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Río Arriba

Todos somos solo una partícula agradecida de tus cenizas volcánicas (Foto: Joaquín Hernández Mena)

Se acordonó las botas un tanto gastadas por décadas de marchas por calles y avenidas, caminos enlodados, inundaciones, montañas, trincheras, sembradíos… Después, se ajustó el fajín de la chaqueta, que lucía en cada charretera la estrellita de Comandante guerrillero sobre un rombo rojo y negro. Atestó luego la mochila con sus libros preferidos, algunos sobre cosmología, productividad de los pastos y otros de obras de literatura histórica. Miró las manecillas del reloj. La salva de las 07:00 horas estaba al retumbar. Había que partir. Respondió el saludo militar de sus compañeros de armas, estrechó las manos de otros, abrazó a su familia, puso un brazo sobre los hombros de Raúl y le susurró algo. Ya casi salía cuando detuvo sus zancadas. Le faltaba algo, de pronto corrió de vueltas y regresó con su fusil de mira telescópica. Salió entonces feliz al sol de la mañana hecho átomos de polvo, a entregarse de nuevo a un río de muchedumbres no defraudadas, que abría sus aguas hacia el poniente, hacia los picos de la Sierra, hacia Martí, y que gritaba a su paso: “Somos usted”.

“Todos somos solo una partícula agradecida de tus cenizas volcánicas”, agregaba yo con llanto adentro, mientras pasaba el armón por la Plaza.

Tubal Páez Hernández
Periodista cubano. Presidente de Honor de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC).

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