FOTOCRÓNICAS

Los primeros meses de la fotografía cubana

Durante el breve mandato del Príncipe de Anglona como Capitán General de la Isla de Cuba, desde el 10 de enero de 1840 hasta el primero de marzo de 1841, nació y dio sus primeros pasos la fotografía cubana.

Fue su hijo, Pedro Alcántara Téllez-Girón y Fernández de Santillana, quien captó la primera imagen fotográfica en Cuba por medio del daguerrotipo, procedimiento inventado en Francia por Louis Jacques Mandé y Daguerre y dado a conocer al mundo ocho meses antes. Según el diario Noticioso y Lucero del día 5 de abril de 1840 la vista tomada
por Pedro Téllez-Girón desde un balcón del Palacio de los Capitanes Generales (actual Museo de la Ciudad de La Habana) mostraba “Una parte de la Plaza de Armas, el edificio de la Intendencia, parte del cuartel de La Fuerza, algunos árboles del centro de la misma plaza y en último término el cerro que al E. de bahía contribuye a formar el puerto de La Habana, todo con una perfección de detalles que es verdaderamente admirable”.

Siguiendo instrucciones del manual de Daguerre y rodeado del químico Luis Casaseca, del dibujante y litógrafo Federico Mialhe y de otras personalidades del mundo científico, el joven pionero colocó una placa de cobre cubierta por una fina lámina de plata bien pulida de 16.4 x 21.6 cm dentro de una caja cerrada y protegida de la luz que contenía yodo y la expuso a sus vapores para hacerla sensible a la luz.

Una vista de la Plaza de Armas que reproduce el lugar donde según el periódico Noticioso y Lucero fue captado por Pedro Téllez-Girón el primer daguerrotipo realizado en Cuba, del cual no se conserva el original.

Después esa placa ya lista la puso en la cámara oscura de Daguerre situada previamente en el balcón palaciego y enfocada hacia la Plaza de Armas. Luego de una exposición de más de veinte minutos a la luz fuerte del sol regresó con la comitiva a la habitación y entonces comenzó la alquimia. Colocó la placa en otra caja que contenía mercurio la cual fue calentada por la llama de un infiernillo. El vapor de mercurio caliente se amalgamó con la plata y se adhirió a las altas luces. Luego de fijarla con una solución de sal común, Téllez-Girón lavó con agua corriente hasta que se vio la imagen de la plaza.

Este lento procedimiento, que solo captaba paisajes por la poca luminosidad de los lentes de que estaban provistas las cámaras de Daguerre y la escasa sensibilidad de las placas, se llevó a cabo en el Palacio de los Capitanes Generales, lugar donde se captó y reveló por primera vez una fotografía en Cuba. Lamentablemente este histórico
daguerrotipo parece no haber perdurado en el tiempo a juzgar por las numerosas consultas que hemos realizado entre museos, coleccionistas y otras fuentes relacionadas con el giro.

Otro hecho importante fue la autorización que el Príncipe de Anglona le otorgó el 18 de diciembre de ese año a George W. Halsey para anunciar “una máquina para sacar retratos y paisajes”. Era el primero que otorgaban las autoridades coloniales para ejercer la fotografía.

¿Para sacar retratos? En aquellos tiempos parecía imposible con el método de Daguerre, pues nadie podía estar durante más de veinte minutos recibiendo la luz del sol directamente a la cara.

Cuando Daguerre anunció su invento en París se encontraba en la capital francesa el inventor del telégrafo, el norteamericano Samuel Morse, quien adquirió un equipo y lo llevó a Nueva York. En la Universidad de esa ciudad, él y su amigo el profesor de química Samuel Draper modificaron la formula Daguerre, logrando reducir la exposición a unos cinco minutos y utilizando soportes ocultos para apoyar y fijar la cabeza del modelo. Así lograron el primer retrato al daguerrotipo del mundo.

Por otro lado, el inventor neoyorquino Alexander Walcott fabricó una cámara que en lugar de un lente tenía un gran boquete; la luz entraba hasta un espejo cóncavo que reflejaba la imagen de la persona que iba a ser fotografiada hasta una pequeña placa de 2 x 2 ½ centímetros situada dentro. Con las mejoras que habían hecho Morse y Draper
ganaban en luminosidad y obtenían retratos en solo un minuto o poco más de exposición. Aunque los retratos eran del tamaño de sellos de correos, por su novedad lograron un extraordinario éxito y así surgieron las primeras galerías de retratos en miniatura al daguerrotipo.

Muestra comparativa del tamaño de un daguerrotipo captado por Daguerre en 1839 en París (16.4 x 21.6 centímetros), en contraste con los 2 x 2.5 centímetros de las pequeñas placas que ofrecía Halsey a sus clientes cubanos.

Por allá por 1840 se encontraba en Nueva York, George W. Halsey, que tenía una afamada academia de dibujo y escritura en La Habana y ante el prometedor porvenir de los retratos en miniatura al daguerrotipo adquirió del propio Walcott una cámara y los conocimientos necesarios  y regresó a La Habana en los primeros días de diciembre.

Fue así que el tres de enero de 1841 abrió la primera galería de retratos en miniatura al daguerrotipo en la capital cubana, situada en la azotea del Real Colegio de Conocimientos útiles, en la calle Obispo número 26. Con esta suerte de coincidencias Cuba es el segundo país del mundo en hacer retratos al daguerrotipo. Le seguirán ese mismo año Londres, Cádiz y París, la cuna del daguerrotipo.

Durante un par de años estas miniaturas del tamaño de un sello postal tuvieron mucha popularidad, hasta que las cámaras tradicionales de Daguerre comenzaron a usar los objetivos fabricados por Josef Max Petzval diseñados para hacer retratos mayores y más nítidos, contribuyendo al rápido desarrollo del retrato fotográfico.

Durante el mandato del Príncipe de Anglona también ocurrieron otras novedades. La elegante tienda El Buen Gusto de París, situada también en la calle del Obispo, puso a la venta las primeras cámaras de daguerrotipo en Cuba y también las primeras vistas captadas por ese procedimiento de distintos lugares del mundo, mientras que la librería
de Ramis, situada en la calle de la Obra Pía ofrecía la primera obra escrita por Daguerre traducida del francés y editada en España titulada “Exposición histórica y descripción de los procesos de Daguerrotipo”.

Por esa época fue que se conoció en Cuba el vocablo “fotografía”, usado por primera vez en una crónica titulada “El daguerrotipo en el  harén”, publicada en el Diario de La Habana el lunes 29 de junio de 1840. Allí se narran las peripecias de Horace Vernet, célebre pintor francés de escenas de batallas, y su sobrino Charles Bouton cuando
retrataron en Egipto el harén del príncipe Mohamed Ali. Vernet y su sobrino se dedicaron a daguerrotipar lugares exóticos y arqueológicos de África del norte y el Medio Oriente para luego copiarlos, grabarlos a mano y publicarlos en un libro que titularon “Excursions Daguerriennes”, que fue muy vendido en el mundo y también en la mencionada librería de Ramis.

Sin embargo no todo fueron glorias para la fotografía cubana bajo el mando del Príncipe de Anglona, quien además de ser un valiente guerrero admirado por los reyes españoles era un benefactor de las artes, fue director del Museo del Prado y protector de muchos artistas.

Un mes antes de entregar el mando a su sucesor, en la última reunión del cabildo que por derecho presidía Anglona, además del permiso ya otorgado a Halsey el 18 de diciembre para anunciar su cámara, se supo que Federico Mialhe, el principal dibujante de la Imprenta litográfica de la Real Sociedad Patriótica de La Habana, estaba pidiendo “un
privilegio exclusivo para asegurar la propiedad de una máquina que acaba de introducir”.

Una imagen litografiada hecha por Federico Miahle de un daguerrotipo captado por Antonio Rezzonico, en el cual se aprecia la fuente de la Noble Habana, también conocida como fuente de la India.

Oídas las opiniones de los síndicos, se llegó a la conclusión de denegarle a Mialhe su patente “porque solo son y deben ser objeto de privilegio las máquinas, aparatos, instrumentos, procederes y operaciones mecánicas químicas nuevos en el todo o en parte que no estén establecidas del mismo modo en el país…” “No es cosa nueva ni
de beneficio para el país, y en verdad que no es racional el pretendido privilegio, semejantes aparatos son medio de lucro para los introductores sostenida por la curiosidad de los espectadores más bien que por otros respectos que no cooperan, ayudan ni favorecen la propiedad.” (Actas Capitulares 5 de febrero de 1841).

Lo anterior contrasta con lo escrito en las Memorias de 1840 de la Real Sociedad Patriótica de La Habana, que se hacía eco de la primera demostración pública del daguerrotipo efectuada en Barcelona el 10 de noviembre de 1839, bajo los auspicios de la Academia de Ciencias Naturales. Los académicos criollos concluyeron que “creemos sinceramente que este buen relato sobre trabajos artísticos e industriales, tan intensamente enlazados con las ciencias dan una idea muy ventajosa de la importancia de tan útil y recomendable instituto”.

En el mismo mes de febrero de 1841 llegó a la Habana otro daguerrotipista, Antonio Rezzonico, quien traía tres cámaras, una de Walcott y dos de Daguerre, con las que retrató distintos lugares de la ciudad. Mialhe escogió dos o quizás más vistas, las reprodujo y acreditó en su álbum Isla de Cuba pintoresca. Son las únicas huellas de los primeros daguerrotipos cubanos que conocemos actualmente, gracias a estas litografías.

Fuentes:
• Actas Capitulares de La Habana, enero y febrero de 1841.
• Enciclopedia Focal de Fotografía, Ediciones Omega Barcelona, 1968
• Diario de La Habana, colección años 1840 y 1841
• Conversación Ángel Martí, coleccionista de daguerrotipos y fotografía (noviembre de 1967)

*Foto de portada: El Capitán General de la Isla de Cuba, Pedro Téllez-Girón, Príncipe de Anglona. Al lado, una vista del Palacio de los Capitanes Generales en La Habana, desde uno de cuyos balcones se hizo el primer daguerrotipo conocido en Cuba.

Jorge Oller Oller
Fotógrafo, reportero gráfico. Fundador de la Unión de Periodistas de Cuba y del Periódico Granma. Miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *