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LA CÁMARA LÚCIDA

Jon E. Illescas contra la educación tóxica

Por Javier López Menacho

¿Por qué nuestros jóvenes reciben a diario cientos de estímulos que le conducen a una educación tóxica y nadie hace nada? ¿Quién o quiénes están interesados en que la cultura dominante sea clasista, machista, individualista y priorice el dinero y la fama por encima de todo? ¿Cómo hemos permitido que los ejemplos de la cultura popular sean cantantes que flirtean con el narcotráfico, perpetúan mensajes deleznables y actúan como embajadores del neoliberalismo? ¿Por qué no somos capaces de plantear alternativas?

A todas estas preguntas intenta responder Jon E. Illescas en su último ensayo, Educación Tóxica (El Viejo Topo), un libro denuncia con propósito de intervención social, cuya lectura del momento educativo y cultural actual bien merece la atención de lectores y docentes de todo el país.

Armado de datos y con un fuerte componente ético, el autor oriolano denuncia cómo, a través de la dictadura de las pantallas y el control de los medios de comunicación, la oligarquía dominante ha filtrado un discurso que anestesia el juicio crítico de nuestra juventud y pone en alza cuestionables modelos de éxito. Un discurso caracterizado por la inmediatez, la violencia y la estulticia. Esto desemboca en una juventud frecuentemente frustrada, que a menudo busca atajos que le conduzcan a la notoriedad y la riqueza. Especialmente hiriente, hacia la mitad del libro, Illescas nos habla del suicidio de una de sus alumnas y los escasos recursos que tienen el profesorado para detectar casos similares.

Figuras del mundo del espectáculo como Shakira, Lady Gaga o Maluma son productos nada casuales, que ejemplifican el éxito a la manera que les interesa a sus creadores. Por el camino dejaron su arte a merced de las normas del mercado. Se convirtieron en embajadores de marca de la ignorancia. Los tejemanejes de las élites económicas con las figuras de la cultura del videoclip, el narcotráfico, las grandes compañías tecnológicas y la clase política se analizan hasta dejar al descubierto la tesis del libro: Tenemos un serio problema educativo y no es sencillo crear un discurso antihegemónico que conduzca a nuestra juventud hacia una existencia más crítica, sana y libre.

Por suerte, Educación Tóxica no es solo denuncia, tiene una clara intención transformadora. El autor no solo propone una serie de medidas sociopolíticas y legislativas para combatir esta deriva educacional e intelectual (algunas difíciles de imaginar en este mundo contemporáneo), también se dirige a docentes, padres, madres y a jóvenes para decirles que otro mundo es posible. Consta, además, de un listado de canciones transformadoras, cuya huella musical es mucho más profunda que «Despacito», de Luis Fonsi.

Escrito con cercanía, dosis de ironía y gran sentido del ritmo, Educación Tóxica es un ensayo de gran valor pedagógico, cuya contundencia no está reñida con su pertinencia. Si tienen la oportunidad, léanlo.

Tomado de Cinereverso. Publicado por  lareplica.es

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