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De periodista a periodista

Aldo Isidrón del Valle puso a un periodista de vigilia en sus pupilas cuando aún era un adolescente y aunque ya ni sabe— o no quiere saber— cuantos años tiene, el centinela reporteril sigue de guardia con los ojos más abierto que nunca.

Desde que lo conocí siempre ha tenido la imagen del Che reflejada en su claraboya de reportero. Nunca le gustó ni la fotografía ni la pintura, pero puede en la mente trazar cada uno de los rasgos del Comandante argentino-cubano, el timbre de su voz, la longitud de su estatura y la manera más audaz para abordarlo y que no te frenara la pregunta con un rapapolvo.

Descubre que usó una imagen metafórica, un sentido figurado, para hilvanar la frase del Che cuando vio muerto a su capitán, Roberto Rodríguez, El Vaquerito “¡Me han matado cien hombres!”, estampó en el titular de la revista Verde Olivo.

“No recuerdo haberlo dicho de esa manera, pero es verdad” le confesó el Comandante Guevara tiempo después de haber salido el reportaje. Aldo, con el ingenio del buen periodista, se defendió: “Me contaron que eso fue lo que usted reflejó en su rostro cuando vio al Vaquerito sin vida, aunque pude haber puesto que le habían matado mil hombres”. Y el Che arqueó las cejas y asintió con la cabeza.

Cuando la batalla de Santa Clara andaba por el tercer año de la carrera de periodismo, aunque ya sobrepasaba los 30 años de edad. Fue en la comandancia del Edifico de Obras Públicas en Santa Clara cuando vio por primera vez al Che.

“Al fotógrafo Mario Ferrer se le trabó el rollo dentro de la cámara y el Che se le acercó le pidió el equipo y se lo destrabó con suma pericia.

—Yo soy fotógrafo, le dijo a Mario.

Y sin esperar respuesta le argumentó:

“Me gané la vida como fotógrafo ambulante en los parques y jardines mexicanos y como periodista de una agencia argentina durante los Juegos Panamericanos de 1955 en Ciudad de México:”

Aldo me cuenta que el Che sabía tirar muy bien las fotos, que en ocasiones le pidió la cámara a su colega del periódico Granma Liborio Nodal cuando veía algún paisaje o hecho que le resultaba interesante, que hizo muchas fotos en giras internacionales en la que reflejaban escenas callejeras, ruinas arqueológicas, interiores de fábricas y retratos de peonajes públicos y anónimos.

Y me relató está anécdota:

“En un recorrido por Las Villas después del triunfo de la Revolución retomó el tema de cuando él fue fotógrafo en los Panamericanos de México y nos dijo a Mario Ferrer y a mí: “Yo cubrí los Juegos para una agencia Latina cuyo dueño era un médico argentino amigo mío que al final no me pagó ni un centavo por las fotos y para salir del paso me dijo irónicamente: “Le voy a informar, Ernesto, que la medicina acaba de rescatar a dos grandes valores: Quebró la agencia.”

En los primeros días de enero de 1959 Aldo formó parte del buró de prensa del Gobierno en Las Villas y comenzó a trabajar directamente con el capitán Calixto Morales, asignado por el Che como Gobernador de este territorio.

“Asumí la corresponsalía del periódico Revolución. Era muy complejo el trabajo en aquellos tiempos. Pero también me dio la oportunidad de cubrir todos los recorridos que hizo El Che por Santa Clara y Las Villas cuando dejó inauguradas fábricas tan trascendentales como Planta Mecánica, y las fábricas de Bujías de Sagua la Grande, de bicicletas de Caibarién y la INPUD Primero de Mayo.”

Aldo archiva pasajes chispeantes del comandante Guevara, un hombre que tenía un gran sentido del humor en un manejo sin par del arte irónico, usado magistralmente ante una información que él no le daba credibilidad.

“El Che visitó a un grupo de jóvenes que estaban escarbando petróleo en la costa norte de Las Villas. Llegamos hasta una torre inmensa donde accionaba la aguja que se introduce en el mar en busca del hidrocarburo. El comandante tomó una escalera de caracol y comenzó a subir seguido de su esposa Aleida March. Yo lo seguí, pero el fotógrafo no tuvo la iniciativa y se quedó abajo. Cuando estábamos en la parte superior de la torre el Che me dice: “Buen lugar para tirar una foto panorámica ¿eh periodista? Entonces en busca de una salida ética le respondí: “Comandante, el problema es que mi compañero padece de vértigo.”

No habló más del asunto, pero cuando bajamos me dijo: “Debe llevar a su compañero al médico para que le cure esa enfermedad. Lástima que esa no sea mi especialidad en la medicina.”

Y esta otra:

“Llegamos al comedor de esos trabajadores en Cayo Fragoso. Aquello semejaba a un restaurant lujoso. Todo muy limpio y pintado, las mesas ordenadas con manteles y algunas con búcaros y flores silvestres. Nos sentamos a una mesa larga y nos sirvieron una exquisita comida. Nosotros no habíamos probado ni un bocado en todo el día y nos lanzamos al ataque, pero cuando miramos hacia un extremo observamos que el Che no había comenzado a comer.

Acto seguido mandó a buscar al cocinero y lo interrogó con cierta ironía:

“¿Y esta suculenta comida es para el ministro y su séquito?”

Y el cocinero, un negro alto y jodedor, le respondió:

—Seguro que usted me lo dice porque hoy no está muy buena que digamos.  Aquí se trabaja mucho, pero se come muy bien. Si me hubiera avisado que venía le hubiera preparado algo mejor.

Y el Che comenzó a reírse, y luego tomó el tenedor y vació el plato en un santiamén.

Ernesto Guevara fue un excelso periodista. Lo demostró en su libro testimonial Pasaje de la guerra revolucionaria, en el cual describió de manera espléndida y solemne las peripecias del desembarco del Granma, la estancia en la Sierra Maestra, la invasión a las Villas, el dominio del macizo montañoso del Escambray, la ofensiva final y la batalla de Santa Clara.

Dos crónicas lo elevaron al estrado de los grandes cronistas. El cachorro asesinado, escrito en la Sierra Maestra tras el sacrificio involuntario de un perro serrano, y La Piedra, elaborada en su estancia en el Congo y en la que utilizó el humo de su pipa como punto cinematográfico.

El Che valoraba la función de los periodistas con mucho respeto. Tal vez como él vivió en carne propia las penurias de los fotorreporteros sabía cuánto de entrega y sacrificio había detrás de una cobertura de prensa.

Tras la muerte en un accidente automovilístico, el 18 de julio de 1963, del corresponsal de Prensa Latina, Ángel Boan Acosta, mientras cubría la información de la visita que realizaba Ernesto Guevara a Argelia, el Che con su tono parco definiría:

“Era un buen periodista, murió con su cámara en ristre.”

Aldo me afirma que al Che no se le podía pasar gato por liebre en el periodismo, pero nunca les señaló: “Esto no lo publiquen”, se limitaba a expresar: “Vos son los reporteros, y saben lo que deben hacer.”

“Entre sus deportes preferidos estaba el boxeo. En 1964 en un recorrido nos comentó emocionado sobre el reciente combate en el que Mohamet Alí dejó fuera de combate a Sony Liston y le arrebató el título mundial de la máxima categoría, los pesos pesados.

“Por la tarde-noche cuando estaba escribiendo la información sobre su visita a Planta Mecánica me interesó poner en la nota ese pasaje, pero al momento tuve dudas, pues ya en Cuba se había erradicado el boxeo profesional y a lo mejor comprometía al Ministro. Con un manojo de cuartillas me dirigí a la casa de los padres de Aleida, toqué a la puerta y para mi suerte él fue el que abrió:

—Comandante, usted nos comentó hoy sobre el pelón de boxeo de Alí contra Liston, pero quiero pedirle su autorización para publicarlo.

Entonces se me quedó mirando y con su sonrisilla cáustica me espetó:

—Yo creo que usted se ha equivocado de puerta, pues no soy ni director del periódico ni juez de boxeo. De toda forma si como periodista le parece interesante debe publicarlo.

Hacer periodismo a su lado no resultaba una tarea fácil:

“Después del 1 de enero de 1959, Sakenaf fue la primera fábrica que empezó a construirse en Las Villas, aunque paradójicamente él no la llegó a inaugurar. Nos avisaron de que el Che estaba en una explanada al lado de los cimientos de la industria y arrancamos para allá en un auto conducido por Mario Ferrer junto al reportero del diario Hoy, Ricardo Bernal. Nos bajamos en zafarrancho de combate y cuando nos acercábamos el comandante de mal humor nos señaló y dijo: “¡Ya vienen de nuevo está gente!”

“Aquello fue muy traumático para mí. Me detuve y volví al auto. Sabía que a la una de la tarde él se iba a reunir con dirigentes de la JUCEI que presidía en ese entonces el comandante Juan Almeida. Le salí al encuentro en plena calle Buenviaje:

—Comandante, necesito hablar con usted.

“Consultó su reloj y me dijo: “Bueno, dígame rápido.”

—Mire, Usted esta mañana se enojó con nosotros que solamente íbamos detrás de una noticia.

—¿Te pusiste bravo?

—No, solo pasé un mal momento, pero lo peor es que después esos inversionistas piensas que tiene el mismo derecho a negarnos la información.

—Eso nunca va a pasar con la prensa. Tendrán siempre las puertas abiertas en nuestras industrias. Lo que sucede es que llegaron en un mal momento. Yo los estaba reprimiendo pues estaban haciendo lo mismo que los generales mexicanos que hacían primero las casas de los jefes y luego la de los trabajadores.

“Sígame que ahora sí vamos a dar buenas noticias. Hombre, cambie esa cara, vos mañana va a acaparar la primera página de su diario.

Y en otra interviú:

—Comandante, ¿me enteré que Alberto Granado, el que hizo con usted el viaje en motocicleta por América Latina, está viviendo en Cuba.

—Es cierto.

—¿Me puede decir dónde lo puedo localizar?

—Averígualo, para eso usted es periodista.

“Tardé varios años en localizar a Granado hasta que di con él en el reparto Vista Alegre de Santiago de Cuba. Me trasladé hasta allá con el fotógrafo José Ramos Pichaco y el viaje no pudo ser peor: Granado se negó a conversar conmigo.

“No me dejé vencer. Preparé una colección de periódicos donde había publicado varios reportajes de recorridos con el Che. Volví a Santiago se los mostré a Granado y accedió a la entrevista.”

Sin embargo, el reportaje con Granado salió publicado en uno de los días más tristes del Mundo. Se acababa de dar la noticia de la muerte del Che en Bolivia.  Y el periódico Granma se aprestaba a circular en número especial dedicado al hombre sin mancha como lo definiera Fidel.

“En ese periódico el único material que aparece con crédito son las dos páginas de mi entrevista con Granado, lo cual me dio la posibilidad de ser testigo de un hecho trascendental en la historia del periodismo cubano.

“La imagen del Che que cubrió toda la primera página esa edición de Granma es la foto de Alberto Díaz Korda cuando los sucesos del barco la Cubre, que se ha convertido en una de las fotografías más famosas y divulgadas del mundo.

“¿Quién la entregó? ¿ Korda? ¡Nada de eso! Fue Haydée Santamaría que guardaba una copia como un regalo de Korda. Haydée se presentó en el congresillo del diario y ante un grupo de especialistas que examinaban 20 imágenes diferentes del Che, extendió la cartulina y dijo: “! ¡Esta es la foto! ¡No puede haber otra mejor!”

Aldo Isidrón del Valle gusta de pasarse la mano por la cabellera cuando va a descubrir algo que a él le parece muy noticioso. Es de esos periodistas que va a morir hablando por la radio o escribiendo un artículo. Fue corresponsal de guerra en la batalla victoriosa de Girón y ha sido laureado con la distinción José Martí, máxima distinción del periodismo cubano. Ahora tiene las dos manos ensortijando el pelo cano formando un peine de solo diez dientes.

Me hace otra anécdota con la que quiero cerrar esta crónica.

“Hicimos un recorrido por la construcción de Sakenaf y no nos dieron ni agua. El Comandante Guevara y su compañera Aleida se quedaron con el administrador en la oficina, y nosotros salimos para el patio de la fábrica. Mario Ferrer divisó un merendero y regresó con tres bocaditos y tres refrescos.

En ese momento el Che sale y nos ve:

—Ah, vos comiendo solos.

—Los compramos allí, señaló Mario.

—¿Y los de nosotros qué?

—No nos decidimos a comprárselo pues nos iba a tildar de guatacas.

Él sonrió y sacó del bolsillo de atrás una carterita de cuero. Comenzó a sumar el menudo y no le llegaba ni al peso.

Entonces, el administrador se adelantó, compró los bocaditos y se los entregó. Aleida le dio las gracias y explicó: “discúlpanos, pero es que no tenemos más dinero”, y luego comenzaron a saborear los pequeños panes con sumo deleite.

Mario y yo nos miramos y exclamamos:

“¡Coñooo!”

Aldo Isidrón del Valle murió el 2 de enero del 2016 a consecuencia de un infarto cerebral.

Imagen de portada: El periodista Aldo Isidrón rememora sus encuentros con el Che. Foto: Del autor.

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José Antonio Fulgueiras
Escritor y periodista de Sagua, Villa Clara, Cuba (1952). Presidente Upec Villa Clara. Destacado cronistas de la prensa cubana, condición ganada a lo largo de un ejercicio laborioso y tenaz en Granma, Trabajadores, Vanguardia y otras publicaciones nacionales y territoriales, y que se ha extendido a una producción literaria con títulos como Con el santo claro, Gambia: el perfume de las raíces, El marabuzal, El nombre de mis ideas, Los hombres de negro y Víctor Mesa, el béisbol en vida.

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