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Cuando la montaña llegó al mar

A inicios de diciembre de mil novecientos noventa y nueve, cuando la humanidad se preparaba para esperar la llegada del nuevo milenio, Venezuela estaba a punto de vivir una de las peores tragedias de su historia: el deslave de Vargas.

Ese Estado (hoy La Guaira) ubicado en el litoral central del país, con 1,497 km², se extiende por un extenso y estrecho borde costero del Caribe y una cordillera con montañas con puntos culminantes de más de dos mil metros de altitud.

Fuertes precipitaciones dejaron más de mil ochocientos milímetros de agua en las primeras semanas de ese mes, provocando la saturación de los suelos y torrentes que bajaron por pendientes de más de treinta grados, y llevaron consigo tierra, rocas, árboles y la capa vegetal de las montañas.

Aunque hoy día las cifras siguen siendo diversas y controversiales, se estima que los aludes ocasionaron unos quince mil muertos y desaparecidos, tres mil quinientos millones de dólares en pérdidas, la destrucción de más de quince mil viviendas y unos setenta y cinco mil damnificados.

Tragedia nacional

El día quince de diciembre de mil novecientos noventa y nueve, el desastre natural en el estado Vargas se transformó en tragedia nacional.

Con la desgracia encima, comenzó un inmenso operativo de rescate y salvamento dirigido por el presidente Hugo Chávez, quien había asumido el cargo meses atrás. La acción sacó a flote lo mejor del país, pero Venezuela no estaba preparada para un desastre de tal magnitud, recuerdan los expertos.

Los aludes eran olas de lodo y piedras enormes triturando todo al paso; los barrios pobres de los cerros cayeron como hojas de los árboles envueltos por la avalancha; urbanizaciones como Carmen de Uria y Los Corales, erigidas en los lechos de los ríos, desaparecieron cuando esas corrientes enfurecidas reaparecieron reclamando sus viejos cauces; allí, edificios de diez pisos se desplomaron o fueron partidos en dos ante el empuje demoledor del torrente; y hasta los contenedores en el puerto de La Guiara fueron lanzados al mar.

¡Esto es el fin del mundo!, gritaba sin parar una señora que buscaba a su esposo entre el amasijo de palos y piedras en las lúgubres arenas de la playa del balneario de Caraballeda.

Un estudio de la Universidad Central de Venezuela da cuenta que el deslave provocó el deslizamiento de cerca de 15 millones de metros cúbicos de sedimentos que trasformaron el escenario geográfico de la tragedia: por ejemplo, más de mil nuevas hectáreas se le ganaron al mar por las arribazones de tierra a la costa.

Cuba a la orden

El diecisiete de diciembre de mil novecientos noventa y nueve llegaba la primera brigada médica cubana a tierra morocha para brindar auxilio tras los primeros deslaves que aún seguía.

Cuatrocientos cincuenta y siete trabajadores de la Salud, en vuelos sucesivos, arribaron al aeropuerto internacional de Maiquetía (convertido en centro de operaciones de rescate y salvamento) para mitigar el daño humano, marcando así un hito histórico en las relaciones entre los pueblos de Cuba y Venezuela.

No solo se trataba de la primera vez que médicos cubanos llegaban solidariamente a la hermana nación, sino también devino simiente de lo que meses después sería el programa bolivariano de Barrio adentro y del resto de la larga y fructífera colaboración médica isleña allí.

En el momento pico de la colaboración, estaban en el terreno del desastre   cincuenta y cuatro brigadas, mientras en Cuba más de mil médicos y personal paramédico expresaban su deseo de servir a la patria de Bolívar.

Experiencia periodística

Por orientación del Comandante en Jefe Fidel Castro, al contingente médico que partió para Vargas lo acompañó un equipo de periodistas de Granma, Juventud Rebelde, Radio Habana Cuba, Radio Rebelde, el Sistema Informativo de la Televisión Cubana, Prensa Latina y la Agencia de Información Nacional.

La tarea informativa se nutrió de las vivencias del personal cubano en la zona de la catástrofe, tanto en el litoral vargueño y como de los estados de Zulia y Miranda aquejados por inundaciones; asimismo, de los testimonios de la población y el reflejo de los colosales esfuerzos del naciente gobierno bolivariano por mitigar las heridas de la catástrofe.

Esta fue la primera vez en los anales del periodismo cubano que un equipo de reporteros de la Isla afrontó una cobertura de alto riesgo en momentos en que aún se producían los deslaves.

Por demás, la catástrofe de Vargas se convirtió desde sus inicios en línea de ataque de la oposición venezolana contra Chávez y la naciente revolución que, precisamente el 15 de diciembre, había ganado el referendo por el Sí a la Constitución Bolivariana.

No faltó en este acontecer la intensa campaña anticubana que desató la oposición venezolana contra la presencia de nuestro personal de la salud en las zonas siniestrada.

El reporte de la tragedia de Vargas y la presencia solidaria del personal de la salud cubana allí, ha quedado en los archivos y el ciberespacio como testimonio de esa epopeya, también en el libro Venezuela después del diluvio, del autor de este trabajo, publicado en Cuba por nuestra Editorial Pablo de la Torriente Brau y, en Venezuela, por la Imprenta Nacional.

Foto de portada: Tomada de el diario

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Roger Ricardo Luis
DrC. Roger Ricardo Luis. Profesor Titular de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Jefe de la Disciplina de Periodismo Impreso y Agencias. Dos veces Premio Latinoamericano de Periodismo José Martí.

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