La vida diluvia de preocupaciones y tristezas. Con semejante chaparrón estamos ahora, calados hasta los huesos por las miserias de los hombres. Por la peligrosa desfachatez de Donald Trump, que no hace más que convocar los viejos fantasmas de la guerra y del odio; por las mafias políticas que se ven y las que se intuyen en el Departamento de Estado; por el horror de las sanciones que dejan sin corriente, sin alimentos y sin medicinas a millones en Cuba.
Hay en el mundo pesadillas que me cuesta nombrar. Como Gaza, donde vuelve a crepitar el infierno humano, con al menos 21 mil 700 niños y niñas muertos desde el 7 de octubre de 2023 hasta junio de 2026, según la última estadística del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef). O Minab, en Irán, donde un bombardeo estadunidense contra una escuela mató a 120 estudiantes, la mayoría de primer grado, y a una mujer embarazada.
Pienso en los niños cubanos y en algunos de mis amigos que también están muriendo silenciosamente porque se interrumpen tratamientos, en una crisis sanitaria agravada este año a niveles sin precedente por el bloqueo de Estados Unidos. Y hay más.
No todas las muertes llegan con el estruendo de una bomba, realidad que en conjunto es aún más siniestra, porque sabemos que podría ser perfectamente evitable.
Pero en ningún momento de la historia, ni en el más catastrófico y oscuro, ha dejado de palpitar el afán de lo hermoso, cosa que recordé ayer viendo en YouTube el magnífico concierto de Silvio Rodríguez en el Movistar Arena de Madrid, reconstruido desde la distancia a partir de los pedazos de video que han ido colgando en esa plataforma los espectadores.
Ellos han conseguido transmitir algo tan frágil como un dibujo en el aire de la flauta de Niurka González, una voz que a sus casi 80 años se escucha como en sus 20 y las 12 mil almas cantando “Ojalá pase algo que te borre de pronto / una luz cegadora, / un disparo de nieve” en fugitivos instantes de hermosura.
Es esa belleza aparentemente inútil la que nos recuerda que los humanos podemos ser decentes y buenos, que sobrevive el sueño de que todos podríamos vivir con dignidad. Y quizás porque lo sabemos, nos duele más la soberbia del poder.
Simone Weil decía que una de las necesidades vitales de los trabajadores es la belleza, porque sin ella no hay justicia social, y que no se trata de una mera preferencia de gusto ni de un adorno superficial, sino de la armonía entre la necesidad ciega del universo y la ley del bien. O como recordaba en un ensayo memorable el poeta y filósofo cubano Cintio Vitier, admirador de Simone: “Sólo en la acción podemos vivir la belleza; podemos, en cierto modo, ser la belleza”.
Lo que nos ha recordado Silvio con esta gira es que mientras llueve sobre nosotros la fealdad de la vida, lo maravilloso también existe y hasta podría prolongarse. Él continuará su tanda de conciertos en México, en abril de 2027. Cantará en Monterrey, Guadalajara, Puebla y en el Auditorio Nacional de la capital, donde seguramente incluirá, como ha hecho en sus presentaciones de este año en América Latina y España, el poema “Halt!”, de Wichy Nogueras. El “mejor poeta de mi generación”, como lo suele presentar el trovador cubano, visitó Auschwitz cuando circulaba la noticia sobre los bombardeos israelíes contra campamentos de refugiados palestinos en el sur del Líbano, a principios de los años 70 del siglo pasado. De ahí salieron estos versos terriblemente actuales: “Pienso en ustedes / y no acierto a comprender / cómo / olvidaron tan pronto/ el vaho del infierno”.
Todo eso está en esos videos temblorosos de YouTube, pero el más conmovedor es aquel en el que aparece Silvio cantando de pie, escoltado sólo por su mujer en la flauta y su hija Malva al piano, con un Movistar Arena en vilo y la canción de Luis Eduardo Aute sonando a todo dar en la voz del cubano: “Reivindico el espejismo / de intentar ser uno mismo, / ese viaje hacia la nada / que consiste en la certeza / de encontrar en tu mirada / la belleza”.
Era de esperar que la sala se levantara en pleno cuando llegó el verso de Aute “¡Viva la revolución!”, para reafirmar que lo hermoso aparece, aun en las circunstancias más degradantes y turbias, porque la humanidad también ha sido capaz de hacer de la belleza un acto heroico.
(Tomado de La Jornada)

