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Dos minutos para tocar la vida

Cuando toqué a su puerta ya sabía la respuesta. Cuando le pedí acompañarme en el diseño de un espacio, enseguida mencionó a la radio. Confieso que al principio dudé, pues no se trataba de un dramatizado ni de un musical; pero ella demostró el poder de las voces y el sonido.

El primer domingo de cada mes el café teatro Macubá (Santiago de Cuba) invita a esta cita para visibilizar las diferencias y tocar las historias de vida, desde el arte y el pensamiento. Piel Adentro toma como punto de partida el artículo 42 de la Constitución que refrenda la garantía de los cubanos de gozar de “los mismos derechos, libertades y oportunidades, sin ninguna discriminación”.

Katiuska Ramos Moreira (Licenciada en Periodismo, 1990) se ha enfrentado a temas difíciles con eficacia. Dos minutos de testimonios en la calle son radiados en el escenario teatral, lo que motiva el intercambio entre los entrevistados y los asistentes a la sala. Treinta años de vinculación al medio la respaldan. No podemos dejar pasar la singularidad de esta propuesta. En silencio, entremos al teatro…

“A principio tuve miedo de la reacción de un público que va al teatro no justamente a escuchar radio, eso lo hace en su casa… sino a disfrutar un espectáculo visual. Piel Adentro cuenta las historias que trata desde muchas plataformas: la música, la danza, la actuación, el cine, los testimonios en vivo, y faltaba la radio. Lo hice y funciona. Es increíble cómo las personas se detienen durante dos minutos para escuchar las entrevistas que hemos hecho en la calle. Son muchos los que se me acercan para agradecer y felicitarme por la idea de extender el espacio, por sacarlo de los límites de la sala teatro Macubá. La radio tiene el mérito”.

-¿De qué manera abordas a las personas, teniendo en cuenta lo sensible de los temas? ¿Cómo logras en tan poco tiempo una unidad dramatúrgica capaz de lograr la atención del público en el contexto de un teatro?

-Las preguntas que les hago son coherentes con el concepto del espacio. Voy también piel adentro con las entrevistas que hago, respetando las opiniones de todos, explicándoles de qué se trata. Ando en busca de la espontaneidad, el buen sentido del humor de los santiagueros; pero no doy margen a lo fatuo, los pongo a pensar un poco. La gente me habla fácil, se sienten libres para expresarse, muchos me han dicho que si fuera para la televisión no lo harían. Mira tú… lo que para unos puede ser una desventaja, se convierte en una ventaja del medio radial.

“Hemos abordado temas como los afectos entre personas homosexuales y su valía como seres humanos más allá de su orientación sexual; la exclusión por género, en el espacio dedicado a mujeres insumisas; las personas con discapacidad y la manera de visibilizarlos en sus capacidades otras, y ahora mismo, ya estoy trabajando el próximo tema dedicado a la tercera edad.

“Les adelanto que vendrán otros asuntos igual de peliagudos, como las burlas que algunos sostienen contra orientales y pinareños, o el transformismo, un arte dejado a la saga. Es muy difícil escoger entre tantos testimonios valiosos. No puedo ponerlos todos en dos minutos, pero sí su espíritu. De eso se trata”.

-No puedo olvidar el programa Fiesta de Pícaros que hacías en la emisora CMKC, Radio Revolución. ¿Qué conexiones te acercan y te separan de aquella propuesta de hace tantos años?

Si tú no lo olvidas… qué podré decir yo. Fiesta de Pícaros llegó a mi vida como resultado de mi investigación de tesis de grado de la Licenciatura en Periodismo. A partir de un experimento con niños de edades comprendidas entre 6 y 10 años, pudimos demostrar que urgía un cambio en el contenido y las formas de los espacios que se transmitían para ellos. Fui la escritora y directora del programa por dos años.

“Fiesta de Pícaros era un dramatizado con frecuencia diaria y una duración de 28 minutos. Todavía agradezco los premios que recibimos tanto a nivel provincial como nacional. Cada programa era un cuento con tema diferente, llevado de la mano de una amiga especial de los niños, la actriz Kenia Ortiz. Recibía cientos de cartas. Los niños me contaban historias asombrosas y me hacían muchas preguntas. De ahí salían los cuentos.

“Aún recuerdo a Jorge Félix, un niño que me escribió preguntándome si ser hijo de una cabaretera era algo malo… y el cuento que escribí para él. En estos momentos intento llevar a un libro algunas de estas historias”.

-¿Por qué sigues apostando a la radio, siempre a la radio, en un mundo que parece inundado por las visualidades?

-A la radio llegué a los 10 años como miembro del Círculo de Interés de locutores que dirigía Nilda G. Alemán, una de las radialistas más importantes de Santiago de Cuba. A ella le debo haber descubierto la magia que aún me atrapa.

“Creo en la radio como el medio por excelencia, no hay ahora mismo otro con su alcance. Soy de las que piensan que internet no va a desplazar a la radio, nadie lo hará. La radio es compañera y cómplice de los sueños de mucha gente. El reto ahora mismo es potenciar lo que se tiene en cuanto la tecnología e integrar los contenidos de manera cada vez más creativa dentro del nuevo sistema mediático.

“La imagen que crea la radio no entra por los ojos, pero quién puede poner en duda su valor. Pertenezco a una generación de realizadores que piensa que escuchando radio se puede soñar por la oreja”.

Reinaldo Cedeño
Reinaldo Cedeño
Periodista, poeta y promotor cultural. Ha ganado en dos ocasiones el Premio Nacional de Periodismo Cultural. Premio Latinoamericano de Crónicas (Portal Nodal Cultura, 2016). Creador del Concurso Caridad Pineda in Memoriam de Promoción de la Lectura. Entre sus libros: El hueso en el papel (Editorial Oriente, 2011), A capa y espada, la aventura de la pantalla (Fundación Caguayo-Editorial Oriente, 2011), Poemas del lente (Hermanos Loynaz, 2013) y La noche más larga. Memorias del huracán Sandy (compilación, Ediciones Santiago, 2014 y 2015). Actualmente es redactor-reportero de la emisora Radio Siboney, miembro del Consejo Nacional de la UNEAC y vicepresidente del Comité Provincial en Santiago de Cuba. (Santiago de Cuba, 1968)

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