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PERIODISMO DEPORTIVO

Chervonenko con su presencia eterna

Periodistas e historiadores no han tratado siempre a Andrei Chervonenko como se debe. Y eso es injusto. Antes de continuar en esta línea, para que no exista equivocación, advierto que no se trata de soslayar la labor de Alcides Sagarra como creador de la Escuela Cubana de Boxeo quien, de púgil y entrenador modestísimo, golpeado por la pobreza y la maldad antes del triunfo del pueblo, ascendió a ser un Doctor en el ámbito del músculo, con altos resultados prácticos.

Su quehacer ha sido primordial  en  la  alta calidad conseguida en esta disciplina de la base a la cúspide en la nación, y en llevarla a ser el buque insignia de nuestro deporte en las justas internacionales, sin soslayar la formación de un ciudadano mejor en cada atleta.

Pesó también  en el nacimiento de un grupo de instructores de altísima potencia,  sitio especial para Sarvelio Fuentes, quien fue as de los Guantes de Oro y con sus pupilos obtuvo gloria mayor. No podemos dejar fuera al comisionado de aquellos tiempos iniciales que supo maniobrar muy bien en aguas intranquilas: Waldo Santiago, fallecido en 2020 en La Habana. Todo esto significa una herencia magnífica para los actuales continuadores Pero nunca podemos olvidar el apoyo del campo socialista, con la URSS al frente. El ámbito atlético no fue excepción.

Y en el pugilismo… Derecha, izquierda; baila, noquea…Todos sucumben ante las condiciones del más de 81 kilos Teófilo Stevenson. Al vencer en Moscú 1980 obtuvo por tercera vez  la corona olímpica e igualó la hazaña del húngaro László Papp. Por sus tantísimos logros es considerado el mejor púgil amateur de todos los tiempos. La calidad no le cayó desde las nubes ni convenció a todos enseguida. Recuerden que los escépticos andan agazapado, asomando desde su cajita gris. El gran salto del muchacho  tuvo que ver con el arribo del entrenador soviético Andrei Chervonenko en mayo de 1969,  para trabajar con nuestros más destacados boxeadores.

Andrei declaró a la prensa su encuentro inicial con Teófilo: “Vi a Stevenson por casualidad durante un viaje por el país. Recuerdo que me dejaron estupefacto sus condiciones físicas, su manera cauta de pelear y su técnica… pésima. Propuse incluirlo en el acto en la selección”. Hubo alguna oposición. Lo veían demasiado verde todavía. Dejaron caer que le faltaba dureza, acometividad. “Tuve necesidad de explicarles que la precaución no tiene nada que ver con la cobardía”.

Igual pasaba con Orlandito Martínez. Al final resultó el primer as cubano del magno certamen luego del triunfo de la Revolución al imponerse en los XX Juegos. Chervonenko ganó la discusión. Recuerda que “Stevenson entrenaba con mucho ardor: hacíamos hincapié para dotarle de buen punch con directos de izquierda y derecha, le mejorábamos la defensa. Avanzaba…”.

Victoria tras victoria, la promesa va cristalizando. Y en Múnich: “Considerábamos como rival más peligroso al norteamericano Duane Bobick. Yo estaba preocupado en la víspera del combate. Teófilo entró en mi habitación, me miró y dijo: `Tranquilízate, vamos a comer` . La preocupación me había hecho perder el apetito. Teófilo, sin embargo, comió bien y se fue a descansar”.

El instructor gozaba contando el encuentro con  la esperanza del Norte: “La pelea con Bobick la empezó seguro. En el segundo asalto, en cambio, permitió al norteamericano pelear de cerca. En el descanso le dije: estás peleando como el peor pugilista del mundo. Si quieres ganar, manténle la distancia. Unos cuantos directos y vencerás”.

Stevenson lo entendió. El ojo izquierdo de Bobick quedó cerrado; el contrincante del cubano no veía bien tampoco del ojo derecho. Cedió y, en ese momento, lo alcanzó un terrible derechazo. Se desplomó como si le hubieran dado un palazo en las piernas. A la tercera caída, el árbitro detuvo las hostilidades. Poco camino le quedaba a Stevenson para llegar al título”.

Andrei regresó a su patria poco tiempo después para laborar con los valores de la disciplina de los jabs. Ni jubilado dejó de ser un hombre del boxeo. En  la lid de la ciudad alemana, la Escuela Cubana enseñó parte de su rostro; mostraría muchísimo más. Para Chervonenko, ya fallecido, no puede haber olvido: está presente en los  triunfos del buque insignia del deporte cubano.

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