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Los días de Camilo en Camagüey

Los últimos días de octubre son de remembranzas para los camagüeyanos. La imagen de Camilo Cienfuegos, el Comandante Rebelde de las mil hazañas, se reconstruye a partir de fotos de la época, las vivencias y reseñas históricas, junto al recuento de sus proezas extraordinarias en la lucha armada contra la tiranía.

Tras las derrotas del ejército del tirano Fulgencio Batista en la “Ofensiva de Verano” en la Sierra Maestra, a finales de agosto de 1958, el Comandante en Jefe Fidel Castro decide aprovechar los acontecimientos para lanzar una ofensiva final con dos columnas invasoras, al mando de los experimentados combatientes Ernesto Che Guevara (No.8 “Ciro Redondo”) y Camilo Cienfuegos (No. 2 “Antonio Maceo”)

El territorio centroriental cubano era muy extenso, entre los ríos Jobabo, por el este, y el Jatibonico, al oeste, que ocupan las actuales provincias de Camagüey y Ciego de Ávila y parte de Las Tunas y de Sancti Spíritus.

No solo las emboscadas de las tropas batistianas fueron el principal enemigo. Las rutas escogidas comprendían una geografía llana y despoblada, cenagosa e infestada de mosquitos y jejenes, con arroyos y ríos crecidos por las constantes lluvias, además de pocos bosques para resguardar en horas del día a los experimentados guerrilleros. A estas contrariedades se sumaron la falta de información sobre el teatro de operaciones y unas insuficientes fuentes de alimentos y medicinas.

El ocho de octubre entraron en el lomerío de Las Villas. Comenzaba una etapa final de la invasión, la cual reditaba la marcha a occidente de Máximo Gómez y Antonio Maceo en la guerra de independencia del colonialismo español, en el año 1895.

El primer encuentro luego del triunfo revolucionario

El “barbudo” sonriente del sombrero alón volvió a estar presente entre los camagüeyanos, en la primera concentración por el Día Internacional de los Trabajadores, a pocos meses del triunfo de la Revolución.

En aquella primera conmemoración proletaria, más que su proeza rebelde transcendió su pensamiento político, junto a las dotes de organizador y guía de masas populares. Camilo fue el orador principal ante más de cincuenta mil camagüeyanos, reunidos en el entorno de frondosos árboles del Casino Campestre, el mayor parque urbano de la Isla.

En sus palabras sencillas defendió rotundamente la importancia de la unidad del pueblo cubano libre de injusticias.

«Esta unidad que hemos visto aquí hoy y que la estamos viendo a diario en toda nuestra Patria, hay que mantenerla a toda costa.  Todos los obreros, todos los trabajadores, todo el pueblo, deben unirse cada día más. Es la unidad del triunfo. En la unidad está la verdadera consolidación de la revolución y de la libertad que hoy disfrutamos».

“Trabajadores, ustedes deben estar conscientes del momento que vivimos, que son muchos los enemigos escondidos y en espera del momento de atacarnos ¡No se dividan! ¡No podemos dividirnos! Ejército, pueblo y obreros debemos estar cada día más unidos”.

Las maniobras difamadoras en torno a los acontecimientos del cruce de la invasión de los rebeldes por el sur de la provincia, chocaron con un muro de francos argumentos expuestos por el héroe rebelde.

« (…) En nuestra Columna hubo muchos camagüeyanos que hoy siguen prestando grandes servicios, al Ejército, grandes servicios a la Revolución. (…) Yo, para esta provincia de Camagüey, y para todos los camagüeyanos (…) solo guardo consideración, cariño y respeto, (…)».

Los días victoriosos y aciagos de octubre en Camagüey

Los pobladores de la capital provincial preservan de generación a generación,  los recuerdos de la proeza extraordinaria del popular héroe que convirtieron a los sucesos del 21 octubre de 1959  en una de las históricas páginas del respaldo  a la triunfante Revolución.

Cerca de las 7 de la mañana, el Comandante Camilo Cienfuegos irrumpió con su prestigio y moral en el cuartel  “Agramonte”,  para detener la conjura divisionista  del jefe militar Hubert Matos, que ponía obstáculos a la implantación de las leyes revolucionarias en la provincia.

Más tarde, acompañó a Fidel y una multitud de 300 mil camagüeyanos, quienes en marcha de pueblo combatiente se dirigieron a esa fortaleza militar, donde el máximo líder de la Revolución denunció los propósitos del traidor.

Los días siguientes Camilo se dedicó a la reorganización de las fuerzas del Ejército Rebelde y el Gobierno de la provincia, a la vez que mantiene sus tareas como Jefe del Estado Mayor del Ejército Rebelde, por lo cual realizaba constantes viajes a La Habana.

En la tarde del 28 de octubre, desde el aeropuerto de la ciudad de Camagüey,  partió  en una avioneta Cesna 310 con destino La Habana. Nunca llegó, pero ese día el  legendario guerrillero se convirtió en la imagen de un pueblo.

Durante largas jornadas fueron buscados infructuosamente la avioneta y sus tripulantes por tierra y mar. Aun cuando han transcurrido 61 años de su desaparición física, generaciones  de cubanos  agradecemos con el lanzamiento de una flor al mar o a los ríos, sus enseñanzas de lealtad a la Revolución Cubana.

Días antes, había dicho: “…Esta Revolución es humanista, verde olivo, y tan cubana como las palmas (…) si la solución de los problemas del pueblo, si la garantía del futuro fuera el comunismo, pues entonces yo seré comunista”.

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