fbpx
LA CRÓNICA

Amor por Cuba

Trasponiendo el portón de la entrada el bullicio de los transeúntes y los pitazos de los automóviles quedan desterrados a un mundo exterior lejano y vago. La calle ha quedado atrás y el amplio corredor nos introduce a lo íntimo de la casa de la familia Vanegas, que atesora su amor por Cuba con la pasión ancestral de una caricia que permanece por más de cien años.

Arsacio Vanegas fue el hombre amigo que colaboró en el entrenamiento físico de los jóvenes cubanos revolucionarios que llegaron a México en 1955, con la esperanza de preparar una expedición para viajar a Cuba y hacer la Revolución verdadera. En la casa, todos participaron y apoyaron a los muchachos. Desgranando recuerdos y buscando el origen de esa identidad con la causa de Cuba, conocemos de la tradición familiar. Los Vanegas desde siempre fueron impresores, realizaron con ahínco y conciencia histórica su oficio desde mediados del siglo XIX y en ese ejercicio sintieron de cerca y defendieron desde sus hojas sueltas, las luchas de los cubanos en la guerra de liberación de 1895. Sus héroes, entre ellos Antonio Maceo, fueron imagen de portada en las publicaciones de los Vanegas, las mismas en que hizo sus primeros trabajos el afamado artista Guadalupe Posada que trazó perfiles tan auténticos y reconocidos hoy como La Catrina, en el México de entonces.

Arsacio Vanegas fue siempre fiel y lo siguen siendo sus hermanas, y sobrinos.

Se adentra el visitante en la sala, y percibe la sensación de que aquí palpita una parte entrañable y especial de la historia de Cuba. El corrido de Fidel —unas estrofas combativas y solidarias escritas por Vanegas tras el triunfo revolucionario de enero de 1959— se escucha melodiosamente mientras conversamos de otros tiempos, de aquellos en que ese mismo sitio era visitado por Juan Manuel, Ñico, Raúl, Ramiro, Julito, y tantos otros. Unas lágrimas ruedan por una mejilla anciana, al mencionar a algunos de los que cayeron en combate en los comienzos de la guerra en la Sierra y es como si de pronto se vivieran las angustias e incertidumbres de unos días que ahora parecen remotos. De entonces, la familia conserva como reliquias una camisa de Fidel y una mochila de Che Guevara.

Al fondo de la casa está la imprenta donde se imprimieron los Manifiestos No. 1 y 2 del Movimiento 26 de Julio. Aún funciona y salen de él reproducciones de los grabados de Posada, ya reconocidos en la historia del arte mexicano.

Todo es amor por Cuba allí, todo evocación sentida. Termina la mañana de domingo y los anfitriones, como gesto y sorpresa, buscan en el mercado tortillas de huitlacoche y las brindan a quien quiere probar su sabor y sentir su aroma, pues María Antonia, la cubana de Emparan 49, recuerda que Fidel las prefería como reconociendo en estas, lo auténtico mexicano, preparadas al calor de una costumbre antigua por manos indígenas.

(Crónica originalmente publicada en el diario Juventud Rebelde, 2004).

Ilustración: Isis de Lázaro.

Foto del avatar
Katiuska Blanco Castiñeira
Katiuska Blanco Castiñeira (La Habana, 1964). Periodista y ensayista. Fue corresponsal de guerra en Angola y redactora del diario Granma durante más de diez años. Es autora de libros como Ángel, la raíz gallega de Fidel, Fidel Castro Ruz, guerrillero del tiempo. Conversaciones con el líder histórico de la Revolución Cubana, y Todo el tiempo de los cedros. Paisaje familiar de Fidel Castro Ruz.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Share via
Copy link
Powered by Social Snap