de grupos ultraderechistas simpatizantes de Trump, no pase de lo anecdótico, pero en cualquier caso, son síntomas de la grave enfermedad circulando por la sociedad norteamericana, dividiéndola de forma espectacular.

La estrategia de Trump y sus acólitos logró convencer a millones de que hubo un fraude mayúsculo el 3 de noviembre y el mandatario es víctima de una conspiración demócrata. Como ocurre con los maníacos, llegan a creerse sus propios embustes y así se patentiza en las declaraciones de un abogado pro Trump que amenaza con fusilar a Mike Pence porque el vicepresidente llamó a cesar esta campaña deslegitimadora, pues daña a Estados Unidos y a sus estructuras en términos humanos y políticos.

La nueva administración norteamericana ¿logrará establecer su validez ante tantos convencidos del escamoteo? Deshacer esas percepciones cuando tanto tienen por delante, es urgente o se arruinarán los anunciados proyectos de enmienda interna o exterior.

De por sí, el dueto Biden-Kamala tiene una tarea compleja por delante. Deberán ocuparse de muchos y fuertes problemas. Ante todo, frenar los escalofriantes niveles de contagio y muertes por la Covid-19, pues se continúan acumulando las peores cifras (sobre 350 000 muertes + 20 millones y medio de positivos).

No parece recomendable, de otro lado, dejar para mucho después algún proyecto que amortice la enorme y dañina polarización socio-política actual padecida por los estadounidenses y, al mismo tiempo, procurar que esa pugna ciudadana no dañe el programa a desarrollar.

Biden y su gabinete están forzados a recomponer también los vínculos con otras naciones, sean amigas o “enemigas”. Trabajo tan arduo como ineludible. Darle algo de sensatez a las relaciones internacionales en una etapa recargada y por sí sola difícil, exige de equilibrios, alivio a tensiones en el comercio y la praxis política, quizás sustituyendo las amenazas por entendimiento, si la relajación del tono se acompaña con la búsqueda de armonía, aunque esta sea solo relativa.

El tema tiene tantas aristas como complejidades deja sobre la geografía planetaria Donald Trump. Los excesos de permisibilidad en el sostén a Israel en detrimento superlativo de los palestinos y en una subida desproporcionada y muy nociva hostilidad revanchista hacia Irán, se encuentran dentro de la pésima herencia que deja este gobierno.

Existen precedentes creados por él que se mantendrán en una medida o en otra, dado el cauce y las dimensiones que tomaron. Uno de esos despropósitos es el abierto enfrentamiento de Washington con Beijing, pues Trump logró convencer a los republicanos y por igual a los demócratas, de obstaculizar los avances de China, para impedir el éxito de ese competidor estratégico. Posiblemente hubo y hay cotejos mejores para esos enfoques y el natural vínculo creativo, pero se impuso la confrontación y una vuelta atrás no parece  muy encauzada, incluso si los nuevos moradores de la Casa Blanca decidieran aflojar las actuales presiones arancelarias.

“Creo que la mejor estrategia con respecto a China es aquella que ponga a todos nuestros aliados en la misma página”, afirmó Joe Biden, formulando el proyecto como posible y cómodo, al parecer en procura de la pista dejada por Obama con respecto a una competencia comercial en mejor lid. Pareciera no constituir un camino bien pavimentado pues el gigante asiático logró acercamientos significativos con la Unión Europea, desde donde suscribieron un acuerdo para proteger sus inversiones y crear posibilidades para inversiones de las empresas del Viejo Continente  en el mayor mercado del mundo en la actualidad. Asia vuelve a presentarse como la zona de mayor dinamismo económico, si no la estorban.

Son asuntos donde entran además las relaciones con Rusia, demonizada hasta lo absurdo, entre retos inmensos. No menores –queda esbozado antes-  serán los relativos al Medio Oriente, área donde la recuperación o no del Acuerdo Nuclear con los persas, está entre lo impostergable. Igual ocurre con las divisiones regionales incentivadas por la administración Trump, al forzar el reconcomiendo del estado sionista a cambio de favores, y, entre diversos avatares, parece inminente,  un rediseño de los vínculos EE.UU.-Arabia Saudita.

Latinoamérica se abre al 2021 con numerosos conflictos de orden económico y convulsiones sociales apenas sofocadas por la pandemia pero susceptibles de reavivarse pues no fueron debidamente atendidas. También se asoma, entre lo deseable, la ocurrencia de algunos cambios positivos en varias naciones. Hay terreno abonado, pueden germinar buenas semillas.

El Área Continental Africana de Libre Comercio, aparece como un macro experimento alentador que sugiere mejoras en el desenvolvimiento del llamado Continente Negro. Un total de 55 países se unieron para contar con un espacio común de libre comercio, sin tasas aduaneras para sus respectivos bienes y servicios en una unidad territorial que reúne un PIB superior a los 3 billones de dólares.

Dentro de un realismo pertinente, debe situarse que cualquier peripecia depende de la evolución positiva o maligna de la epidemia provocada por el SarCov2. Pero a través del repaso dado, incompleto desde luego,   se hace posible apreciar las consabidas luces y sombras que se proyectan sobre el tiempo recién iniciado, al cual se llega muchas, demasiadas, rémoras anteriores que, ojalá, como el nuevo coronavirus, tengan vacunación oportuna.

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