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Marta de los océanos

La conocí en Luena, capital de la provincia angolana de Moxico, por los años 1985 o 1986, no recuerdo bien. Ella llegó, junto a otro grupo de actores de la serie televisiva Algo más que soñar, a una de las zonas más asediadas por la infantería enemiga, al punto que llegó a alcanzar el patronímico de: Luena la ciudad de los morteros.

Yo andaba entonces de corresponsal de guerra, y los combatientes se inclinaban ante su belleza y su forma tan sencilla de hablar y saludar. Era el centro de atención de los recién llegados a un lugar tan peligroso, donde, por ejemplo, la noche anterior la artillería enemiga se dio gusto de lanzar balas de obuses y mortero contra una fortificación donde se alojaban combatientes angolanos y cubanos.

No era la época de celulares para las tomas de fotografías personales. Solo dos fotógrafos: uno que arribana con ellos, y yo de fotorreportero, además del incansable periodista Milton Díaz con su cámara de la televisión.

Luego de un encuentro con los combatientes, nos trasladamos a uno de los lugares más atacados por el enemigo, y ella se puso a mi lado y con suma dulzura me intimó.

“Voy al lado tuyo porque tienes un AKM para que me defiendas”.

Creo que más o menos le respondí:

“A ti no hay bala enemiga que te toque, pues tú eres la reina de las actrices de Cuba.

Ella se echó a reír, negó con la cabeza, y me miró con sus ojos penetrantes que abría desmesuradamente dentro del cerco de sus órbitas.

Nunca le pude entregar esta fotografía, pues no coincidí más con ella y, además, tampoco pensé que se fuera a morir tan temprano.

Hoy, como homenaje póstumo, muestro esta instantánea en Facebook con su traje camuflado de la Fapla y la mirada penetrante, sello distintivo de esa mujer que se nombraba Marta del Río, pero también pudo llamarse Marta del mar o Marta de los océanos.

(Tomado del muro de Facebook del autor)

José Antonio Fulgueiras
Escritor y periodista de Sagua, Villa Clara, Cuba (1952). Presidente Upec Villa Clara. Destacado cronistas de la prensa cubana, condición ganada a lo largo de un ejercicio laborioso y tenaz en Granma, Trabajadores, Vanguardia y otras publicaciones nacionales y territoriales, y que se ha extendido a una producción literaria con títulos como Con el santo claro, Gambia: el perfume de las raíces, El marabuzal, El nombre de mis ideas, Los hombres de negro y Víctor Mesa, el béisbol en vida.

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