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La parábola del lobo

Una de las primeras mentiras divulgadas ad infinitum, establece que la primera pareja sobre la Tierra fue expulsada del paraíso por comer un fruto del árbol prohibido. Sin explicar por qué estaba ahí si era pecado hacer uso de él, y sin demasiados argumentos sobre la validez de un castigo algo desproporcionado para la falta, quedó dispuesta la anécdota a ser consumida durante los siglos siguientes por quienes llegaron desarmados ante algo tan perturbador, nunca desmentido, por cierto, o tomado con pinzas so riesgo de acusaciones tan implacables como la reseñada en el pasaje bíblico.

La praxis divulgativa más simple establece que se contraviene por omisión o por exceso. Lo primero se usa bastante: lo no publicado no existe –se razona. Pero es difícil aplicarlo cuando cualquiera, sin ser profesional, puede propagar un texto, fotos o sonido y tener, por lo bajo, miles de receptores.

Sin embargo, los medios de difusión tradicionales, cada vez más al servicio de gobiernos o corporaciones, saben y hasta abusan de no hablar sobre algo, hacerlo poco o convertirlo en innocuo. También vale edulcorar en unos casos, quizás darle apariencia critica a lo trasmitido, cuando se proponen impulsar una idea, producto o tendencia, por descabelladas o carentes de fundamento que sean. Nada demasiado singular cuando predomina la no presentación de pruebas y el uso de cargos para imponer una muy personal “verdad” (quien lea aquí Donald Trump, no recibirá castigo alguno, conste).

Hace poco ví un artículo en el diario catalán La Vanguardia, titulado Chineando. Su autor, deseoso de referirse a las bondades del comercio con el girante asiático, admitió que “vendía” mejor (o lograba espacios) si se emprendía el trabajo propagandístico por medio de desfiguraciones, incluso parciales.

Se trata de estratagemas menos reprensibles, activadas de forma abusiva y muy de actualidad, como la emitida por una comisión oficial (Agencia Nacional de Inteligencia) sobre las protestas en Chile, atribuyéndole culpas a Venezuela, Cuba y Rusia de unos  acontecimientos todavía inconclusos casi dos meses después de iniciados.

No son tan originales. Antes que ellos lo hizo el gobierno ecuatoriano este mismo año y por razones obvias se incluye a figuras del kichnerismo entre quienes “alborotan” a través de las redes sociales, soliviantando a un pueblo que, según ellos, carece de motivos para rebelarse. Como dijo Sebastián Piñera en una de sus memorables frases de esta etapa, cuando en una entrevista, calificó de hartura del bienestar, uno de los móviles de las protestas y a sus ciudadanos de enemigo peligroso.

El vehículo para darle sostén a la calumnia, fueron  “pruebas”, basadas en análisis de la Big data. Según la describe el sitio PowerData,  ese es un recurso digital que emplea “conjuntos de datos o combinaciones de conjuntos de datos cuyo tamaño (volumen), complejidad (variabilidad) y velocidad de crecimiento (velocidad) dificultan su captura, gestión, procesamiento o análisis mediante tecnologías y herramientas convencionales, tales como bases de datos relacionales y estadísticas convencionales o paquetes de visualización”.

Altos funcionarios  del gobierno chileno aseguran que se trata de una técnica muy sofisticada mediante la cual lograron saber que Venezuela, Cuba y Rusia tuvieron una participación movilizativa en las protestas, como si los malestares sociales carecieran de base propia y fueran, son, inocultables.

Pero como todo posee su contracara y ninguna mejor que exámenes realistas del caso, aparece por un lado el dictamen de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, desde donde, tras investigaciones de campo, se exigieron medidas de reparación ante el uso excesivo de la fuerza por los carabineros.

El Instituto Nacional de Derechos Humanos de Chile también hizo sus denuncias y presentó 588 querellas contra esa fuerza pública, por cometer delitos de tortura ampliamente. “Son las más graves violaciones a los derechos humanos desde el retorno a la democracia en 1989”, consideró Sergio Micco, titular de esa organización que visitó 1.163 centros de salud donde fueron atendidas las víctimas y 56 comisarías hacia donde fueron trasladados los detenidos.

Esas verdades no reciben tanta acogida mediática como las favorecidas por la institución oficial chilena según la cual, si fuere cierta, hace innecesaria la reforma constitucional ya aprobada en el congreso y dispuesta por el mismo gobierno para el primer trimestre del 2020.

El esquema se viene usando par achacarle a Moscú la intervención en varios procesos electorales y otras decisiones masivas que solo atañen a los ciudadanos concernidos. Esa otra punta del asunto tiene, Snowden mediante, interesantes colas. Les propongo compartir sobre ellas dentro de poco.

One thought on “La parábola del lobo

  1. Muy buen analisis de la situacion actual ,especialmente en América Latina. Una formidable adquisicion de Cubaperiodista contar con el trabajo de la analista en temas internacionales Elsa Claro.

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