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El periodismo es un caballo rompiendo el aire y la vida su cabalgadura

No me gustan los apremios, no me van. Me gusta quedarme hasta el final. Prefiero vivir los hechos mas que meramente reportarlos, hurgar en el envés. Por eso,  las coberturas que me llevaron a la sierra, al surco, a la gente de Cuba adentro; esas que no están urgidas por el cierre,  siempre contaron conmigo.

 He tenido unas miradas y unas historias por ahí…

 Una mañana me fui a un pedazo glorioso del Oriente, a la reedición simbólica del alzamiento del 24 de febrero de 1895 en Baire. ¡Nada menos! A la tierra de Eduard Encina, el poeta que una vez me confesó que la manigua “nos libera y al mismo tiempo nos acorrala”, que es preciso “subir a los altos de Baire para dar un grito lírico”.

Solicité estar antes, pedí insertarme en la tropa encargada de la rememoración. No quería el papel del observador que atrapa unos datos para la nota de rigor: necesitaba ser parte. Cuando le expliqué mi intención al responsable de organizar aquella vuelta, aquel tributo, me miró de arriba abajo… y me soltó la pregunta:

― ¿Quiere un caballo, periodista?… ¿Usted sabe montar, verdad?

Debo confesar que mi experiencia como jinete era escasa, bien escasa; pero ¿acaso podía rehusarme?  Hubiera sido un despropósito. Era uno más de la tropa o no lo era. Y como lo más natural del mundo, moví mi cabeza en ademán afirmativo y tomé las riendas.

 La historia   

La orden del alzamiento del 24 de febrero, firmada por Martí, llega envuelta en un tabaco a las manos de Juan Gualberto Gómez. Una genialidad en la que poco se repara. La zona de Jiguaní- Baire trazó su estrategia. Este último poblado no será el único de los sitios en levantarse contra España, mas su historia ineludible y singular,  es motivo de orgullo para sus pobladores.

Ese día, el curtido Rafael Salcedo ejerció como juez en la valla de gallos de Baire. Tres de la tarde, hora convenida. Machete en mano, salta a la arena: “Basta ya de peleas de gallos, es hora de pelear los hombres y no los animales por la independencia de Cuba (…) el que quiera ver a Cuba libre que nos acompañe a la plaza”.

   A pocos metros aguarda un centenar de cubanos sobre sus caballos. Urbina está con su gente. Saturnino Lora lanza la arenga: “Ha llegado el momento de romper las cadenas que nos tienen uncidos al férreo carro de la tiranía y en prueba de ello demos un Viva Cuba (…)”.  

   Un recio galope acompaña la salida del poblado, y más tarde, las fuerzas se concentran en la finca La Guerrilla donde eligen como jefe a Jesús Rabí.  La libertad iba en aquellos hombres. Cien años después… yo seré uno de ellos.

Las bridas

Baire se llena de banderas, hincha el pecho, cada 24 de febrero. Naturalmente, la representación de lo ocurrido requiere un mínimo de ensayo. Mi caballo era noble, el más tranquilo. Me llevó sin tropiezos a dondequiera que quise. En los descansos, pude indagar sobre los cadetes reconvertidos en mambises, calibré el eco del pasado, escuché la Diana Mambisa romper la madrugada. Todo marchaba.

Llegó el día. El día señalado siempre llega. Conmemoración del Grito de Baire. El asombro recorrió la fila de mis colegas que cubrían el acto cuando  me vieron alzado sobre la montura, mas no permití chanza alguna. Yo me lo había tomado en serio.

El arribo a la plaza, la valla, la proclama. Finalmente, la salida del poblado, la corrida hacia un descampado cercano.  Y ahí, justo en ese momento, jinete y animal descompadraron. Mi caballo, contagiado con los demás, se disparó. Sentí como rozaba el aire, como flotaban las crines. Sentí voces en mi ayuda, entré en otra dimensión.  De haber estado en un hipódromo, hubiera sido el ganador de la carrera.

 No cometí el error de sujetar las bridas de un tirón, hubiera sido fatal. Lo hice poco a poco, como todo un experto. El momento me dio el aplomo. Adelanté a Robert Redford susurrando al caballo que se detuvieraaaaa. Y el hermoso ejemplar lo hizo sí, en cámara lenta, a su propio paso, cuando se vio separado del resto.

La crónica, escrita desde dentro, ocupó la primera plana del periódico. La historia que no toque el presente, no vale la pena… El periodismo es una aventura perpetua. El periodismo es un caballo rompiendo el aire y la vida es su cabalgadura ¿Acaso te puedes rehusar?

Reinaldo Cedeño
Reinaldo Cedeño
Periodista, poeta y promotor cultural. Ha ganado en dos ocasiones el Premio Nacional de Periodismo Cultural. Premio Latinoamericano de Crónicas (Portal Nodal Cultura, 2016). Creador del Concurso Caridad Pineda in Memoriam de Promoción de la Lectura. Entre sus libros: El hueso en el papel (Editorial Oriente, 2011), A capa y espada, la aventura de la pantalla (Fundación Caguayo-Editorial Oriente, 2011), Poemas del lente (Hermanos Loynaz, 2013) y La noche más larga. Memorias del huracán Sandy (compilación, Ediciones Santiago, 2014 y 2015). Actualmente es redactor-reportero de la emisora Radio Siboney, miembro del Consejo Nacional de la UNEAC y vicepresidente del Comité Provincial en Santiago de Cuba. (Santiago de Cuba, 1968)

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