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COLUMNISTAS

Opción cero

El 26 de julio de 2010, en el pequeño teatro del Memorial José Martí de La Habana, un Fidel Castro convaleciente de varias operaciones y vestido de verde olivo avanzó por el pasillo mientras saludaba a quienes estaban en los asientos cercanos. A la compañera sentada a mi lado le dijo con complicidad: “Ahí está Rosa Miriam… ¿Sabes que ella un día me preguntó si íbamos a sobrevivir al Periodo Especial?”

Él acababa de recordar una tarde de 1990, 20 años antes, cuando me tocó reportar, como periodista recién graduada, un acto rutinario en el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), al que de pronto llegó Fidel. Por más de cuatro horas explicó lo que viviríamos los cubanos tras la desaparición de la URSS, momento histórico que fue llamado Periodo Especial porque, diría entonces el comandante en jefe, “nadie sabe qué tipo de problemas en el orden práctico pueden sobrevenir”.

Cuba llegó a perder un tercio del producto interno bruto entre 1991 y 1994, y el bloqueo estadunidense se recrudeció de manera oportunista, primero con el republicano George Bush (padre) y luego con el demócrata Bill Clinton. Entre todas las privaciones que padecimos, quizá la más dura fue la epidemia de neuropatía asociada a una caída brusca de la ingesta de alimentos: de casi 4 mil calorías diarias se pasó a poco más de mil. El hambre real, cotidiana, dejó secuelas físicas y sicológicas en millones de cubanos que todavía perduran.

Pero en el CIGB, aquella tarde de 1990, fue la primera vez que el líder cubano describió con lujo de detalles las duras restricciones económicas que venían y se habló en Cuba de la Opción Cero. Fidel, que siempre iba con la verdad por delante, fue tan gráfico —ollas colectivas, bicicletas y carretones como única posibilidad de transporte, apagones, alimentos racionados más que de costumbre—, que todos nos quedamos en shock. Y cuando terminó de hablar y se acercó a los periodistas, me salió del alma una pregunta exaltada: “¿Usted cree realmente que sobreviviremos?”

Volvió a explicar que la Opción Cero era el plan de contingencia del gobierno revolucionario para el momento del bloqueo total del exterior y, por tanto, la falta absoluta de petróleo en el país. Se diseñó una estrategia para ese escenario y se organizó cada eslabón de la sociedad para mantener un mínimo de actividad económica, así como los centros de educación y salud vitales, con previsiones para una situación aún peor: la de una agresión militar. Se entrenaría al pueblo, incluso, para sobrevivir sin agua y energía eléctrica durante muchos días.

Recuerdo la paciencia con que Fidel explicó que aquel plan no era una consigna propagandística, sino un instrumento de planificación defensiva. Preparaba sicológicamente al país para un escenario límite, enviaba la señal de que el Estado se organizaba incluso para el peor desenlace y expresaba una voluntad explícita de no capitular, aun en condiciones materiales extremas.

En una conferencia de prensa reciente, el presidente Miguel Díaz-Canel afirmó que los protocolos de supervivencia nacional concebidos en los años más duros del Periodo Especial no sólo existen, sino que han sido revisados, modernizados y están listos para activarse si fuera necesario. En los años 90, Cuba enfrentó una caída súbita sin “manual”, mientras hoy encara una crisis severa con más experiencia, más herramientas para resistir la escasez y algunas capacidades tecnológicas y sectoriales —incluido cierto crudo nacional— que permiten resistir con mayor elasticidad, aunque el punto débil siga siendo el mismo núcleo: energía, divisas e importaciones.

Y a eso se suma que las sanciones y amenazas de Trump han unido al país. Cuando las amenazas explícitas se tornan tan visibles en sus efectos cotidianos, dejan menos espacio para la idea de que “todo es relato” y pasan a operar como cualquier otra pedagogía de la violencia. El acoso y el dolor despiertan el instinto de supervivencia, generan más solidaridad, fortalecen la tolerancia social a medidas extremas y afirman el sentido común de que una disputa como ésta no es sólo doméstica, sino geopolítica y coercitiva. Ver a Donald Trump, a Marco Rubio y a los congresistas de Miami celebrar el daño que hacen, mientras gritan “cero petróleo, cero remesas, cero envíos de alimentos y medicinas”, ha indignado en Cuba hasta a las piedras.

Pero no calculan los poderes de la historia. Después de que le hice la pregunta a Fidel en Biotecnología, él estuvo casi dos horas más explicándome por qué los cubanos saldríamos del Periodo Especial y de la Opción Cero. Cerró con una frase que respondía a aquella pregunta salida del alma: “Sobreviviremos resistiendo, resistiendo y resistiendo. Como otras veces”.

Veinte años después, en el teatro del Memorial José Martí, Fidel terminó su discurso y recorrió de vuelta el pasillo por el que había entrado. Cuando pasó cerca de mi silla, se detuvo un instante: “¿Viste, m’hija, que se pudo resistir?” (Tomado de La Jornada).

Imagen de portada: Foto de Roberto Chile.

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Rosa Miriam Elizalde
Periodista y editora cubana, Doctora en Ciencias de la Comunicación y profesora de la Universidad de La Habana. Columnista del diario La Jornada, de México. Tiene varios libros publicados. Fue fundadora y editora del semanario digital La Jiribilla y del diario on line Cubadebate.

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