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COLUMNISTAS

La caída de la ley simbólica

Comienza en el mundo a no necesitarse ya de explicaciones ni excusas ni justificaciones ni relatos ni de nada de nada para invadir países, saquear sus recursos naturales y cometer las más grandes tropelías. Las justificaciones y excusas son cada día más absurdas e innecesarias. El proceso de apropiación planetaria absoluta ha sido puesto en marcha.

El saqueo a los países y regiones se producirá sin pudor ni contemplaciones de índole alguna. Entonces el espectro del bárbaro Atila retrocederá espantado al ver la escena, la inmensa humareda sobre la época. Algo de ello ya está ocurriendo.

El asunto es que esta transposición de todos los límites y de los puntos de abrochamiento de una significación, esta caída estrepitosa de la ley simbólica, abren de par en par las puertas para el ingreso del caos, la anomia, la desintegración social, la destrucción de todo principio de realidad. El sujeto se queda entonces sin asideros simbólicos ni maderos a los cuales aferrarse en las encrespadas aguas de la travesía humana y hasta pierde la noción de una regularidad y de una previsibilidad en el orden de lo real, es decir, queda expuesto en carne viva frente a lo impredecible, ante lo irreductible al orden simbólico.

Exagerando un poco podríamos decir que, dado el atravesamiento de los límites, ya no habría un sentimiento de certeza de que prosiga existiendo, por ejemplo, la ley de la gravedad para todos, que el agua hierva a los 100 grados, que la tierra gire en torno del sol, que el que viene caminando por la vereda no quiera matarnos, que el vecino no sea un futuro narco terrorista o que los ángeles de piedra de los pórticos no levanten vuelo. El sujeto humano, resquebrajada la ley y los puntos de anclaje simbólico, comienza a deambular sin amarras en la órbita de su propio espejismo planetario.

Todo es posible y a la vez nada es cierto. Sin puntos de sujeción, los individuos se quedan sin posibilidades de construir un sentido singular para la vida, un motivo vital. Sobreviene de este modo la depresión y la melancolía, la desbordada ansiedad ante la irrupción de lo absurdo y la gratuidad en el acontecer humano. La falta de un sentido para el devenir de la existencia ha sido desnudada.

A caer los ordenamientos simbólicos y las referencias universales, cobra primacía el orden de lo imaginario, la relación puramente especular y paranoide con el otro. Nada garantiza entonces que ese otro no quiera robarnos, quedarse con nuestras pertenencias, ocupar nuestros lugares, etc. En otros términos, el mundo comienza a acontecer enteramente por el lado del “Más allá del principio del placer”, descripto por Freud, es decir, por el lado del goce mortífero y la pulsión de muerte, aunque decirlo suene apocalíptico.

La invasión norteamericana a Venezuela con excusas absurdas y falaces (más allá de los verdaderos motivos que son el dominio geopolítico y apropiación del petróleo y de las convincentes explicaciones al respecto de los analistas políticos), deja a la población mundial en un estado de inquietud amarga como si de pronto se derrumbaran las invisibles columnas que sostienen el edificio de la realidad. Comienza a no haber sustento, superficie en donde pararse ni punto de apoyo. Un sentimiento de extrañeza y azoro nos invade. El daño no es sólo a la soberanía venezolana, sino fundamentalmente a la moral del mundo.

Surgen algunas preguntas inevitables ¿qué tienen que hacer los EEUU invadiendo Venezuela?, ¿cuál es el fundamento para meterse a dirimir, contra el Derecho Internacional, sobre el destino de otros países? Ya lo hicieron en otras zonas del planeta, invadieron Irak con la excusa de que poseía armas de destrucción masiva. Luego todas las investigaciones determinaron que Irak no poseía tales armas, pero la invasión ya había destruido y convertido en ruinas al país, demolido su valioso patrimonio arqueológico y arquitectónico.

Esa fundamentación paranoide es del orden de la psicosis, aunque no se trate en estos casos de psicosis, por supuesto, sino de invasión y dominio geopolítico y de la estructura de la psicosis puesta al servicio de la apropiación planetaria (Tomado de Página12).

Imagen de portada: El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reacciona mientras habla durante el retiro de miembros del Partido Republicano (GOP) de la Cámara de Representantes en el Kennedy Center en Washington, DC, el 6 de enero de 2026. (Foto de Mandel NGAN / AFP).

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Antonio Ramón Gutiérrez
Antonio Ramón Gutiérrez (Bell Ville, Córdoba, Argentina, 1951). Psicoanalista y escritor. Profesor Emérito de la Universidad Católica de Salta. A su obra publicada pertenecen, entre otros libros, los ensayos La precipitación de lo real, Lingüística y teoría del significante en psicoanálisis, Neoliberalismo y caída de los límites; los poemarios Las formas de la tarde, Metamorfosis cotidiana, Molde para una metafísica, Orquesta típica y la novela Hoy que he vuelto del exilio.

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