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PERIODISMO DEPORTIVO

Benny y Chocolate, óigalos cantar

El muchacho no pensaba ser periodista, ni escritor, ni un demonio… Soñaba, eso sí, con esculpir su cuerpo con las pesas para parecerse a Steve Reeve o  brillar como pelotero en el terreno improvisado en el parque Maine o en el consagrado a Antonio Maceo. También lo entusiasmaban algunas peripecias con el boxeo y el judo, sin que los libros y las libretas lo atraparan con la misma fuerza. Pero gustaba de la voz de Benny y la gloria de Kid Chocolate no le era extraña. A pesar del retiro del boxeador desde hacía bastante tiempo, lo mantenía en el pecho.

Por eso, cuando los vio entrar en un barcito cerca del Malecón, se olvido del bate y la pelota y pasó al local. Allí fue testigo de aquel espontáneo encuentro entre el olor a cerveza, las voces altas, las risotadas, el saludo afectuoso del grupo a los dos famosos recién llegados.  Algo azorado, abrazado a los implementos beisboleros, observó cómo el dúo tomaba asiento frente a la barrita. Escucha decir al Chócolo: “Métele, monina, hasta el fondo”. Benny se dispara el trago. Los dos ases conversan de alegrías y tristezas, recuerdan, son el vacilón mientras tragan cerveza, ron, lo que sea, pequeñamente dichosos sin darse cuenta de las mordidas que esperan afuera. ¿Para qué…? Lo importante es cantar. Y van a empezar a hacerlo.

Tampoco el adolescente lo comprende, solo disfruta la estampa que está más allá de su entendimiento. El muchachito tendrá el privilegio de escuchar ese dúo improvisado entre dos grandes vigorizadores de la cubanía. De haber leído este verso de Regino Pedroso: ¡Ríe! ¡Danza! ¡Canta!, los cantores y el oyente tendrían pretexto mayor, aunque el futuro anunciado y luchado por el poeta estaba lejos de su saber. El colado en la escena se estremece al oír el dueto:

Oh, vida, si pudiera/vivir la feliz noche/en que los dos supimos nuestro amor/, mi bien/Sentir que nuevamente/es mío tu cariño,/saber que eres de mí también/por siempre… Desafina el púgil cuando intenta seguir esa voz que inunda el local, lo limpia de suciedad, lo convierte en palacio. Entran transeúntes, se llena… Uno de ellos comenta: “¡Benny, cara…! está aquí, me lo anunciaron, me busqué algún dinerito voy pa´ la Tropical era mentira. Sé que le echan la culpa… Son los negociantes para atraer mucha gente, dicen que lo han contratado para sacar plata; es lo que les interesa Ahora lo voy a oír, el Kid al lado,  esto es sabroso de verdura…

Este tiempo sin tus besos/yo sufro, / son mis horas de agonía/sin ti. /Oh, vida, no te alejes. /Yo sé, no has comprendido/con qué sublime intensidad, mi bien, /nos quisimos. Chocolate se burla de su atrevimiento, peraltazo al estómago. Benny lo consuela. “Tú historia la viviste entre las cuerdas, de las buenas, hermano, y nadie te puede olvidar. Peor lo hago yo si me subo al cuadrilátero”. Le replica: “No te fue mal: cuando le pasaste la cuenta al empresario hijoep…: lo mandaste pal hospital de un trancazo. Llevabas escondido el tubo en un periódico, y eso que había sido boxeador. Ríen: “No podía perder esa pelea, Yiyi. A mis muchachos: nadie los puede jo…

Otro trago y a cantar.… Sírveme un trago de ron, / y toma tu cerveza/junto a mi corazón, eres la camarera de mi amor. / Camarera, camarera, /eres la camarera de mi amor… La joven sonríe mientras coloca par de botellas con cerveza frente a los campeones. No solo el Chócolo sigue al artista. Bajito, a media voz, gritando, en esta mesa, por aquella esquina, un coro improvisado trae la felicidad a este pequeño bar y cierra las puertas a la maldad.

El jovencito recuerda que no puede dejar embarcado a su equipo en el Parque del Titán de Bronce. Tiene que quechear, y él lleva la careta. Se despide sin decir una palabra. Ninguno se ha dado cuenta de su presencia ni su ausencia importará. Vibrante todavía la escena dentro del pelotero manigüero, ya está dando señas y gritos al lanzador: “Este es tamaño na más, jámatelo con un ponchete”. ¿Quién le iba decir a ese receptor que mucho tiempo después,  ya un profesional de las letras, entrevistaría a Chocolate. No le recordó aquella escena aunque sí le preguntó: ¿Cantaba?  “En la ducha, en el rincón de cualquier bar. Lo mío era el ring. Todos no pueden cantar, algunos tienen la cara tan dura como sus cuerdas vocales y hasta salen por televisión. ¿Cantar? Benny Moré, el campeón de Cuba en eso. Y no porque fuera mi amigo…”.

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