PERIODISMO CULTURAL

Adalberto, un Caballero cabal

En pleno inicio del llamado periodo especial de Cuba y cuando el rigor de lo que se vislumbraba nos tocaba de cerca, los jefes principales de dos unidades importantes del MININT que compartían un mismo edificio ya con mucho deterioro de lo que fue una transnacional petrolera gringa, ubicado en pleno corazón del Vedado, decidieron aunar esfuerzos en víspera de un aniversario de la UJC para insuflar a los jóvenes combatientes aliento y reconocimiento en los sacrificios que ya se imponían con una magra ración alimentaria de una sola vez al día, consistente en un caldo de única proteína cáscaras de plátano y boniato, que los mantenían al menos despierto en sus quehaceres de enfrentamiento enemigo, siempre hasta la madrugada.

Así conocimos a este camagüeyano y más nunca lo olvidaremos. Acudimos a él y a su vez nos condujo a otros ya reconocidos músicos de los que solo recuerdo a Pablito FG, dado su cercano parentesco con uno de nuestros jóvenes combatientes. La pretensión era atípica debido al momento, aprovechar la cercanías de un Círculo Social en el Malecón que después se destinara a la UJC, para intentar celebrar con guachipupa y croquetas el cerrado aniversario y equilibrar con algún sesgo de alegría y optimismo aquella inmensa batalla para que nadie nos arrebatara el optimismo y el sentido ético del éxito inculcado por el Comandante Invencible.

De más está decir como casi masivamente concurrieron jóvenes y no tan bisoños militares a disfrutar el merecido paréntesis de alegría e incluso echar algunos pasillos bailables sin descuidar del todo sus misiones principales. El problema llegó cuando los encargados de logística pretendieron indagarle a cuanto ascendían sus honorarios y el de la orquesta para pagarle su lúcido trabajo y allí mismo mostró toda su inmensidad, decencia, altruismo y desinterés poco común. Casi se ofendió y conminó al resto de los artistas a donar también su actuación, lo cual logró marcando pauta con su ya bien reconocido prestigio no solo como compositor, director de orquesta sino como verdadero revolucionario integral.

Otra vez en diferentes escenarios nos dejó su traza como un Caballero cabal comentándonos lo difícil que le resultaba convencer a sus músicos viajar durante sus giras internacionales en modestos pasajes de 2da. o 3era. clase a fin de ahorrarle presupuesto a las empresas del Ministerio de Cultura, mientras que otros resultantes deudores a ellos por impagos o atrasos viajaban con mucha ostentación en la misma aeronave en una distinguida 1era. clase, sin embargo fui testigo como se las ingeniaba para con dulzura paternal y alejado de rencores intentaba hacer entender a sus jóvenes discípulos.

El triste día del fallecimiento de su aguerrida señora madre volvió a mostrarse en toda su hombría y dignidad cuando acudíamos a la funeraria de Calzada a ofrecerle nuestras condolencias, en medio de sus deidades y atributos religiosos, sin proponérnoslo coincidimos en la espera de abrazarle con uno de aquellos también afamados músicos que conocíamos aún contraía deudas financieras de peso para con él, y allí volvió a mostrarse ante mis ojos como todo un Caballero cabal; se incorporó de su asiento y fue al encuentro del deudor, priorizándolo en la cola que hacíamos y le abrazó estrepitosamente agradeciéndole, alejado de rencores, su presencia.

Por lo humildemente referido a su memoria vuelvo a mi afirmación original: Adalberto Cecilio Álvarez Zayas no fue solo un Caballero del Son fue algo mucho más que eso, un Caballero cabal. Puedo y debo dar fe de ello y modestamente considero haberlo expuesto.

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