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“No hay nada más cercano al médico, al maestro, que el periodismo”

Tenemos que contribuir fuertemente en la concepción conceptual del modelo de prensa del socialismo, que no está escrito, hay apuntes, atisbos, tesis, pero no está de modo alguno resuelto.” (Foto: Ariel Fernández Santos / Cubahora)

Bajo el título Antonio Moltó: la señal del presidente, la revista digital Cubahora, del Centro de Información para la Prensa (CIPRE), publicó en julio de 2013 una excelente entrevista exclusiva realizada por la colega María del Carmen Ramón a Antonio Moltó, quien por aquellas fechas fuera elegido como Presidente de la Upec, en el 9no congreso de la organización. Detalles de la vida profesional, los desafíos de la organización y del periodismo cubano, que ahora retomamos como homenaje póstumo a nuestro querido compañero.

Antonio Moltó: la señal del presidente

El nuevo presidente de la Unión de Periodistas de Cuba es un ser humano increíble y un periodista crítico y propositivo. De joven soñaba con andar entre nubes piloteando aviones como el escritor francés Antoine de Saint Exupery; pero dedicó su vida a creer en las ideas que tanto repetía el Principito, y por eso hoy es amante de eso “esencial que es invisible a los ojos”.

Cree, como Martí, en la utilidad de la virtud, y por eso repite a cada rato que se divierte trabajando y que como periodista se siente un pelotero del equipo Cuba, con la misión de representar a todo un país.

“No hay nada más cercano al médico, al maestro, que el periodismo, porque lo que tú haces no lo haces para ti. Tú cuentas las historias de otros y sientes pasión o dolor por eso. Es enorme la dicha que supone salir al encuentro de los demás, escuchar su aliento y su desaliento, su esperanza y frustración y acompañarlo con tu discurso, para esperanzarlo, no para que se hunda en su propia tragedia”.

Padre cinco veces y abuelo de una nieta que le roba el sueño, Antonio Moltó Martorell se define como un hombre muy fantasioso, al que siempre le ha acompañado la imaginación. No existe emisora, telecentro, periódico, ni corresponsalía de televisión del país en la que no haya compartido un rato con sus periodistas. “Me interesa mucho estar donde pueda ser útil, donde pueda favorecer un cambio”, confiesa casi al inicio del diálogo.

Premio Nacional de Periodismo José Martí, Moltó ha tenido una larga carrera en emisoras como CMKC y Radio Rebelde. Muchos lo conocen de cerca por su labor como director del programa radial “Haciendo radio”, como fundador y periodista del espacio de periodismo de opinión “Hablando claro” o como el, hasta hace poco, director del Instituto Internacional de Periodismo “José Martí”.

En el IX Congreso de la UPEC fue nombrado presidente de esa organización. Muchos son los desafíos que tienen por delante periodistas, directivos, y las diversas instancias de la sociedad, en aras de dar cumplimiento a los acuerdos emanados de ese cónclave. Para Moltó el desafío es enorme: “La escuela está en que los medios, sabiendo lo que tienen que hacer, no esperen otra señal, porque ya la señal está”.

Cubahora conversó con este profesional sobre el periodismo cubano, las formas de perfeccionarlo, los problemas que deberán resolverse en el sector más allá de la necesidad de una ley de comunicación y los retos después del Congreso.

¿De piloto de aviones a periodista?

La historia de ser piloto pertenece a los primeros años de la Revolución. Yo pertenecía a la Asociación de Jóvenes Rebeldes, era un miliciano recién estrenado. Fidel va a Santiago de Cuba y reúne a todos los milicianos de la provincia en la pista del aeropuerto. Allí, encaramado sobre una tarima, Fidel nos habló a todos y nos explicó lo que se avecinaba, que la Revolución tenía que defenderse porque podría ser atacada constantemente. El llamado del Comandante en Jefe era a una fuerza armada que conociera y dominara las nuevas tecnologías, con visión de futuro, a obreros y campesinos. Aquello era como la realización de todos los sueños de una juventud que no sumaba muchas afeitadas. Yo elegí ser piloto, quizás porque me pasaba la vida con un avioncito de cartón y soñando con montarme dentro de él y volar. Siempre me sentí mirándolo todo, pero desde la altura del vuelo y de la imaginación. Me seleccionaron y fui a La Habana para ir a una beca en China o Checoslovaquia; pero, lamentablemente, mi padre falleció en un accidente. Era el único varón, no quise dejar a mi mamá sola y me quedé en Santiago.

Allí me enrolé en lo que fue mi primera noción de contacto con la diversidad de todos los públicos: la constitución de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR). Fue un momento hermoso, las personas salíamos a las calles a cantar nuestro himno sintiéndonos plenos y realizados con la libertad conquistada, el fin de un régimen oprobioso, sanguinario, y el comienzo de una nueva vida.

De pronto me vi tan involucrado que me convertí en el coordinador fundador de los CDR en el territorio. Esa para mí fue la escuela que nunca me ha hecho olvidar la misión del periodismo. Allí supe que el corazón de la noticia late en el pueblo, en sus historias. La historia no la hacen las instituciones, las instituciones nacen para servir y hacer hermosas esas historias, las instituciones son como los locales para una fiesta, y la fiesta la pone el pueblo. Uno se asombra mucho en estos tiempos, al ver que hay funcionarios en las instituciones que creen que tienen a Dios cogido por la barba.

Trabajé en los CDR hasta que, por una necesidad de cuadros en la radio de Oriente, el Partido me pidió que me incorporara a trabajar en la radio. No sabía nada de Periodismo y me nombraron director del noticiero. Empecé en CMKC, llamada después Radio Revolución, allí sentía que estaba sobre aquel avión, pero con motores muy potentes, porque la radio es fabulosa. A veces creo que Internet se inspiró en ella para esa posibilidad tan maravillosa que permite estar en cualquier parte del mundo.

Es el actual presidente de la Unión de Periodistas de Cuba ¿qué principales desafíos tiene por delante? ¿Cómo sueña a la UPEC y al periodismo cubano?

Juro que nunca había ni imaginado que sería elegido presidente de la UPEC; pero eso no quiere decir que yo no tenga que asumir la enorme responsabilidad de esta tarea con el aliciente de que hay mucha gente dispuesta a colaborar. La prueba más fehaciente fue este congreso, por la profundidad del pensamiento de muchos compañeros, por su honestidad, por su valor. Ha sido como una reunión de la familia, para ver problemas graves que hay, pero resueltos sin encomio, sin molestar al otro y ha sido un diálogo muy bien llevado. La dirección del país ha sido muy clara, ha tenido una posición muy objetiva, nunca nos ha esperanzado con argumentos falsos, pero estamos llenos de esperanza, yo me siento lleno de sueños, como todos los días. Cuando me levanto y voy a poner los pies ya yo tengo una idea en la cabeza. Mis mejores momentos de creación fueron durante el Período Especial, cuando yo me montaba en una guagua en La Habana y no iba en una guagua, iba con mi imaginario en la cabeza, pensando cómo iba a ser mi día.

Imagino a la UPEC como una entidad fiel a sus principios fundacionales, una organización que promueve la unidad, la cohesión, que respeta la diversidad, estimula el desarrollo de la creación profesional, que no descuida los problemas esenciales de la espiritualidad humana: el descanso, el receso, el premio, el reconocimiento, el regaño, pero el regaño amable, no el que deja una marca en el pecho. Una UPEC que no pierda nunca el sentido de la realidad del país en el que vivimos, una UPEC que piense a Cuba, que se proyecte desde el periodismo para apoyar la búsqueda de las aspiraciones que tenemos los cubanos.

Hay grandes peligros que se avecinan en una sociedad como la nuestra, donde todavía existen en nuestro ADN aspectos relacionados con el consumismo, la vanidad, la envidia, el camino fácil. Es un antagonismo fuerte entre ese antivalor y el valor, y a veces cuando uno deja solo el antivalor, y no usa el amplificador necesario para apelar al valor, este puede ser más fuerte que el otro. Creo que no podemos ser ajenos a ese problema. Nosotros tenemos que ser como el médico más preocupado por la salud de nuestro pueblo, por la salud de la comunicación desde su visión más amplia.

Tenemos que contribuir fuertemente en la concepción conceptual del modelo de prensa del socialismo, que no está escrito, hay apuntes, atisbos, tesis, pero no está de modo alguno resuelto. No lo estuvo para los países de Europa, como tampoco para nosotros. Estamos hablando de un modelo que tenga en cuenta la vertiginosidad de las nuevas tecnologías en el ámbito de la comunicación, las necesidades de comunicación de los seres humanos, la incidencia que tienen los problemas materiales sobre la vida cotidiana del sujeto.

Estos son asuntos de toda nuestra sociedad, de nuestro sistema de gobierno, del de participación pública y ciudadana para el control de los órganos de gobierno, del Partido, de la prensa. Nuestra organización no puede ser una concha, no puede ser un espacio blindado que se aísle de esa realidad del país, no se puede contagiar con las corrientes de agotamiento que muestran determinados sectores. La UPEC tiene que ser el espacio permanente de los foros, de los diálogos, del intercambio, de abrirle espacio al talento sin prejuicio, que si hay un muchacho joven que llega a un espacio de redacción y está aportando la idea de cómo revertir un proceso negativo sea reconocido y se le dé una responsabilidad.

Estamos hablando de una relación armoniosa, dialéctica, pero confrontativa, sobre los problemas que tiene el periodismo y la comunicación. Creo que la prensa, los periodistas y su UPEC, tienen que estar bebiendo constantemente de esa realidad, observándola, sometiéndola a estudio, pasándola por el tamiz del enfoque científico de los asuntos. Cualquier entendido que tenga una responsabilidad estatal dentro del país y lea o haya visto las palabras de Rosa Miriam Elizalde, o las 7 tesis sobre el periodismo de Raúl Garcés, debe decir: desde mañana mi destino será otro.

Ahora, hasta el 2014, hay 864 muchachos matriculados en las siete escuelas de periodismo en el país. Esta es una inyección para el sector de la prensa. Yo nunca me imaginé que eso algún día pudiera pasar y que esos jóvenes encuentren espacio donde se realicen profesionalmente. Problemas aparte de la falta de profesionalidad en la prensa, algunos directivos que no son competentes, no se puede decir que el periodismo cubano es malo porque los periodistas no tienen cultura y no tienen preparación, nunca hemos tenido tan alto índice de doctores en el sector, ni de profesores que están haciendo labores de tutores, o de instructores en lugares donde pasan la práctica laboral.

Hay en el sector una situación material muy difícil, y en medio de tantas dificultades, los medios no se apagan, ni transmiten a la población desesperanza, desánimo, tampoco dicen mentira. Nosotros hemos tenido que enfrentar burradas y tonterías, y será un proceso largo entender la comunicación como un bien público, entender la democracia horizontal, no solo vertical, donde la diversidad tenga espacio y sea respetada, donde la diversidad equivocada se contribuya a dar argumentos y justificación, pero que no se sepulte.

En su ponencia presentada al Congreso de la UPEC, el periodista Raúl Garcés se refería a uno de los temas que más se debaten al interior de la prensa: la necesidad de una ley de comunicación; pero alertaba que esta de por sí, no resolvería todos los problemas de la prensa, ¿qué puede hacer la prensa y los periodistas para luchar contra problemas como, por ejemplo, el secretismo? ¿Cómo garantizar la utilidad de una ley de Comunicación?

La prensa debe hacer periodismo, cumplir con el ABC de la comunicación, y a eso tienen que contribuir varios actores sociales. La prensa tiene que ser obstinada en eso, el único modo de comunicar es diciendo las cosas.

El primer llamado es a los periodistas, quienes deben resolver problemas que no tienen que ver con las fuentes ni con otros factores, sino con el diseño, los lenguajes, que se quedaron en un nivel de obsolescencia, ¿cuál va a ser el discurso de nuestra prensa? ¿el discurso culto, el hondo, pero al mismo tiempo recreado?

Todo eso hay que definirlo, y esta labor de la construcción de la comunicación no está solo en manos de los periodistas, tiene que haber una construcción acelerada y esos procesos se aceleran mediante el rigor y la exigencia.

Soy de los que creen en la superación como un agente del cambio, pero no creo que el periodismo cubano se vaya a resolver capacitando o superando a las personas, eso es una parte del problema.

También pienso que la Ley de comunicación no resolverá todos los problemas. En estos momentos tenemos vigentes directivas del Buró Político, así como facultades que nos otorga la Constitución. Entonces, habría que preguntarse ¿por qué tenemos todas estas dificultades? Es un asunto profundamente cultural y solamente desde la cultura, desalojando ese espacio de ignorancia que no entiende el papel ni el nivel de la comunicación, de prepotencia y de una visión extraviada sobre el poder, se podrá resolver.

La escuela está en que los medios, sabiendo lo que tienen que hacer, no esperen otra señal, porque ya la señal está.

Conozco medios de prensa donde apenas tienen recursos y logran mayor participación en las redes sociales, por ejemplo, que los medios nacionales. Más allá de los necesarios recursos, eso tiene que estar acompañado de un esfuerzo permanente, para que no haya un divorcio entre la agenda pública y los espacios de comunicación.

En el caso de nuestro país, una ley de comunicación y no una ley de prensa, resulta mucho más colocada en la dimensión que hay que cubrir y alcanzar. Nosotros estamos contando las historias sobre actores sociales que son los que determinan la existencia de la nación y la materialización del proyecto político nacional. Este congreso confirmó que nosotros tenemos la voluntad, la fuerza de calificación para entenderlo y abórdalo con un sentido de responsabilidad; pero la prensa sola no puede.

Se necesita hoy una prensa que aconseje, ayude, eduque y que nos endulce la vida también, pero también un sistema que complemente todo esto. No haces nada con un buen noticiero a las 8 de la noche y que detrás venga una novela que no tenga nada que ver con tu realidad. El problema nos está remitiendo hacia lo cultural, hacia las entidades del servicio público de comunicación, a que la revisión pase por todo.

Todavía hay muchas deficiencias que resolver, porque muchas de nuestras rutinas productivas no tienen en cuenta el impacto de las redes sociales y se prioriza sobre todo en el caso del periódico, la versión impresa, por encima del digital, que trabaja en tiempo real. De lo que se trata ahora es de cubrir los vacíos de ignorancia y desconocimiento que, respecto al sistema de instituciones nacionales, se proyectan hacia la prensa y la sociedad.

Ningún funcionario es dueño de ninguna institución, por lo tanto, tú no eres dueño de ninguna noticia. Por tanto, el secreto no existe, eso está dicho en resoluciones del Buró Político que no se cumplen. ¿Se van a cumplir mañana? ¿Después? Es un proceso, y en ese proceso nosotros tenemos que tener la voluntad de hacer periodismo.

Usted es amante del periodismo al que llaman “incómodo”, que ha ejercitado en espacios como Hablando claro. ¿Qué importancia le concede a estos espacios dentro del periodismo al que se aspira llegar?

La prensa debe ser espacio de meditación, pero también el espacio para encantar, el lugar donde tú un día veas por televisión el vendedor de fritas de la esquina porque lo entrevistaste, y que no sea un aluvión de entrevistas a artistas que vienen a contar cómo les fue en su viaje. Me gustaría ver más gente del pueblo opinando. Yo defiendo mucho el espacio de la crítica pero todo a su medida. Si Radio Rebelde no tiene su novela, y si mantienes ese discurso de la opinión crítica toda la noche, el oyente se obstina, porque hay otras necesidades. Ahora, cuando falta el análisis crítico de la realidad, uno cada vez se aleja más de la vida y pierde el sentido de la utilidad.

A nosotros no nos puede temblar la mano para enjuiciar un problema que le está haciendo daño a la nación, porque cuando se oculta algo, se prolonga el plazo para su solución. Hace falta equilibrio para reconocer, por ejemplo, cuando una brigada constructora terminó una obra en tiempo, y para castigarlo cuando robó materiales. A ese rigor se tiene que sumar la prensa como la voz del pueblo y del Partido.

 

Fuente: Cubahora

 

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Redacción Cubaperiodistas
Sitio de la Unión de Periodistas de Cuba

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