FOTOCRÓNICAS

Un pilar del fotoperiodismo en Cuba

Poco después de terminada la Guerra independentista —el 29 de agosto de 1898—, el fotógrafo José Gómez de la Carrera plantó su enorme cámara en Montalvito, un antiguo cafetal demolido, localizado al sur del caserío de Nazareno, donde acampaba la tropa del Mayor General Mario García Menocal unos días antes de entrar victoriosa a La Habana. Lo retrató junto a su Estado Mayor, sus ayudantes, soldados y algunos pobladores del lugar.

Para el que escribe estas líneas, esa fotografía guarda un valor muy especial, porque la magia de su imagen me lleva y envuelve en aquella realidad acercándome orgulloso a mi abuelo, José Oller Aragay, escolta del general Menocal, conociéndolo joven y mambí, con su boina negra y rodeado de patriotas.

Gómez de la Carrera con su cámara.

Para la historia, esta es solo una de las miles de invaluables  instantáneas que captó Gómez de la Carrera y que testimonian la guerra de independencia, el hundimiento del acorazado Maine o la instauración de la República, entre otros hechos noticiosos cubanos.

Resulta insólito que el fotógrafo más versátil y renombrado del siglo XIX y principios del XX en Cuba, cuya amplísima obra está diseminada entre las fototecas de la Biblioteca Nacional José Martí, la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, el Archivo Militar de Madrid y otras  prestigiosas instituciones, no cuente con una biografía.

De hecho, es poco lo que se conoce de su vida y las referencias parten  de lo publicado por el profesor de la escuela de periodismo Manuel Marquez Sterling, Rafael Pegudo Gallardo, su primer biógrafo, y de los escasos  aportes que han añadido los estudiosos del importante quehacer de este fotógrafo.

Según se dice, Gómez de la Carrera nació en España, sin conocerse aún el lugar exacto y la fecha. Cuando aún era muy  joven su familia se estableció en La Habana, donde estudió el bachillerato en el Colegio de Belén, entre 1867 y 1871. Si nos atenemos a que la edad mínima requerida entonces para ingresar a dicha escuela, era de trece años, es muy posible que haya venido al mundo en el año 1854. Según consta, murió en 1908.

Al cursar el segundo año de estudios, en 1868, ocurrió el alzamiento independentista de Carlos Manuel de Céspedes en La Demajagua el 10 de octubre en el oriente del país. También conoció de las crueles repercusiones de los sucesos acontecidos  en La Habana el 22 de enero de 1869 cuando los voluntarios y soldados españoles irrumpieron en el teatro Villanueva y dispararon contra las familias criollas que disfrutaban de una obra bufa  en la cual un actor gritaba “¡Que viva la tierra que produce la caña!”.

Cuño profesional de De la Carrera, quien en 1885 se anunciaba en La Habana como “fotógrafo mercantil”.

Dos días después saquearon el palacio del independentista cubano Miguel Aldama, y asaltaron los cafés El Louvre y Los voluntarios, lugar este último donde fue asesinado el célebre fotógrafo norteamericano Samuel Alexander Cohner (1833-1869), solo porque llevaba una corbata azul, color distintivo de los insurrectos.

Al año siguiente, el 4 de marzo de 1870, fue la condena de José Martí a seis años de trabajo forzado, y el 27 de noviembre de 1871 el fusilamiento de los ocho estudiantes de Medicina inocentes, todos jóvenes como Gómez de la Carrera.

Temerosos de esa situación tan convulsa y peligrosa para la juventud, los padres de José, una vez que este terminó el bachillerato, lo enviaron a  Estados Unidos para cursar estudios superiores. Allí adquirió la ciudadanía  del país norteño y se aficionó tanto a la fotografía que la estudió y practicó con entusiasmo e incluso  adquirió los equipos más adelantados.

Lo encontramos nuevamente  en La Habana en 1885 anunciándose como “fotógrafo mercantil”, apelativo con el que se conocía en aquel tiempo a quienes retrataban fuera de la galería, en la calle. Coincidentemente ese año, el 23 de julio, aparece la primera revista deportiva cubana, El Fígaro, fundada por Manuel Serafín Pichardo, Ramón A. Catalá, Rafael Saceiro y Rafael Barzagairo, cuatro jóvenes intelectuales cubanos que cultivaban tanto las letras y las artes, como la afición al deporte, en especial, el béisbol.

Portada de la revista El Fígaro de diciembre de 1903, cuya gráfica tuvo que ser confiada a un pintor debido al altercado entre los fotógrafos Santa Coloma y Gómez de la Carrera en la cobertura de un viaje presidencial al oriente del país.

A los pocos meses, la revista El Fígaro y Gómez de la Carrera se encontraron para, un tiempo después, fraguar los pilares de lo que sería el fotoperiodismo cubano.

Pensábamos que al releer, con detenimiento, las páginas de la publicación  encontraríamos alguna biografía del artista de la lente, pero no fue así. Sin embargo, en el elocuente silencio de su texto hay diversas notas sueltas referentes a él  que enriquecen los conocimientos que hasta ahora teníamos de su obra.

Al principio de su labor se firmaba  José Gómez. Retrató lo mismo un banquete que un trabajo científico, un paisaje o una noticia con asombrosa calidad para aquella época . Uno de los editores de El Fígaro,  Pichardo, lo conoció cuando retrataba a los equipos de pelota en el terreno deportivo y allí se hicieron buenos amigos.

Los más viejos del ingenio, foto tomada en 1894 por Gómez.

Un día, el artista le regaló dos fotografías de los equipos más populares del momento, que Pichardo le agradeció publicando esta primera nota sobre él en la edición del 25 de agosto de 1887. “Hemos sido obsequiados por una tarjeta fotográfica donde aparecen los jugadores de los clubs Habana y Matanzas. Dicha foto ha sido sacada por un procedimiento instantáneo especialidad del conocido fotógrafo Sr. José Gómez, a quien tenemos el gusto de recomendar. En la fotografía de Garrido, en la calle O’Reilly, se encuentra siempre el Señor Gómez”.

Existe  una segunda referencia en la sección Retazos, del ocho de septiembre de 1888, en la cual  se cita al “conocido y más que conocido y popular fotógrafo José Gómez Carrera, que tiene su casa y la de nosotros, según él nos lo ha ofrecido generosamente, en San Lázaro número 78, ha sacado una fotografía verídica de los clubs de las ligas de béisbol de los Estados Unidos de 1888 y que figuran en ella los jugadores de los clubs New York, San Luis, Chicago y otros. Además nos ha enseñado Gómez Carrera gran número de fotografías de edificios, paisajes y paseos locales, todos de exacto parecido y corrección. Para esta clase de trabajos es el amigo Gómez inimitable”.

Tras la explosión del acorazado Maine en febrero de 1898, Gómez de la Carrera fue nombrado fotógrafo oficial de la comisión investigadora estadounidense. En esta gráfica, restos del puente del buque semihundido en la bahía de La Habana. (Foto: José Gómez de la Carrera).

Este mismo año 1888comenzó  a colaborar en el periódico La Caricatura y asimismo se dedicó a retratar los estudios realizados por  médicos y científicos en sus especialidades. A uno de ellos, el doctor Carlos de la Torre Huerta (1858-1950), geólogo y paleontólogo, le resultaron tan útiles las fotografías que en 1890, cuando la Sociedad Económica de Amigos del País le auspició una expedición a la región oriental de Cuba para completar sus trabajos,  este invitó a Gómez de la Carrera a acompañarlo.

Tanto el naturalista como el fotógrafo no se dedicaron  solo a la temática científica, sino que aprovecharon y retrataron igualmente  entornos geográficos y puntos de interés histórico:  ruinas del ingenio La Demajagua,  casa natal de Carlos M. de Céspedes, y otros sitios de  Bayamo (actual capital provincial de Granma), que luego ilustrarían libros de Historia y Geografía publicados en los primeros años de la República.

Al  regreso del viaje, se  encontró que la revista había sufrido cambios. Su amigo Pichardo era ahora elel director y propietario y contaba  con un director artístico, el dibujante y fotógrafo alemán Oscar Held, quien  tenía a su cargo la galería fotográfica de Cohner.

La revista, de ocho páginas de texto sin ilustraciones, pasó  a tener 16; y de una publicación de deportes y literatura,  se convirtió en  El Fígaro, Revista Universal Ilustrada, con portada dibujada y varias litografías en su interior de mujeres y personajes célebres de la sociedad habanera, copiadas de retratos tomados en estudios fotográficos de La Habana.

Las mejoras fueron aumentando y Pichardo decide nombrar a su amigo De la Carrera, “redactor fotográfico”, que es la primera denominación dada a lo que hoy sería un fotoperiodista.

El 15 de enero de 1893  publicó sus primeras  fotografías en El Fígaro bajo el título La carreta criolla en día de paseo y Los más viejos del ingenio, esta última tomada por el artista a unos ancianos junto a un bohío. Estas fotos fueron procesadas en el establecimiento del señor Codina,  en O’Reilly —una vía conocida en aquellos tiempos como “la calles de los fotógrafos”, debido a la cantidad de estudios fotográficos abiertos en ella

Ya Gómez se encontraba trabajando de manera fija  bajo el rimbombante cargo  de Redactor Fotográfico, y había creado las secciones esporádicas Recuerdos históricos de Cuba, Costumbres cubanas, Salones habaneros, Viajes de El Fígaro y Teatro de la Guerra, esta última, inaugurada el 14 de julio de 1895, después de autorizarlo el gobierno español.

Hasta la guerra emancipadora, se dedicó, además, a fotografiar las casas comerciales de La Habana, principalmente de las calles O’Reilly y Obispo, ofreciendo  las imágenes requeridas para reportajes publicitarios. De vez en cuando publicó, de forma discreta  y anónima, algunas de las imágenes históricas  captadas durante los viajes con Carlos de la Torre por Bayamo y La Demajagua.

En la capital , durante la guerra, retratólas actividades del Capitán General, la llegada de las tropas de refuerzo, misas de campaña, maniobras y a veces lo autorizaron a acompañar algún regimiento español. A menudo los corresponsales de The Harper´s Magazine y otras publicaciones  estadounidenses se disputaron su compañía a causa de r la fama profesional, su ciudadanía y el  dominio del idioma inglés. Y porque, con salvoconducto o sin él, lo llevaban a caballo a los campamentos mambises en los quepodía entrevistar a los mandos militares y presenciaba algún combate.

A las seis de la tarde del 22 de agosto de 1903, Gómez de la Carrera captó esta imagen de una descarga eléctrica con su cámara de lente platismático. Toda una novedad para la época, de lo cual dio cuenta la revista El Fígaro felicitando al artista como “uno de los más inteligentes y diestros profesionales del arte de Daguerre entre nosotros”.

Cuando la censura lo permitió,  nutrió una sección de fotos del teatro de la guerra, favorables al ejército colonial. Al estallar el acorazado Maine, en la bahía de La Habana en febrero de 1898, la comisión estadounidense que investigó el hundimiento lo nombró fotógrafo oficial, y durante la primera intervención de Estados Unidos fue el fotógrafo preferido por los gobernadores militares yankis.

Lamentablemente, el ocaso profesional de este ilustre artista  vino tras un sonado incidente que tuvo lugar en diciembre de 1903 en la estación de ferrocarriles de Villanueva, desde donde partiría el presidente Estrada Palma en un recorrido oficial por el oriente del país. Gómez llegó temprano al lugar , retrató el tren, el vagón del primer magistrado, al pueblo reunido frente al edificio, al alcalde de La Habana y al embajador de estadounidense.

Después, de acuerdo con los organizadores del ceremonial, plantó su cámara para esperar la llegada del presidente y hacerle una foto frente al coche en el cual  viajaría. En ese momentollegó su colega Rafael B. Santa Coloma, quien había comenzado a colaborar en El Fígaro dos meses antes. Entre ambos existía una gran rivalidad profesional que se acentuaba cada día más. Cuando se encontraron surgió una fuerte discusión que terminó en riña. Nadie recuerda quién la inició, pero sí que Santa Coloma, de 36 años, deportista e impetuoso, lastimó a su sexagenario rival y le destrozó su apreciada cámara que había resistido más de diez años de duro bregar por toda Cuba. Los separaron y ambos fueron expulsados . Ninguno de los dos pudo captar la fotografía que estaba prevista para la portada y la revista tuvo que conformarse con un dibujo encomendado al pintor Ricardo Sánchez.

Una de las tantas instantáneas de la guerra de Cuba captada por el ilustre artista. Compañías del ejército español desplegadas cerca de Viñales, en la provincia de Pinar del Río. Fue publicada en enero de 1897 en La Ilustración Artística.

Finalizamos estas notas biográficas con el sentir del periodista Ramón Catalá, que en su artículo titulado “Los soldados de la instantánea” —El Fígaro, 22 de agosto de 1909— escribió: “En Cuba hemos tenido y tenemos también algunos reclutas de esa caballería andante de la placa sensible. El iniciador, entre nosotros, de los sagrados misterios de la ‘instantánea’ fue aquel espíritu rebelde y contradictorio, unas veces cartaginés y otras bohemio, pero artista siempre, que se llamó Gómez Carrera. Sentía arder el arte fotográfico en todas sus venas. Cuando copiaba en su objetivo un paisaje que le gustaba o una figura que venía persiguiendo, se le veía emocionarse, como si hubiera alcanzado un favor de la mujer amada, y lo hemos visto manipular sus negativos con la ternura del que acaricia a sus hijos… Hay vida, movimiento, en esos cartones mudos. Mudos, eso es, porque no les falta más que hablar”.

Abrigamos la esperanza que algún día podamos leer un buen libro sobre José Gómez de la Carrera, de su vida plena de aventura, de su obra que resucita el final de un imperio y el nacimiento de una nación, del periodista completo y ejemplar.

¡Arriba colegas!

Fuentes

–Rafael Pegudo Gallardo. Álbum del Cincuentenario de la Asociación de Reporters de La Habana 1902-1952.

–Colección de la revista El Fígaro (1885 a 1908). Biblioteca Nacional de Cuba “José Martí”.

Diario de campaña de un catalán mambí. Ernesto Chávez Álvarez. Ayuntamiento de Molinos del Rey, 1999.

Foto de portada: Fotografía tomada por José Gómez de la Carrera a las tropas mambisas del Mayor General Mario García Menocal, el día 29 de agosto de 1898, poco antes de su entrada triunfal a La Habana. El catalán mambí, José Oller Aragay aparece sentado en primera fila, con bigote y boina negra.

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Jorge Oller Oller
Fotógrafo, reportero gráfico. Fundador de la Unión de Periodistas de Cuba y del Periódico Granma. Premio Nacional de Periodismo José Martí por la obra de la Vida. Miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba.

One thought on “Un pilar del fotoperiodismo en Cuba

  1. Me sorprende este trabajo. Es maravilloso . Ojala se edite un libro o una exposición que recorra las provincias.
    Pues la historia del foto periodismo esta por contar . Es admirable las fotos aquí vista. Como en aquellos tiempos
    su pudo hacer fotos tan complicadas y sorprendentes .
    Vale la pena hacer algo por promover estas historias. Puede que existan otros fotógrafos, otras historias, incluso del
    interior del pais

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