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Avizorar el futuro… y buscarlo

Un reciente trabajo publicado en Cubadebate con el título “Cuba en Datos: Migraciones, ¿hacia dónde nos movemos?” de los autores Oscar Figueredo Reinaldo, Lisset Izquierdo Ferrer y Edilberto Carmona Tamayo motivó el deseo de compartir las líneas que siguen.

Las estadísticas sobre fenómenos sociales tienen entre sus finalidades prácticas no solo la de formar parte de los diagnósticos sino también la de contribuir a perfilar posibles tendencias que aporten a la definición de escenarios futuros. Tienen así un vínculo directo con la elaboración y ulterior modificación de las mejores políticas y una vez que estas se adoptan aportar a los argumentos que permitirán explicarlas y sumar a su realización la participación activa y consciente de la sociedad.

Las estadísticas no lo revelan todo, pero nos ayudan a sincerar nuestras representaciones de los fenómenos sociales. Sus cifras evidencian procesos reales que deben explicarse y que existen independientemente de las representaciones, análisis y criterios individuales o grupales.

La elaboración científica de las políticas es el mejor antídoto contra la improvisación, la superficialidad y el voluntarismo, y es imprescindible y consustancial a la construcción social de orientación socialista.

La construcción del socialismo es teoría y práctica simultáneamente y su eslabón mediador es la constante experimentación. Dado que cualquier estado futuro de la sociedad no deja de ser una sucesión de coyunturas, a estas se les puede encontrar respuestas en cada caso, pero solo si se tiene una perspectiva pensada y sistemáticamente repensada y adaptada se podrán atravesar forjando el rumbo en la dirección deseada. Para eso sirve la construcción de escenarios.

Uno de los ámbitos en los que las estadísticas hacen una función estratégica es el relativo a los procesos demográficos. ¿Qué nos revela lo que nos ofrece la Oficina Nacional de Estadísticas y que los autores del título de marras relevan con toda razón?

Entre los “importantes desafíos sociodemográficos”, que son en realidad desafíos políticos, los datos informan sobre una baja fecundidad y un creciente envejecimiento poblacional, un saldo migratorio externo sostenidamente negativo, una tendencia  acentuada a la disminución del crecimiento poblacional, la mayor proporción de personas con nivel educacional más alto entre los que migran en comparación con quienes no lo hacen.

Junto con ello, una acertada política contenida en la relativamente reciente reforma migratoria devino en el afianzamiento de una tendencia a la circularidad y a la temporalidad de la migración que según confirma el estudio está motivada fundamentalmente por razones económicas y familiares.

Sin embargo, solo cuando ese diagnóstico y la revelación de sus principales tendencias se enmarcan en una proyección de escenarios que permita valorar espacial y temporalmente las múltiples conexiones con muchos otros procesos evidenciando su real complejidad, se estará en capacidad de elaborar políticas a largo plazo que articulen eficazmente con todos los procesos en el país, ya que todos están vinculados de un modo u otro con la población, con los procesos sociodemográficos.

Se trata, en esencia, de  lograr cultivar otras tendencias que resuelvan los dilemas que las reveladas plantean. Con esa visión estratégica, las políticas podrán adaptarse a las coyunturas. Y todo indica que si no se actúa con celeridad esas tendencias continuarán profundizándose haciendo más crítica la situación.

Son diversos los asuntos que en nuestra sociedad requieren ante todo de una visión más profunda de lo que está ocurriendo. Si, por ejemplo, se conocieran las estadísticas de la cantidad de ciudadanos que arriesgan su dinero en las “bolitas” locales, se tendría mayor claridad para adoptar las políticas más racionales y eficaces en relación con esa actividad ilegal, pero a todas luces aceptada o tolerada socialmente.

Si hay denuncias de esas actividades ilegales no hay información pública sobre ellas, pero la simple observación de la cotidianidad valida la hipótesis de su naturalización, quizá entre otras causas por el hecho de que no deja de constituir un fenómeno esperanzador que compensa aunque solo sea psicológicamente vicisitudes cotidianas de las personas que la practican. El criterio de generalidad del fenómeno sale de la imagen que se repite en la cotidianidad, pero en rigor ¿Son muchos? ¿Son pocos? ¿Cuáles son sus características sociodemográficas?

Un conjunto de criterios pueden adelantarse acerca del porqué las personas puestan su dinero: estrechez económica, avaricia, enviciamiento, etc. Pero solo con estadísticas rigurosas y una investigación más profunda se podría evidenciar el conjunto de causas de esta conducta, hoy no poco extendida en la sociedad y como resultado de la cual hay personas que se aprovechan de ello.

La necesidad de conocer esas estadísticas para decidir medidas inteligentes para enfrontar la realidad es importante no solo para contrarrestar y eliminar una práctica ilegal, sino también para superar las deformaciones en las representaciones de las personas que terminan agradeciendo la posibilidad de ganar algo al mismo “banquero” local que se está aprovechando de su comportamiento riesgoso para su beneficio particular. Sin embargo, si esas medidas no tienen la capacidad de llenar los espacios que hoy ocupan quienes se aprovechan de las circunstancias, solo puede esperarse la reproducción de tales prácticas.

Cuando se ven claramente tendencias sociales que obstaculizan o van en dirección opuesta a los propósitos de construir una sociedad socialista, próspera y sostenible y que no harán otra cosa en lo adelante que naturalizarse, las nuevas políticas que debemos adoptar no pueden esperar.

Dario Machado.
Licenciado en Ciencias Políticas y Doctor en Ciencias Filosóficas. Preside la Cátedra de Periodismo de Investigación y es vicepresidente de la cátedra de Comunicación y Sociedad del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.

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