Con 65 años a cuestas y la misma candela de sus primeros tiempos, Palante está de cumpleaños. ¡Y que nadie se preocupe por el humo: es señal de que el horno del humor sigue encendido!
Desde su nacimiento, el 16 de octubre de 1961, este periódico llegó con una misión muy seria: tomarse la vida con humor. En sus páginas comenzaron a retratar la realidad con ingenio, lápiz afilado y esa picardía capaz de ponerles nariz a los problemas y arrancarles una sonrisa hasta a las noticias que llegan con cara de pocos amigos. Desde entonces, lleva seis décadas y media sacándole punta a la actualidad, demostrando que la realidad podrá ponerse seria, ¡pero Palante no tiene por qué seguirle la corriente!
Claro que llegar hasta aquí no ha sido cosa de soplar y hacer caricaturas. Mantener vivo un periódico humorístico durante tanto tiempo requiere talento, constancia, oficio y una buena dosis de resistencia. Porque en Cuba la realidad, a veces, parece haberse matriculado en un curso intensivo de humorismo y amenaza con quitarles el trabajo a los profesionales del género. ¡Menos mal que Palante no se deja desplazar, así como así!
Durante todos estos años, la publicación ha sido testigo de épocas, costumbres, cambios y contradicciones de la sociedad cubana. Por sus páginas han desfilado personajes, situaciones y estampas de la vida cotidiana que, vistas a través del lápiz del humorista, nos devuelven una imagen reconocible de nosotros mismos. Porque reírse de lo que somos también puede ser una manera de conocernos mejor.
En esa historia ocupan un lugar especial quienes ayudaron a fundar el periódico y aquellos creadores que fueron construyendo su identidad. Nombres como Luis Wilson, Ñico, Felo, Blanco, Miguelito y Pitín forman parte de aquella primera generación que echó a andar la aventura junto al director fundador, Gabriel Bracho Montiel. A ellos se sumaron, con el paso del tiempo, otros dibujantes, escritores y colaboradores que enriquecieron sus páginas con ingenio, talento y una particular manera de mirar el mundo.
Y si hablamos de historia, también hay que hablar de quienes hacen posible que el humor llegue a los lectores. Detrás de cada caricatura, cada texto y cada edición existe un trabajo colectivo que no siempre aparece en los créditos de la risa: periodistas, caricaturistas, redactores, diseñadores, editores, personal administrativo y demás trabajadores que aportan su esfuerzo para que la publicación siga adelante.
A quienes ya no están, el reconocimiento agradecido por la huella que dejaron; a quienes continúan en la faena, el aplauso por sostener una tradición que no se alimenta solamente de inspiración, sino también de disciplina, profesionalidad y muchas horas de trabajo.
Y están, por supuesto, los lectores, cómplices indispensables de esta historia. Los que buscan la caricatura antes de leer el titular, los que se reconocen en un personaje y los que sueltan una carcajada para después decir: «¡Oye, pero eso pasa de verdad!». A esos lectores les debemos también estos años, porque un periódico de humor sin alguien que se ría —o que se sienta aludido— es como un chiste sin remate.
Hoy toca celebrar, recordar y agradecer. Pero, sobre todo, toca seguir creando. Que no falten las ideas, que los lápices no pierdan filo, que las computadoras no se declaren en huelga y que las musas no se jubilen antes que sus dibujantes. Y si alguna decide tomarse vacaciones, ¡que por lo menos deje un chiste encargado!
A los 65 años, Palante no está para retirarse. Está para seguir dando guerra con inteligencia, agudeza y esa capacidad tan necesaria de encontrarle el lado humorístico a la vida sin perder de vista sus verdades.
Porque cumplir años es inevitable; cumplirlos sin perder la gracia ya es otro mérito. Y si algo ha demostrado Palante durante seis décadas y media es que el humor no tiene edad, la creatividad no conoce jubilación y la risa, cuando es auténtica, no lleva fecha de vencimiento.
¡Felicidades, Palante! ¡Sesenta y cinco años mirando la realidad de frente, dibujándola sin complejos y recordándonos que, incluso cuando la cosa se pone seria, siempre puede quedar espacio para una buena carcajada!
Y ahora, ¡a soplar las velitas! Eso sí, con cuidado: no vaya a ser que se apague la llama del humor… ¡o que alguien aproveche el humo para publicar la próxima caricatura!
(Tomado de la página de Palante en Facebook)

