PERIODISMO CULTURAL

Otra pérdida para la cultura cubana

La cultura cubana volvió a lacerarse cuando, con profunda tristeza, la Asociación de Escritores de la Uneac, dio a conocer que en la tarde del 26 de agosto, a las 6:00 p.m., falleció el destacado poeta y narrador cubano Efraín Morciego Reyes, “una de las voces más sólidas de su generación, esa que nacida en 1950, en este 2020 celebra sus 70 años”.

Numerosos poetas y escritores de varias regiones cubanas han expresado sus condolencias por esta fatídica novedad, entre ellas el reconocido bardo y periodista Pedro Péglez González, fundador del prestigioso Grupo Ala Décima y dos veces acreedor del Premio Iberoamericano de Poesía, quien apuntó que “Efraín Morciego es un escritor con una larga y abundante obra literaria publicada en prosa y versos. Fue uno de los gestores de la llamada poesía de la tierra, todavía por estudiar convenientemente, y que tuvo sus inicios en los años 70 en el panorama literario del país”.

Por su parte, el igualmente laureado poeta, escritor y promotor cultural, Karel Leyva Ferrer, coordinador de varios proyectos culturales y especialista de la Editorial Colección Sur, expresó: “una dura noticia me llega hoy. Este 2020 nos arrancó a otro poeta de purísima estirpe y buen amigo”; mientras que el colega, y también cultivador de la lírica escrita, Lázaro David Navarro Pujol, de Camagüey, lamentó la partida de su colega, y destacó que Morciego “se desempeñó durante muchos años como asesor de literatura del Sectorial Provincial de Cultura en Camagüey. Escritor con una larga y abundante obra literaria publicada en prosa y versos”.

En Facebook son incontables los comentarios de los internautas que expresaron su pesar por esta noticia, muchos de ellos admiradores de la obra de Morciego, quien murió —prácticamente ciego— víctima de cirrosis hepática.

El prestigioso intelectual protagonizó una memorable lectura en el centro cultural Cubapoesía durante los días de la última Feria Internacional del Libro de la Habana. “Una lectura de poemas  donde  recitaba sus versos con aquella manera peculiar que tenía  desde sus tiempos de juventud, con la imaginación del pintor y el teatrista, y del artista performático”, añade la nota de la Uneac.

“Y así queremos recordarlo los amigos y rendirle homenaje. No con una nota necrológica, sino a través de sus versos. Algunos de los que nos regaló aquella tarde durante el encuentro de poetas cubanos y latinoamericanos en 25 y Hospital, en la barriada habanera de Cayo Hueso, invitado por el equipo de Cubapoesía, que de esta manera se adelantaba a celebrar entre amigos el cumpleaños 70 de este poeta camagüeyano”, añade el texto difundido por la organización de escritores y artistas.

“Cómo dijera alguien en alguna oportunidad —señala—, los  mejores versos de Efraín Morciego Reyes, como auténticos documentos de una específica aventura humana, sobreviven la corrosión del tiempo”.

Morciego es autor, entre otros, de los libros  El crimen de cortaderas, Poemas escritos en La Habana, Casi tragedia de Pedro y Melibea, Un escritor ofrece sus servicios, Data distante, El monte de las cien caballerías y Soledad privada, este último poemario publicado hace algún tiempo por la colección SurEditores del Festival Internacional de Poesía de la Habana y del Centro Cultural Cubapoesía.

Recibió varios lauros, como el Premio Extraordinario Aniversario 50 del triunfo de la Revolución, otorgado por la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) en el XII Concurso nacional de poesía Regino Pedroso, con un poema en versos libres titulado Cuito Cuanavale.

Dejamos a nuestros lectores con el disfrute de dos de sus más sobresalientes poemas de los últimos años:

Segunda fuga del cachorro

Nathalí Dariena Paz,

no copies a tu libreta

estos versos de un poeta

que no puede amarte más.

Cuando en tu mano te vas

lavando la tardecita,

de qué manera se irrita

mi alma por quedar sin ti

que “Crash” se convierte en mí

y algo en mí ladra y se agita.

Entonces salto ese muro

que delimita el portal

y salgo al aire triunfal

de la noche libre y puro.

Vuelvo emboscada a un oscuro

placer, garaje o solar;

y cuando me va a buscar

el poeta de estos versos

lanzo mordiscos dispersos

que lo quieren degollar.

Mis cuatro patas redondas

me aúllan en la mirada:

que es pequeña mi escapada

cuando hay distancias tan hondas.

Ladro al paisaje, a las frondas,

quiero atacar mucho y más;

y cuando de mí te vas

y a mi soledad me aferro

te ladro en versos de perro,

Nathalí Dariena Paz.

 

Soledad privada

Allí están las medias de Nathalie

flotando en el patio.

Cada vez que aparece una prenda suya

la lavo enseguida

(y que no vaya a ocurrirle nada).

 

Cada vez también que prendo un cigarro

y arrojo la colilla por la ventana

tengo el temor de herir a Nathalie

pues veo flotar sus medias

dislocadas —como ella misma—

por el patio.

 

A veces se me olvidan

y quedan solas, en el cordel,

las huellas de mi hijita

flotando al aire de la medianoche

igual que ideas de marineros

(o de emigrantes).

Mis hijos corren hacia mí

por el calmante de una pesadilla

vociferando, de tanto protegerla,

la palabra imposible: ¡PaEfra…!

 

He aquí, padres del mundo,

los calcetines de una criatura

flotando a la deriva y al desamparo.

 

Las ropas de mis hijos

se han empapado en el Estrecho de La Florida

y todo lo que cuelga en mi patio

son dos gorriones de soledad.

2005

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