Entre las celebraciones por la vuelta 100 de Fidel al sol, está este libro. La artillería pesada, cuarto título de la serie Los privilegiados del tiempo, que los colegas Irma Cáceres Pérez y Ovidio Cabrera García han realizado con la Editorial En Vivo, esta vez han contado con la colaboración de otro colega: Yoerky Sánchez Cuéllar.
La serie Los privilegiados del tiempo ha recogido los testimonios de profesionales de los medios comunicacionales que a partir de su labor acumularon experiencias inolvidables de y con Fidel, que marcaron sus vidas para siempre.
La artillería pesada, con prólogo de Ricardo Ronquillo Bello, presidente de la UPEC, reúne recuerdos, anécdotas, gratitudes de 32 periodistas de la prensa impresa, revistas y agencias noticiosa, entre los cuales tengo el honor de estar.
Como en los anteriores títulos de la serie, este tiene el encanto de lo vivencial, de lo emotivo, de esas sensaciones y lecciones que no se hicieron evidentes en la información, el reportaje o la entrevista, pero fueron el sustento del cariño y respeto que Fidel se ganó por su manera humana de relacionarse en los planos más cercanos. Fidel siempre tuvo vocación periodística, los testimoniantes lo tienen presente como el gran colega, el gran comunicador que sabía reconocer al gremio, señalar un error, felicitar o saber hacer con un saludo, una broma o una solicitud, de manera que tenía en cuenta lo vital que resulta la buena comunicación con los lectores.
La artillería pesada, como libro es una obra sobria, pero eficazmente conseguida en sus atractivos visuales, que comienza con esa muy buena foto de Juvenal Balán en la cubierta y se completa con la edición de Ilain de la Fuente, la corrección de Lucía Magda Dot y el diseño de cubierta y emplane de Damaris Rodríguez.
Me ajusté a las cinco cuartillas que me pidieron como participante, pero quedaron tantos asuntos que contar, como seguro les ocurrió a los otros colegas, pero fue una propuesta que me sedujo. Y si se hicieran otros títulos con los testimonios de anónimos que tuvieron el privilegio de acompañarlo, tener una conversación con él, un encuentro. Hasta se podría hacer una convocatoria: El Fidel que recuerdo, y así recoger el testimonio de toda esa gente humilde que lo apoyó, lo siguió y creció con él como persona, esos invisibles que son los grandes sostenedores de las magnas obras.
Mientras aumenta la memoria sobre Fidel, agradezco ser parte de La artillería pesada que seguro los lectores sabrán apreciar.

