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¿Contra la cultura cubana? (II Parte y final)

La paz no solo se asienta en el ejercicio de la política, se fortalece también desde los pilares de la cultura, la sensibilidad ante los problemas de los otros, los desafíos que entraña desmontar refinadas manipulaciones mediáticas o las subliminales (cada vez menos) estrategias de colonización cultural e ideológica, donde el recurso audiovisual resulta protagónico. Se ventilan desde el agudo conocimiento cultural y sus más genuinas herramientas lúdicas.

La decencia, la ética, el respeto sobre el otro son también partes protagónicas de los aportes de la cultura. Esta, cuando es auténtica y renovadora, funda, asienta y legitima una narrativa que entronca con los pilares de la humanidad.

Las diferencias ideológicas que priman entre las naciones de este mutilado planeta no deben compulsar escaladas de conflictos o deshumanizadas guerras intervencionistas. El arte y la cultura se han de han de forjar como protagonistas del diálogo entre los países, como garante del entendimiento y el respeto entre los pueblos y gobiernos.

I

A Cuba y a los Estados Unidos les unen probados lazos culturales. La música cubana es la más notable expresión artística de nexos solidificados entre artistas e intelectuales de ambas naciones. Este flujo de sabias ha evolucionado históricamente como parte de esa transculturación construida por sustantivas apropiaciones y reciclajes ideoestéticos.

El intercambio cultural, como vital herramienta del conocimiento ha sido, y es, una prioridad para la política cultural del gobierno cubano, que se empeña en construir un permanente dialogo y un flujo de valores estéticos, identitarios y artísticos, siempre enriquecedores, con otras naciones.

Esta praxis no es liderada solo por el estado cubano. No es posible su materialización sin el acompañamiento de los artistas e intelectuales de Cuba, protagonistas de esenciales trazos de idas y vueltas. Sobre este medular asunto, el trompetista, compositor y líder del grupo Habana D´Primera, Alexander Abreu, afirmó a la televisora Russia Today.

“Necesitamos esta apertura, para que la energía de este pueblo que tiene tanta cultura y tantas cosas lindas por mostrar pueda seguir expandiéndose. Sé que es un proceso lento, por los contratiempos que han existido a lo largo de la historia de Cuba; un proceso que lleva un esfuerzo sobrenatural de ambas partes, y realmente esperemos que sea positivo en un futuro, porque van a ganar los dos pueblos”. (1)

Con la administración de Donald Trump estas cosechas han sido truncadas. En una entrevista realizada al viceministro de cultura de la isla, Fernando Rojas, articulista y ensayista, publicada por la Revista Cuba Internacional este señaló:

“… el año pasado dejaron de presentar su obra en EE.UU. 497 artistas, principalmente músicos, y los que viajaron lo hicieron en condiciones desfavorables y sin recibir ingresos, a causa del bloqueo. De igual forma, se interrumpió el Encuentro de Editores, Distribuidores y Agentes Literarios de Cuba y EE.UU. que en 2016 y 2017 se efectuó en el contexto de la Feria Internacional del Libro de La Habana y que propició el acercamiento y cooperación bilateral en el ámbito editorial”. (2)

En otra parte del dialogo, Rojas puntualizó: “… durante el mandato de Barack Obama (2009-2017) se suscribieron contratos de servicios, que permitían a los artistas —no así a las entidades de la isla—, obtener ingresos por sus presentaciones. También creció el diálogo entre académicos y en el ámbito cinematográfico”.

Estas reflexiones revelan agresividad contra las prácticas culturales entre ambas naciones. No solo se trata de cortar los beneficios económicos del que son merecedores los artistas cubanos. También se priva al público del conocimiento y disfrute de la riqueza cultural en ambas direcciones.

II

¿Son la cultura cubana y sus protagonistas los únicos objetivos de estos mercenarios de Miami?

No. Estamos frente al clásico ataque de lo simbólico. Se trata de arremeter contra los valores y principios revolucionarios que sustentan a la nación cubana.

En este “nuevo” escenario de prosaicas arremetidas y burdas manipulaciones informativas, toman “protagonismo” los llamados influencer de origen cubano radicados en Miami, que son más trumpistas que Trump. Todos ellos, secundados por los tradicionales medios oficialistas del Condado de Miami-Dade.

Algunos de sus habituales flancos son: el clásico ataque a los líderes de la Revolución y su legitimidad como gestores de la administración pública y política; el desprecio hacia las instituciones fundadas en la isla con la perversa pretensión de imponer un sistema de privatizaciones en servicios esenciales como (educación, salud, seguridad social); el ataque al prestigioso sistema de salud cubano que exhibe, indicadores exclusivos de naciones del “primer mundo”.

Uno de las miras más ruines de estos mercenarios desechables, es arremeter contra la digna labor de nuestros médicos internacionalistas. Palabras insulsas como “esclavos del régimen”, forman parte de los adjetivos que pretenden desarticular los pilares humanistas de nuestros profesionales de la salud y su protagónico aporte al desarrollo económico de Cuba.

No son casuales los más de 30 disparos perpetrados contra la Embajada de Cuba en Washington. Un individuo, de origen cubano, llamado Alexander Alazo, atacó con un arma de alto calibre una de nuestras sedes diplomáticas en los Estados Unidos. Este comportamiento ha sido estimulado, abiertamente, por esos “influencer” y la retórica guerrerista de los extremistas de Miami.

La desinformación, las fake news y el rumor, forman parte de las torcidas estrategias de estos “líderes de opinión” que pretenden incidir, desde las redes sociales, en los comportamientos y estados de opinión de los cubanos que habitamos en una isla entrenada en los pilares de la resistencia. Nos llegan empaques gramaticales de burdas texturas en formas de estampidas, dispuestas como envolturas sinuosas.

Reciclan información de “última hora” sobre el estado de salud de Raúl Castro Ruz, y después hacen el ridículo, cuando aparece el General de Ejército presidiendo otra sesión del Buró Político del Partido.

O el ya clásico, también cansino, bulo de que soldados de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (Far), que se “oponen al régimen”, se entrenan secretamente en algún lugar de la isla para derrocar al gobierno de los Castro.

Luego, días más tarde, la Red Verdad desmonta la burda fake news al mostrar que el vídeo de youtube “legitimado” por estos “influencers”, corresponde a soldados colombianos en una sesión de entrenamiento militar.

La familia cubana también forma parte de sus puntos de mira. Provocar su fragmentación es uno de los pilares de sus desesperadas estrategias. Estimulan el no envío de remesas para “ahogar la economía”. Según estos “líderes” de turno, esa es “la única fuente que sostiene” al gobierno que preside, legítimamente, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

La ruta del miedo constituye una de las estrategias que materializan, alineados al discurso de sus amos del gobierno de los Estados Unidos. Cualquier cubano digno que se salga de ese guion, será víctima de sus arremetidas.

Carlos Lazo, un profesor cubano radicado en Seattle, ha recibido por estos días, amenazas de muerte y de violencia contra él y su familia. (3) ¿Por qué es amenazado?

Propone que la Embajada de los Estados Unidos en La Habana normalice la emisión de visados y el resto de los servicios consulares. Solicita la restauración del Programa de Reunificación Familiar (Cuban Family Reunification Parole Program), suspendido por Trump desde 2017.

Incluye entre sus iniciativas, que se permita a las aerolíneas estadounidenses volar otra vez a las provincias cubanas. También plantea los envíos ilimitados de remesas a Cuba. O que se decrete la libertad de los estadounidenses de viajar a la isla. Además, que se incentive las relaciones financieras y comerciales entre ambos países, se estimule las inversiones económicas y los intercambios científicos y culturales entre ambos pueblos. Esa es la “culpa” de Carlos Lazo.

Por otra parte, de manera abierta y cínica, las líneas de mensajes predominantes en dicha estrategia contrarrevolucionaria es la desestabilización de la sociedad cubana compulsada desde Miami mediante el estímulo al caos, la protesta social y el ataque a las autoridades del gobierno.

Se apropian del manual del politólogo estadounidense Gene Sharp, teórico de las Revoluciones de colores (también conocidas como Golpes blandos), para subvertir el orden social y político de Cuba. Estamos ante terroristas mediáticos que bocetan un relato propicio para construir un escenario que “justifique”, una intervención militar en Cuba.

La más reciente “iniciativa” de estos cubanos asentados en Miami, es que el gobierno de Trump, imponga en nuestra nación un bloqueo total naval, que impida la entrada de cualquier producto o insumo. Esta idea aberrante, es traducida tradicionalmente por la geopolítica como una declaración de guerra.

Otro recurso de sus desesperadas acciones para derrocar la obra de la Revolución son los mensajes inducidos o afirmaciones carentes de sustento, sin el aporte de ningún elemento documental. Así finiquitan el tiempo de vida de nuestro modelo social y político: “agosto de este año”, “ante de fin de año”, plazos que se vencen unos tras otros.

El youtuber Guerrero cubano, virtuoso defensor de la Revolución, con acento popular y sabia hidalguía, desmonta, de lunes a sábado, los inmorales cimientos de estas garrapatas de potreros, empeñadas en servir a su amo, el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

III

La desconstrucción de los significados es esencial en esta batalla de valores y símbolos. No estamos frente a “disidentes u opositores” al socialismo cubano. Son mercenarios que actúan al servicio de una potencia extrajera.

Estos actos de subversión y desestabilización constituyen delitos reconocidos en el código penal cubano.

Dicha legislación estipula, en el Artículo 1: «tipificar y sancionar aquellos hechos dirigidos a apoyar, facilitar o colaborar con los objetivos de la Ley Helms-Burton’, el bloqueo y la guerra económica contra el pueblo cubano, encaminados a quebrantar el orden interno, desestabilizar el país y liquidar el Estado socialista y la independencia de Cuba». (4)

El artículo 11 establece: «el que, […] directamente o mediante tercero, reciba, distribuya o participe en la distribución de medios financieros, materiales o de otra índole, procedentes del Gobierno de los Estados Unidos de América, sus agencias, dependencias, representantes, funcionarios o de entidades privadas, incurre en sanción de privación de libertad de tres a ocho años».

Pero, ¿es exclusivo del sistema jurídico cubano este enfoque penal frente a nacionales que se prestan para desestabilizar y subvertir el orden constitucional de sus países? Les propongo dos hipotéticos escenarios.

En Estados Unidos, tras el asesinato del afro estadounidense George Floyd, el 25 mayo de 2020 por un agente policial de Minneapolis, se registraron en varios estados de la nación norteña multiplicadas revueltas sociales.

El racismo sistémico que persiste en esa sociedad, ha compulsado un escenario de duras confrontaciones entre manifestantes y funcionarios de la policía, la Guardia Nacional y otras instituciones represivas. Incluso, algunos politólogos como el prestigioso lingüista Noam Chomsky, pronosticaban el desate de una Guerra Civil. ¿Qué pasaría si un gobierno X utiliza a ciudadanos estadounidenses para catapultar este vaticinio?

En Estados Unidos, esos actos se sancionan fuertemente. Según el párrafo 951 del Código Penal, «cualquiera que no sea funcionario diplomático o consular o agregado, que actúe en Estados Unidos como agente de un gobierno extranjero sin notificación previa al ministro de Justicia […] es susceptible a este título de una sanción que puede llegar a diez años de prisión».

El párrafo 953, conocido como la Ley Logan, estipula que «todo ciudadano de Estados Unidos, sea quien sea, que, sin autorización de Estados Unidos, emprenda o mantenga, directa o indirectamente, una correspondencia o una relación con un gobierno extranjero o cualquier funcionario o agente de éste, con la intención de influir en las medidas o la conducta de un gobierno extranjero o de cualquier funcionario o agente de éste, respecto a un conflicto o una controversia con Estados Unidos» es susceptible de una sanción que puede llegar a tres años de cárcel.

Por otra parte, en el mes de octubre de 2018, se desató en Francia un movimiento de protestas sociales conocido como “Chalecos amarillos”. Fueron movilizaciones de ciudadanos que protestaron contra el alza del precio de los combustibles, la injusticia fiscal y la pérdida del poder adquisitivo.

Desde el inicio de las protestas y hasta el 10 de enero de 2019, más de 6.400 manifestantes han sido detenidos por la policía, víctimas de brutales arremetidas de los “antidisturbios” y 2.100 resultaron heridos, según datos del Ministerio del Interior. Entre ellos, hay 22 lesionados que han perdido un ojo, cinco que se han quedado sin una mano y 210 que sufrieron heridas en la cabeza.

En el supuesto de que un gobierno, otro, provea de recursos materiales y financieros a ciudadanos franceses para desestabilizar al estado que preside Emmanuel Macron, ¿qué legisla el código penal del país galo para este imaginado escenario?

Según el artículo 411-4, «El hecho de mantener relaciones de inteligencia con una potencia extranjera, una empresa, una organización extranjera o bajo control extranjero, o con sus agentes, con vistas a suscitar hostilidades o actos de agresión contra Francia, se castiga con treinta años de detención criminal y 450.000 euros de multa.

Se castiga con las mismas penas el hecho de proporcionar a una potencia extranjera, a una empresa o una organización extranjera o bajo control extranjero o a sus agentes los medios para emprender hostilidades o ejecutar actos de agresión contra Francia».

El código penal de otras tres naciones europeas, contemplan respuestas jurídicas ante el comportamiento de sus nacionales que se prestan al servicio de otro gobierno.

El Código Penal español de 1995 prevé sanciones severas para esos mismos delitos. Según el Artículo 592, «serán castigados con la pena de prisión de cuatro a ocho años los que, con el fin de perjudicar la autoridad del Estado o comprometer la dignidad o los intereses vitales de España, mantuvieran relaciones de inteligencia o relación de cualquier género con gobiernos extranjeros, con sus agentes o con grupos, organismos o asociaciones internacionales o extranjeras»

El Capítulo II de la legislación belga que trata de «los crímenes y los delitos contra la seguridad exterior del Estado» y más precisamente el Artículo 114, estipula que: «el que realice maniobras o mantenga relaciones de inteligencia con una potencia extranjera o con cualquier persona que actúe en el interés de una potencia extranjera, para llevar a dicha potencia a emprender la guerra contra Bélgica, o para procurarle los medios, será castigado con prisión de veinte a treinta años. Si las hostilidades ocurren será castigado a cadena perpetua».

Según el Artículo 243 del Código Penal italiano, «el que mantenga relaciones de inteligencia con el extranjero con el objetivo que un Estado extranjero declare la guerra o realice actos de hostilidad contra el Estado italiano, o cometa otros hechos con el mismo objetivo, será castigado con una reclusión no inferior a diez años. Si la guerra estalla, se aplicará la pena de muerte [1]; si las hostilidades se comprueban, se aplicará la cadena perpetua. [1] La pena de muerte se suprime y se sustituye por la cadena perpetua»

El 24 de febrero de 2019, se desarrolló en Cuba un Referendo Constitucional. Se presentó al pueblo un proyecto de Carta Magna (enriquecida, con respecto a la aprobada en el año 1976) que fue discutido en espacios públicos con total libertad para proponer suprimir, modificar o mejorar cualquiera de sus artículos. También aportar sugerencias de inclusión de otros artículos, no contemplados en el borrador llevado a consulta popular. (5)

En ese ejercicio de democracia ciudadana ejercieron el derecho al voto, para definir el futuro de este medular documento rector de toda nación, 7 millones 848 mil 343 electores para el 90,15 %. De igual cantidad de boletas depositadas en urnas, se declararon válidas 7 millones 522 mil 569, lo que representa el 95,85 %.

Votaron por el SÍ, 6 millones 816 mil 169 electores.

Sin embargo, el gobierno de los Estados Unidos omite los resultados contundentes de este plebiscito mientras acompaña a los ciberterroristas cubanos, radicados en Miami, quienes no esconden sus vínculos y complicidades con “disidentes” financiados por las agencias de la Casa Blanca, que ha declarado públicamente su pretensión de derrocar al sistema socialista cubano.

Este 16 de octubre, la publicación digital Cubadebate incluyó un artículo de Johana Tablada, Subdirectora general de la Dirección de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, que puntualiza las políticas de injerencia, agudizadas por la administración de Donald Trump.

“Uno de esos mecanismos es la distribución periódica de fondos para programas ilegales dirigidos a influir en sectores específicos de la población cubana. Por estos días se repartió una parte de la piñata de la USAID para los “proyectos” seleccionados contra Cuba. Son casi 4 millones de dólares en este paquete dirigidos a promover artificialmente una oposición y comprar apoyos para el derrocamiento del Gobierno cubano.

Y agrega la funcionaria del Minrex: “Para esos propósitos en 10 años se han malgastado más de 300 millones del contribuyente estadounidense. Es una política ilegal y fracasada que desvirtúa, distorsiona y obstaculiza diariamente los empeños de nuestro país”.

En el entorno de estos serviles cubanos dispuestos a cumplir las políticas agresivas de los gobiernos de los Estados Unidos, han aparecido, “discretamente”, los terroristas Orlando Gutiérrez Morona, Ramón Saúl Sánchez y Santiago Álvarez Fernández-Magriña, este último bien conocido en Cuba por sus estrechos vínculos con el criminal de guerra Luis Posada Carriles.

A Álvarez Fernández-Magriña se le conoce por organizar la puesta de explosivo C-4, de alto valor destructivo, en el mítico Cabaret Tropicana de La Habana ¿Cuántas muertes se hubieran producido si este perverso plan se hubiera materializado?

¿Pensarán estos mercenarios de temporada que destruirán a la Revolución cubana? ¿Pensarán? Roma paga a sus traidores, pero los desprecia.

Notas

(1)     https://actualidad.rt.com/programas/entrevista/167037-entrevista-alexander-abreu-musico-cubano

(2)     https://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=373702&SEO=estados-unidos-contra-la-cultura-cubana

(3)     https://www.cubainformacion.tv/emigracion/20201014/88270/88270-carlos-lazo-profesor-cubano-impulsor-en-eeuu-de-campana-contra-el-bloqueo-pide-a-biden-derogar-sanciones-a-cuba-y-recibe-amenazas

(4)     http://www.cubadebate.cu/opinion/2008/05/07/las-contradicciones-de-amnistia-internacional/

(5)     http://www.trabajadores.cu/20190301/resultados-finales-de-la-votacion-en-referendo-constitucional-del-24-de-febrero-de-2019

Octavio Fraga Guerra
Octavio Fraga Guerra
Periodista y articulista de cine, Especialista de la Cinemateca de Cuba. Colaborador de las publicaciones Cubarte y La Jiribilla. Editor del blog https://cinereverso.org/ Licenciado en Comunicación Audiovisual por el Instituto Superior de Arte de La Habana.

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