
El nuevo espacio del Primer Secretario del Partido y Presidente Miguel Díaz-Canel en Radio Rebelde apuesta por trasladar a la radio preguntas, preocupaciones y debates que atraviesan la vida cotidiana del país. Más que una comparecencia tradicional, el programa intenta construir una dinámica de conversación directa con la ciudadanía.
Hay una diferencia sustancial entre hablarle a la gente y conversar con ella. Sobre esa frontera pretende moverse Criterio Compartido, el nuevo programa de Radio Rebelde protagonizado por el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.
El espacio comenzó sus transmisiones el miércoles 23 de septiembre y fue concebido con frecuencia quincenal. La periodista Bárbara Betancourt comparte la conducción con Díaz-Canel en un formato que incorpora preguntas de la población, llamadas telefónicas, opiniones y asuntos trasladados desde diferentes puntos del país.
Desde su propio nombre, el programa adelanta una intención: que el criterio no circule en una sola dirección.
«Un tiempo de radio […] para construir consensos y aportar desde la participación ciudadana», lo presentó Radio Rebelde en el inicio de su primera emisión. Díaz-Canel resumió entonces el propósito de la conversación alrededor de tres dimensiones: «la Cuba que tenemos, la Cuba que queremos y […] lo que tenemos que hacer todos para conseguirlo».
Ese planteamiento determina también su arquitectura comunicativa. No se trata únicamente de que el Presidente explique decisiones gubernamentales, sino de colocar esas decisiones frente a interrogantes concretas procedentes de la sociedad.
En su estreno, Criterio Compartido abordó las transformaciones económicas y sociales que se desarrollan en el país. Producción, precios, mercado, actores económicos, pensiones, energía y orientación socialista de las reformas aparecieron entre los asuntos tratados. La emisión incorporó además llamadas y opiniones de ciudadanos, algunas de ellas críticas o preocupadas por los efectos concretos de las medidas.
Ahí reside probablemente uno de los rasgos que pueden definir al programa en adelante: trasladar al estudio de radio preguntas que existen fuera de él.
La radio como espacio de conversación

La elección de la radio tampoco parece accidental.
Frente al ritmo fragmentario de las redes sociales, el medio conserva una cualidad particularmente útil para este tipo de comunicación: permite desarrollar una idea, escuchar un argumento completo y regresar sobre una pregunta. Al mismo tiempo, mantiene una relación histórica de proximidad con públicos muy diversos dentro de Cuba.
Criterio Compartido recupera esa capacidad de la radio, pero intenta insertarla en un ecosistema comunicacional mucho más amplio. El programa no termina cuando se apagan los micrófonos del estudio. Sus contenidos pueden circular posteriormente como podcast, cortes de audio, videos, fragmentos para redes sociales y materiales informativos.
El programa nace, por tanto, como producto radiofónico, pero tiene potencial para funcionar como una plataforma de contenidos.
En ese sentido, su verdadero alcance no debería medirse únicamente por la audiencia de cada emisión, sino también por la capacidad de las conversaciones que allí se produzcan para continuar circulando y generando debate fuera del horario de transmisión.
Díaz-Canel ante las preguntas
El formato coloca además al Presidente en una posición comunicacional diferente a la de un discurso, una intervención institucional o una entrevista convencional.
Aquí tiene que escuchar.
Tiene que responder a preocupaciones formuladas desde experiencias concretas y explicar políticas públicas en términos comprensibles para quien pregunta qué efecto tendrán sobre su salario, su pensión, los precios, la producción de alimentos o los servicios que recibe.
Durante la primera emisión, Díaz-Canel defendió la necesidad de incrementar la producción nacional y explicó que las transformaciones económicas buscan aprovechar las capacidades de empresas estatales, cooperativas, mipymes, trabajadores por cuenta propia, inversión extranjera y otras formas de asociación. También insistió en que esos cambios forman parte de la actualización del modelo socialista cubano.
Pero probablemente el interés periodístico futuro del programa estará tanto en las respuestas como en las preguntas.
La ciudadanía puede convertir cada emisión en una fotografía parcial de sus preocupaciones. Qué asuntos se repiten, cuáles provocan mayor cantidad de llamadas, qué explicaciones generan nuevas interrogantes y qué problemas pasan de una emisión a otra son también indicadores de la conversación pública nacional.
De explicar a dar seguimiento
Ese será, precisamente, uno de los principales desafíos de Criterio Compartido.
La comunicación pública contemporánea ya no se satisface únicamente con explicar una decisión. Demanda también seguimiento.
Cuando un ciudadano plantea un problema concreto, la conversación gana credibilidad si después puede conocerse qué ocurrió con ese planteamiento. Cuando una institución asume un compromiso, resulta relevante regresar semanas después y comprobar su ejecución. Y cuando una pregunta no puede responderse inmediatamente, puede convertirse en punto de partida de una investigación para emisiones posteriores.
El propio estreno dejó planteamientos que dieron lugar posteriormente a discusión pública acerca de cuáles habían recibido respuesta directa durante la emisión. Ese debate muestra precisamente una de las exigencias que acompañará al formato: cuanto mayor sea su promesa de participación, mayor será también la expectativa de trazabilidad de las preguntas recibidas.
«Cada voz en Cuba importa»
El idea asociada al espacio —«Cada voz en Cuba importa»— establece una vara alta.
Convertir esa declaración en una práctica sostenida dependerá de la pluralidad de preguntas que lleguen al programa, de la posibilidad de abordar asuntos incómodos, de la calidad de las respuestas y, sobre todo, de la capacidad para conectar la conversación radiofónica con soluciones, explicaciones y seguimiento institucional.
Criterio Compartido apenas comienza. Su primera emisión permitió definir algunos de sus códigos: conversación, preguntas ciudadanas, explicación de políticas y voluntad de acercar al Presidente a preocupaciones concretas de la población. Ahora tendrá que construir algo más difícil: una relación estable con su audiencia.
Porque en un espacio de estas características el principal capital no será solamente lo que diga quien está frente al micrófono.
Será también lo que pueda preguntar quien está al otro lado.
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