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PERIODISMO CULTURAL

Raúl Gómez García, poesía y prosa por la humanidad

El moncadista Raúl Gómez García (La Habana, 14-12-1928; Santiago de Cuba, 26-7-1953). Poesía muy por encima de lo planteado por Trotsky durante varias oportunidades en relación con el suicido de Esenin: “El poeta es íntimo, lírico, tierno. La revolución es pública, épica, catastrófica. Los tiempos tormentosos no son propios para líricos”. Poesía propia de la expresada  por José Martí en La Edad de Oro:    

        “…lo que ha de hacer el poeta de ahora es aconsejar a los hombres  que se quieran bien, y pintar todo lo hermoso del mundo, de manera que se vea en los versos como si estuviera pintado con colores, y castigar con la poesía, como con un látigo, a los que quieran quitar a los hombres su libertad o roben con leyes pícaras el dinero de los pueblos, o quieran  de los hombres de su país los obedezcan como ovejas y les laman la mano como perros. Los versos no se han de hacer para decir que se está contento o se está triste, sino para ser útiles al mundo”.

Hombre que llevó su digna palabra a los hechos como su mejor poema, se esculpió a sí mismo al calor de una familia honesta;  sería el Poeta de la Generación del Centenario y más allá. Hizo público su intimismo, su ternura, su lírica en la batalla por la libertad de la patria y para mejorar un mundo tormentoso. Y las firmó con su sangre. Fue  también articulista, reportero, cronista de valía, labor que realizaba ya desde los tiempos estudiantiles al enfrentar la maldad. Lo ha demostrado Daily Sánchez Lemus, en Raúl Gómez García, el  periodista del Moncada, libro publicado en el 2007.

Hijo de güineros, Virginia y Alfredo, mudados para la capital, la muerte temprana del progenitor obligó el retorno a ese territorio de la hoy provincia de Mayabeque. Tenía 14 años al matricularse en el preuniversitario de allí. Deportista y enamorado, como cualquier muchacho normal, no se amarró al tabloncillo, a las caricias y los besos. Con su periodismo comprometido con la justicia, con la bondad, denunció lo incorrecto por la radio local y la publicación El  Estudiante; sin dejar fuera  las barbaridades de aquel centro, encabezadas por un director tiránico que vendía las notas.

Amenaza de expulsión; peligros crecidos. Su hermano César lo trajo para La Habana donde ingresó en el Instituto,  donde se gradúo de bachiller en el curso 1947-1948. Prefirió matricular Derecho. En las otras aulas de la existencia,  era mandadero,  pintor de brocha gorda, oficinista… Alguna mejoría al ser contratado por el colegio Baldor como maestro sustituto. El magisterio le atrapó: cambió de carrera, aunque solo estudió dos años de Pedagogía: se entregó por completo a la Revolución.

Ortodoxo, se relacionó con lo mejor la juventud de esa organización. Su repudio al golpe del 10 de marzo lo sintetizó en su artículo Revolución sin juventud. Ningún medio se atrevió a publicarlo. Creó el periódico mimeografiado Son los mismos; no solo acogió el citado manifiesto: había nacido un arma para enfrentar la dictadura. Encontró el camino para convertir la escoba de Chibás en fusil: el movimiento fidelista.

Esfuerzos enormes en medio de inmensos riesgos. Cada cierto tiempo, 200 ó 300 ejemplares. Junto a él, Abel Santamaría, Jesús Montané y Melba Hernández. Por orientación del líder, el periódico tuvo un nombre nuevo: El acusador. Sus hacedores redoblaron la brega para sacar los dos. Finalmente, Fidel los convenció de que pusieran todos sus bríos en uno solo. Detuvieron a los redactores. La pasaron mal; podía irles peor. Míster Baldor expulsó al  “maestro revoltoso” del plantel. Algún día la educación será gratuita para todos: el escritor no se quedará en ese pensar.

Asalto al Moncada. Lee el líder el manifiesto creado por Gómez García que reafirma a Martí  al lado de todos los participantes. El poeta dice parte de su Ya estamos en combate. Y a combatir. Destacó en la toma del hospital Saturnino Lora. Lo han herido y, a pesar de ello, intentó ayudar a un soldado enemigo mordido por las balas. El ataque ha fracasado. Escribió un mensaje para la madre en un pequeño papel: Caí preso, tu hijo, y lo entregó a un empleado del centro quien lo hizo llegar. Torturas y golpes sobre él prisionero antes de asesinarlo. Lo colocaron en la falsa lista de los caídos en el ataque. La lacónica misiva es denuncia.

La presencia del periodista y poeta de la Generación del Centenario debe ir mucho más allá de celebrar, en toda la nación, el Día del Trabajador de la Cultura en la fecha de su nacimiento. Nos tiene que impulsar a mantener el espíritu de aquel acometimiento, para enfrentarnos con firmeza e inteligencia a la perversidad externa e interna, y, en especial, a quienes tratan de destrozar la patria sean mercenarios o seres de poca fe.

Como señaló el Apóstol: “No están en el fondo de los barriles de cerveza, ni en la voluntad ruin de unos cuantos vagabundos o menesteroso mercadeables, las leyes venidera de un pueblo fuerte y bueno. Se sienta mal el que se sienta sobre hombros pagados…” Esos hombros se derrumbarán. Con él besarán la tierra llenos de vergüenza los que les creyeron e hicieron el juego a quienes pagan.

Raúl Gómez García, seguimos en combate.

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