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Henry Reeve: el mambí norteamericano

                                                             “La Patria, como dijo Martí no es de   nadie, y si de alguien sería, sería de aquellos que la amasen con desinterés y estuvieran dispuestos a hacer por ella todos los sacrificios”

                                                                                    Fidel Castro Ruz, 1955

 Solo en horas el Comandante en Jefe, Fidel, decidió nombrar Henry Reeve a la Brigada Médica que se dispuso para auxiliar a las víctimas que dejó el huracán Katrina en el sur de Estados Unidos y, posteriormente, al Contingente Medico que brindaría su ayuda allí donde fuera necesario, en Cuba o en cualquier parte del mundo.

Si bien es cierto que el gobierno imperialista de los Estados Unidos no aceptó la voluntaria y generosa ayuda que nuestro pueblo ofrecía a los afectados de New Orleans por el terrible huracán, ese mismo contingente prestó su extraordinaria ayuda y cooperación al pueblo pakistaní cuando fue azotado por un terrible terremoto.

La corta, pero fructífera existencia de Reeve, ese intrépido combatiente que siendo un niño abrazó el camino de lo justo, es paradigma y ejemplo para las presentes y futuras generaciones de cubanos y del mundo y, muy especialmente, para los jóvenes.

Para él, la solidaridad fue una práctica suprema. Y no sólo entregó su juventud, sino su propia vida por la causa de esa otra Patria que tanto amó.

Su tenacidad, constancia y valentía en el cumplimiento del deber, su amor a la Patria adoptiva, nos lleva a considerarlo un cubano genuino, a admirarlo, recordarlo por siempre y seguir su ejemplo.

Henry Reeve había nacido en Brooklyn, New York, Estados Unidos de América, el 4 de abril de 1850. Con 15 años o menos, formó parte del ejército del Norte en la Guerra Civil que se desarrolló en su país de 1861 a 1865 como tamborero.

La Guerra Civil en los Estados Unidos

El conflicto militar tuvo lugar desde 1861 hasta 1865 entre los Estados Unidos de América (La Unión) y 11 Estados Sureños Secesionistas organizados como estados confederados de América (La Confederación Sudista).  En el Sur este conflicto se conoce también con el nombre de Guerra entre los Estados.  Otra denominación popular es la Guerra de Secesión.

La Guerra Civil fue la culminación de cuatro décadas en las que se fraguaron profundas y arraigadas diferencias económicas, sociales y políticas entre los Estados del Norte y el Sur. El Sur, eminentemente agrícola, producía excelentes cosechas de algodón, tabaco y caña de azúcar que exportaba a los Estados del Norte o a Europa, pero, dependía del Norte para obtener manufactura y los servicios financieros y comerciales necesarios para el desarrollo comercial.

Subrayando las diferencias regionales, la mano de obra en el sur englobaba casi cuatro millones de esclavos negros.  Aunque los plantadores esclavistas representaban una pequeña minoría de la población, dominaban no obstante la política y la sociedad sureña.  En última instancia, los estados del sur fueron a la guerra básicamente para defender el derecho a conservar la esclavitud.

En 1865, al terminar la guerra con la victoria de los Estados del Norte, también fue ratificada la abolición de la esclavitud en ese país.

Posterior al fin de aquella guerra en su país Henry Reeve entra en contacto con los cubanos que conspiraban en los Estados Unidos de América para la liberación de Cuba del yugo colonialista español. Convencido de la justeza de la causa cubana se enrola en la expedición del vapor Perrit.  Esta traía como jefe al General Thomas Jordan[i] (1). Reeve venía con el nombre de Henry Earl y con el cargo de soldado ordenanza del Jefe de la Expedición.  Los patriotas desembarcaron por la Península de El Ramón, en la Bahía de Nipe, en la costa norte de la antigua provincia de Oriente, hoy Holguín.

La llegada de la expedición se produce el 11 de mayo de 1869, 8ocho meses después de iniciada la guerra el 10 de Octubre de 1868.  Ese mismo día esta tropa sostiene su primer combate con el enemigo y sólo cinco días después Reeve recibe su bautizo de sangre, en la propia región del desembarco.  El 20 de mayo de ese mismo mes los expedicionarios sostienen otro encuentro con el enemigo en El Canalito y casi de inmediato otro en La Cuaba, cerca de Holguín. Aquí los expedicionarios se ven obligados a retirarse hacia Las Calabazas.

En otro encuentro con el adversario en ese mismo lugar, Reeve cae prisionero, el 27 de mayo de 1869, junto a él caen en poder del enemigo otros de sus compañeros.  El grupo es sometido a la pena de muerte por fusilamiento en masa.  Los cuatro impactos de bala que recibió Reeve durante la ejecución, no fueron mortales, por lo que logró escapar, deambuló durante 2 días y se encontró con un grupo de patriotas que lo condujo al campamento de El Mejías, donde se encontraban las fuerzas del entonces General de Brigada Luis Figueredo.

En su libro, pluma y machete, Ramón Roa y Garífuna, quien fuera secretario de Ignacio Agramonte y llevaba su diario de guerra, expresa: “Apenas desembarcó en nuestro territorio (refiriéndose a Henry Reeve) hizo conocer que pertenecía a esa juventud valiente y entusiasta que se siente atraída hacia donde la libertad de un pueblo arma su brazo.  Herido, prisionero y fusilado en las primeras acciones, el mando español lo creyó un cadáver, quedó abandonado en el campo por el enemigo, y al incorporarse nuevamente a nuestras filas, llevaba las heridas abiertas por su ejecución”.

Reeve va al Camagüey

El   13 de junio de 1869 recibió el grado de Sargento de Segunda.  Después de reponerse de las heridas y decepcionado por los resultados obtenidos hasta el momento, solicitó trasladarse al Camagüey para presentarse ante el Presidente Carlos Manuel de Céspedes y pedirle que lo reintegrara a las fuerzas del General Thomas Jordan.  Figueredo, el jefe mambí que lo acogió en su campamento y donde Reeve se recuperó, en el pase de permiso que le extendió para su traslado escribió, que éste era “inepto e inservible para el servicio de las armas”.

En los primeros días de octubre de 1869 fue nombrado ayudante de Jordan quien recién había sido nombrado jefe del Estado Mayor General del Ejército Libertador.  Después de la renuncia de Jordan, en marzo de 1870, Reeve hizo su ingreso en el Primer Escuadrón de Caballería de la Brigada Norte de Camagüey, bajo el mando del General de Brigada Cristóbal Acosta.

El 16 de abril de 1870 es nombrado Jefe de la Sección de Exploración de esa Brigada.  En ese mismo año participa en los combates de Tana, Imias y la Jagua. Este último se desarrolló el 18 de noviembre de 1870. Aquí resulta herido nuevamente.

El rescate de Sanguily 

En marzo de 1871, Reeve pasó a subordinarse directamente al Mayor Ignacio Agramonte, en la Caballería Camagüeyana.  Ese mismo año, después de haber sido herido en una nueva ocasión en Hato Potrero, el 28 de mayo del 71, y de combatir en la Estrada y el Mulato, participó en el rescate del entonces General de Brigada, Julio Sanguily, el 8 de Octubre de 1871.

En su libro “Pluma y Machete” Ramón Roa expresa: … “Los 70 hombres que componían la Brigada, quisieron acudir al llamamiento de su Jefe   pero Agramonte escogió menos de la mitad formando los jefes y él un total de 35 jinetes, en el siguiente orden; la vanguardia, compuesta por 4 rifleros de la escolta, al mando del Comandante Reeve, el resto, donde iba el Mayor con sus ayudantes y los del Brigadier Sanguily, a las órdenes del Comandante Ernesto Agüero”.

Al emprender la marcha, el Mayor dijo a Reeve: “! ¡A marcha forzada!, cuando divise usted a los españoles, por los que no debe ser visto, sin disparar un tiro, viene usted a incorporarse”.

Uno de los ayudantes del Brigadier Sanguily, el Capitán Palomino, se acercó a Agramonte y le dijo: – “Creo, Mayor, que se intenta empeñar acción para rescatar a mi jefe el Brigadier Sanguily, y si esto es así, le ruego que me señale un sitio en el lugar más peligroso”.

—“Así es, en efecto, y ya esperaba yo esa resolución de los subordinados del Brigadier Sanguily: Marche usted al lado del Comandante Reeve”.

Antes de concluir el año 1871, Reeve estuvo en los combates del Plátano, La Redonda, San Ramón de Pacheco, Santa Deo, La Matilde y Sitio Potrero, en este último combate vuelve a ser herido el 27 de noviembre de 1871.

El 29 de noviembre del 72 en el transcurso del combate de El Carmen recibió una herida en el abdomen, que lo obligó a permanecer dos meses inactivo.  De la secuela de esta herida estuvo padeciendo hasta su muerte.

Ya en 1873 se destacó en los combates de Ciego de Najasa, Soledad de Pacheco y Cocal del Olimpo.

En su libro “El Mayor” de Mary Cruz en su página 220 esta nos dice … “A la Diana del 3 siguió el ruido de unas descargas del enemigo.  Avanzaban por el camino real.  No hubo tiempo de formar y salir al galope”.

Dice Agramonte…” “El encuentro fue reñido.  Se distinguieron por su valor, el Inglesito y Martín Castillo.”  El Inglesito fue ascendido a Teniente Coronel en el mismo campo de batalla después de la Victoria y propuesto para el grado de Coronel.  En comunicación al gobierno el Mayor expresó:

“El Comandante Reeve, con sus relevantes cualidades, se hace acreedor de toda mi confianza y creo mi deber prevenir al gobierno de la República favorablemente hacia este joven extranjero”.

Así aplicaba Agramonte la máxima, tantas veces comentada por Zambrana en los años universitarios:

“De cada uno según su capacidad y a cada capacidad según sus obras, sin miramientos de nacionalidad, raza y creencias”.

Reeve visto por Ignacio Agramonte

En el libro de Ignacio Agramonte (Documentos), Juan J Pastrana nos dice: … “De la bravura del Mayor, nos habla elocuentemente de lo que por su ayudante y secretario el entonces capitán, Ramón Roa expresara”: … “Por la lectura de este diario, pasa por nuestra imaginación, como un film la gallarda caballería camagüeyana al mando del Brigadier Sanguily, hazaña con aires de leyenda, la intrépida estampa de Henry Reeve, el Inglesito”.

Agramonte, en otra parte de su diario, nos dice Pastrana … “Por nuestra parte fue herido el capitán R. López- Heridos el caballo del Teniente Coronel Reeve y el del Comandante B. Rodríguez.  El comportamiento de los nuestros fue brillante, habiendo sobresalido el Teniente Coronel Reeve por su denuedo. Ocupando gran motín” …

Henry Reeve acompañó a Agramonte en el combate de Jimaguayú el 11 de mayo de 1873, donde este cayó.  En esa ocasión tomó el mando de la división para entregárselo ocho días después a Sanguily.

Bajo el mando de Máximo Gómez

Posterior a la muerte de Agramonte, Reeve libró la acción de Yucatán.  En julio de 1873 se subordinó al nuevo Jefe de Camagüey, el Mayor General Máximo Gómez, quien el 27 de ese propio mes nombró a Reeve como Jefe de la Caballería de la 1ra división.

Del Diario de Campaña del Generalísimo, en la página 37 del 6 de julio de 1873, tomamos la siguiente valoración:

“Continúo hasta la Aurora, Cuartel de Caballería, fui recibido atentamente por este cuerpo –su Jefe, el Teniente Coronel Enrique Reeve, muy digno de ocupar puesto más elevado, su valor a toda prueba, infatigable constancia en el servicio de la causa,  le hacen cumplido militar, que le adueñan de la justa consideración y simpatía de sus superiores y subordinados.

… El Teniente Coronel Reeve me regala un caballo — Reeve es un carácter puramente militar, une a su valor probado, una rectitud y seriedad poco comunes en su modo de mando— de aquí que sus soldados a la vez de un respeto profundo le quieren como a un padre.  Sus mejores hombres son negros” …

“No hago otra cosa que justicia al mérito, tampoco hago mención a otras cualidades que posee. – El 27 en unión de este Jefe marchamos a la Horqueta en el mismo lugar se nos unió el General Sanguily.”

El 9 de julio de 1873 Máximo Gómez se hace cargo del Departamento del Centro.  El propio año designa a Reeve como Jefe de 100 jinetes.

Después de participar en los combates de Las Yeguas, La Luz y Atadeo, en el combate de Santa Cruz del Sur, el 28 de septiembre de 1873 cuando se enfrentaba a un cañón español que provocaba estragos en la caballería mambisa, recibió heridas graves en una pierna por lo que lo trasladan al Hospital de Sangre de Ciego de Najasa.  Tras cerca de 6 meses de convalecencia, se reincorpora a filas.  Se le adaptó una prótesis metálica a la extremidad afectada, que había quedado más corta.  También hubo de crearse un dispositivo que lo mantuviera firme sobre su cabalgadura.

El 20 de junio de 1874 recibió el mando de la primera división y el 4 de julio del propio año resultó herido en la mano y en el pecho durante el combate de San Antonio de Camujiru, cerca de Puerto Príncipe.

El 6 de enero de 1875 apoyó con fuego el cruce de la trocha de Jucaro a Morón para facilitar el paso del Contingente Invasor con Gómez al frente hacia Las Villas.

Nuevamente bajo las órdenes de Gómez

Reeve quedó al mando de las fuerzas en Camagüey, pero poco tiempo después solicitó al gobierno que le permitiera participar en la invasión.  Después de autorizado pasó a Las Villas para incorporarse a las fuerzas de Gómez, el 5 de noviembre de 1875 en Ciego de Potrero, Sancti Spiritus.  Gómez lo nombró Jefe de la Segunda División, que abarcaba a la Jurisdicción de Cienfuegos y el occidente de la isla.

El 30 de ese mes cruzó el río Hanabana con un escuadrón de Caballería para penetrar a la provincia de Matanzas, convirtiéndose en la Vanguardia del Contingente Invasor.

Poco después reorganizó la Brigada de Colón y se puso al frente de ella.

A fines de 1875 libró los combates de Los Abreus, Cocodrilos, Quemado Grande, Santa Teresa, Espinal, Lagunillas, Orbea y otros.

Entre los combates de 1876 se encuentran los de Aguacate, Guanal Grande y Río Hanabana, en este último combate, el 25 de Julio de 1876 fue también herido.

Cae en combate 

El fatídico día del 4 de agosto de 1876, en desigual combate, en la Sabana de Yaguarama, resultó herido en el pecho y en la ingle.  Derribado del caballo, recibe otra herida en el hombro.  No obstante, sigue combatiendo hasta agotadas sus fuerzas y municiones, se dio un tiro en la sien para no caer prisionero.

En carta que escribe a su amigo Luis Quintero, cubano residente en Nueva York, el 12 de junio de 1877, Ramón Roa le informa sobre la situación en el país, entre otras cosas le comunica lo siguiente:

“No es toda alegría lo que nos ha conmovido en estos últimos tiempos; a la embriaguez de la Victoria ha venido a mezclarse, con lúgubre empeño, la triste noticia de que dos jóvenes héroes han recibido el beso de la gloria y de la muerte al mismo tiempo”.

“El Brigadier Henry Reeve y el Teniente Coronel Fidel Céspedes han sucumbido en sus puestos.

“Te hablaré de ambos, porque a ambos me ligaba estrecha amistad y tuve orgullo y placer en hallarme subalterno de uno y compañero del otro.

“El Brigadier Reeve, americano del norte, y joven decente y educado, era niño aún, cuando el generoso y respetable General Thomas Jordan salió para Cuba a bordo del Perrit.  Reeve le acompañaba como ordenanza…

…. “Ascendió por rigurosa escala y siempre por el brillo de sus acciones hasta el grado de Brigadier, que llevaba con orgullo y con merecimientos, cuando la muerte le detuvo en su camino hacia lo más avanzado de la lucha”.

Sus ascensos fueron:

  • a Sargento Segunda el 13/06/1869
  • a Teniente el 2/10/1869
  • a Capitán el 16/4/1870
  • a Comandante el 16/01/1872
  • a Teniente Coronel el 3/03/1873
  • a Coronel el 27/07/1873
  • a General de Brigada el 10/12/1873

Como se puede apreciar los ascensos fueron vertiginosos en poco más de 3 años, desde Sargento hasta General de Brigada, producto de su extraordinario valor e incalculable destreza.

A Henry Reeve se le adjudica haber participado en unas 400 acciones combativas de las que en 10 resultó herido, en ocasiones gravemente.

Sigue expresando Ramón Roa: “… pocos jinetes, se seleccionó, sin embargo, en el peligro, y desde entonces su nombre y la relación de alguna hazaña marchaban siempre juntos, conquistándole el aprecio y la veneración de todos y particularmente del General Agramonte que veía en él, una esperanza para el porvenir” …

… “Ansioso de combatir allá donde había más probabilidades de peligro, y por consecuencia, más cantidad de gloria, renunció al mando de la División del Centro y solicitó pasar a prestar sus servicios en las descubiertas de nuestras fuerzas de occidente…”

… “Lo que allí hizo está relatado en cada uno de los partes oficiales de aquel cuerpo de ejército y si un arrojo natural en su carácter no lo hubiese colocado en la dolorosa situación de hacer retirar la poca fuerza que le acompañaba y que no quería sacrificar inútilmente, y ya herido y a pie, disparar su revolver sobre el primer enemigo que se le acercara y darse después la muerte de su propia mano, todavía debíamos esperar mayores hazañas de las muchas que encerraba su brillante hoja de servicios.

… “Adornado de cicatrices, invalido de una pierna, a consecuencia de la gravísima herida que recibió en el ataque a Santa Cruz y que le imposibilitaba el andar sin un aparato, que no le permitía mucho trecho, ofrecía a la admiración y simpatía de todos una incansable actividad y una fuerza de voluntad extraordinaria” …

… “Reunía además cualidades de honradez, inteligencia y amabilidad, que hacían quererle y extrañarle en su ausencia” …

… “Cuba ha perdido (un hijo adoptivo), según su propia frase, que había derramado generosamente su sangre por la felicidad de ella, de cada uno de nosotros un hermano inolvidable, cuya memoria honraremos siempre”.

… “Te ruego presentes mis respetos a su señora madre, a quien ya conoces, y le signifiques en nombre de los amigos de su hijo, la profunda tristeza que nos causa su perdida” …

Como colofón a este trabajo, sobre este ejemplo de solidaridad y firmeza combativa que nos ofreció Henry Reeve, el inglesito, transcribimos dos de las 8 estrofas del poema que dedicara el Coronel Ramón Roa a este patriota, titulado “La Carga”, Roa se inspira en el combate, carril de las Guasimas en 1874, ejemplo entre las cargas de caballería donde Reeve lució todo su valor, donde el Mayor General Gómez mandaba la batalla.  Este poema va adjunto a esta ponencia y a otro también de Roa, “Romance  del Inglesito”.  En las dos estrofas del Poema “La Carga”, Roa nos dice:

“Es nuestra la victoria.  Ya póstrase vencido

goteando roja sangre el déspota cruel

de niños y mujeres verdugo aborrecido,

dejad que un continente maldiga siempre de él.

¿Los victores no oís? El pueblo arrebatado

del triunfo la guirnalda a un joven le ciñó;

al joven extranjero de espíritu elevado                                                              

que a Cuba en la gran lucha el abrazo le ofreció”

…………..

[i] Thomas Jordan nació en el Estado de Virginia en los E.U.A., el 13 de diciembre de 1819. Vino a Cuba al mando de la expedición del vapor Perrit, posteriormente llegó a Mayor General del Ejército Mambí y Jefe de su Estado Mayor.

Pedro Urra Medina
Pedro Urra Medina
Nació en 1929. Es historiador y colaborador de Cubadebate.

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