PRENSA Y DEPORTE

Enrique Figuerola merece un gran homenaje

El sector deportivo de la Unión de Historiadores de Cuba, integrado por periodistas, investigadores, escritores y Glorias de las lides del músculo, realizará su II Simposio Nacional en mayo próximo desde el título Cuba en los Juegos Olímpicos. Entre lo programado está  homenajear en esa reunión a Enrique Figuerola, primer medallista cubano de la magna cita después del triunfo del pueblo, y promover un conjunto de actos  con igual objetivo en el país. La prensa especializada en este frente apoya calurosamente dichas actividades.

Revivamos varias de las batallas de ese atleta que hizo historia y, ahora, es historiador deportivo.  Tokío 1964. XVIII Juegos. Quince de octubre. Final de la prueba reina. ¡Arrancan! Bólidos estos seres humanos. La gloria a menos de 100 metros. Bob Hayes cruza la meta primero a los 10 segundos: el final espectacular juntó una salida muy mejorada. La medalla de plata para Enrique Figuerola Camué por su tiempo de 10.2.

Se dice fácil, a este hombre le fue difícil. El velocista debió luchar contra más obstáculos que un corredor de vallas. Comenzó en el deporte como torpedero en equipos de su patria chica: Santiago de Cuba, en una etapa donde ser negro y pobre como él, era pecaminoso para la élite corruptora de todo que unía la barbarie con la faz sutil del engaño bien engrasado.

A Enrique, rayo recorriendo las bases y degollando jiles, le aconsejaron pasar a la pista. Lo hizo y al poco tiempo fue el nuevo as nacional de la especialidad por sus resultados en la provincia, Oriente, y en la capital. Como ídolo y espejo, el camagüeyano Rafael Fortún, quien sufrió vicisitudes mayores. El recién llegado a la vanguardia del atletismo, no escapó de los latigazos.

El nuevo rey de la rapidez, puso su grano de arena en la lucha por la libertad al colaborar con los barbudos. ¡La victoria! El gran cambio: el muro que separaba a las masas de las lides del músculo fue derribado. ¿Qué valladar antihumano no resulta vencido o, al menos, acosado desde entonces? El Fígaro, así le nombran cariñosamente, compitió en Roma 1960 sin que la cultura física estuviera libre de todas las injusticias aunque estaban condenadas a muerte, ni el joven Estado había podido establecer todo el sistema que soñaba y necesitaba para el sector. Sin embargo, con 10.3, era el cuarto hombre de la prueba reina en los XVII Juegos.

No faltaron heridas. Llevaba la etiqueta de favorito en los IX Centroamericanos y del Caribe de Kingston 1962. Un erróneo entrenamiento, copia dogmática de métodos de EE.UU., empujó hacia el descalabro: la doble sesión de adiestramiento sin tener en cuenta la individualidad lo sobrecargó. Los escépticos agredieron, algunos mostraron las espaldas, hay quien habló de retiro…

No se amilanó. Adiestramiento correcto. Entrega mayor. Nocao para los descreídos. Principales proezas: en los 100 lisos: oro en los IV Panamericanos Sao Paulo 1963(10.3); campeón de la III Universiada Mundial Porto Alegre 1963(10.4); peldaño plateado en la citada magna cita de la ciudad japonesa; primer puesto en los Centroamericanos de San Juan 1966 (10.2), agregado de bronce en los 200(21.4); igualó la marca mundial (10 segundos) en competencia efectuada en Budapest (17-7-1967).

 En los XIX Juegos México 1968, en el conjunto de relevo corto, convertido durante 15 minutos en los cuatro  primeros recordistas mundiales de la mayor de las Antillas al lograr en la semifinal 38.6,  marca quebrada posteriormente por Jamaica en la misma fase: 38.5. Medallistas de plata en la final (38.3), solo por debajo de los estadounidenses: 38.2,  nuevo mejor tiempo para el planeta.

Miembro del Salón de la Fama Latinoamericana del Atletismo, activo en el quehacer del campo y pista, historiador como ya dijimos, Enrique merece un programa de homenaje en su patria, encuentros en centros de estudio y trabajo incluidos, como proponen los historiadores y periodistas  de este ámbito para conmemorar el  aniversario 56 de la conquista del  primer galardón olímpico del deporte revolucionario.,

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